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De qué hablamos cuando hablamos de eficiencia energética

Con la llegada del frío, el consumo consciente de energía es el gran desafío. Consejos para cambiar los hábitos en casa.

1 de Junio de 17 . 14:41hs
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Fermín Koop

Despacito, a tono con la canción del momento, la necesidad de ahorrar energía por motivos económicos y ambientales está empezando a cambiar los hábitos de los argentinos.

Son cada vez más los que incorporan la eficiencia como una variable en su conducta diaria y al momento de comprar o renovar un artefacto eléctrico.

La suba de tarifas en la ciudad de Buenos Aires, luego de casi 10 años sin aumentos, forzó a muchos a cambiar la manera en la que se relacionan con la energía y a entender su verdadero costo.

Mientras que pocos años atrás resultaba insólito pensar en el consumo eléctrico al momento de comprar un electrodoméstico, hoy es cada vez más común revisar cuestiones como la categoría energética del aparato.

“Haber sincerado las tarifas eléctricas a los valores que deberían ser fue un paso muy importante para la eficiencia energética. Ahora, en vez de derrochar energía, el consumidor piensa de qué manera puede ahorrar, sea en hábitos o al comprar un electrodoméstico”, dice, en diálogo con ACONCAGUA, Diego Musolino, co-fundador de la Fundación Energizar.

Tanto en casa como en el trabajo, los hábitos personales inciden directamente en el consumo de luz y gas. A nivel individual muchas veces no queda claro el impacto, pero al multiplicar las acciones por el número de personas que realizan el cambio de hábito, los resultados son bastante significativos.

Veamos: si un hogar “tipo” consume 300 kilovatios hora (kWh) de energía por mes con aparatos de 10 años de antigüedad, la suma puede caer a sólo 147 kWh si los principales artefactos se reemplazan por opciones nuevas de alta eficiencia.

O sea, se consiguen los mismos usos y prestaciones, con menos de la mitad del gasto, de acuerdo a un informe del Ministerio de Energía de la Nación.

Por eso, al momento de elegir un artefacto eléctrico, el etiquetado energético cobra un rol fundamental, permitiendo conocer de manera rápida los valores de consumo de energía.

Existen siete categorías de eficiencia, identificadas con barras de colores y letras en orden alfabético; desde el color verde y letra A para los equipos más eficientes, hasta el color rojo y la letra G para los menos eficientes.

La calefacción representa el 43% de consumo de energía en una casa tipo

Sin embargo, convertir el propio hogar en “electroeficiente” requiere una inversión que no está al alcance de todos los bolsillos.

Sólo un aire acondicionado chico, una heladera, un lavarropas, un televisor y algunas lamparitas suman al menos 45.000 pesos, si se eligen los modelos que encabezan los rankings de eficiencia del sitio Topten Argentina de la Fundación Vida Silvestre.

La calefacción encabeza con 43% el ranking de consumo de energía (electricidad y gas) en una casa tipo, seguido por agua caliente sanitaria (17%), piloto de estufas y termotanques (11%), cocción de alimentos (9%), uso de heladera (8%%), refrigeración (4%) e iluminación (2%), de acuerdo a cifras del Ministerio de Energía.

Es por eso que buscar alternativas más eficientes para mantener la temperatura adecuada está en el tope de prioridades. Por ejemplo, al elegir un sistema de calefacción, un aire acondicionado frío-calor clasificado con etiqueta A (la más eficiente) es la opción más recomendada: consume cuatro veces menos que una estufa de tiro balanceado.

Pero reemplazar estufas o caloventores ineficientes no es suficiente. Las pérdidas de calor son el principal enemigo de una calefacción eficiente, por lo que se debe asegurar el correcto cierre de ventanas y cerrar las cortinas y persianas por la noche.

Según los expertos, una temperatura de 20°C es suficiente para mantener el ambiente en condiciones confortables en invierno.

“Lo que se conoce como el ‘chiflete’ de frío es en realidad una cantidad enorme de aire frío que entra al hogar cuando las ventanas o las puertas no están cerradas herméticamente. Entonces, primero, se deben poner burletes y, después, abrigarse y no pretender estar vestido como en verano dentro del hogar,” asegura a ACONCAGUA Carlos Tanides, responsable del programa de Ambiente y Energía de la Fundación Vida Silvestre.

Precisamente, el presidente Mauricio Macri criticó esa costumbre tan argentina de pasearse en paños menores en el interior de la casa en pleno invierno. “Cuando se encuentren en su casa en invierno y vean que están en remera o en patas, es que están consumiendo energía de más”, sostuvo públicamente el invierno pasado.

El comentario le valió diversas críticas pero puso en la agenda la necesidad de cambiar los hábitos de consumo energético tras una década de tarifas congeladas.

En la cocina, los populares hornos eléctricos consumen mucho calor y por lo tanto mucha electricidad. Por eso, vale la pena balancear su uso con la cocina tradicional a gas.

La heladera es uno de los artefactos eléctricos que más energía consume en una casa ya que su uso es constante. Sin embargo, se puede optimizar al tener los burletes en buen estado y descongelarla regularmente.

Calentar agua también requiere de energía y mucha. Un calefón consume la mitad que un termotanque, de acuerdo a Vida Silvestre, una de las organizaciones que resalta hace años el problema que supone que los artefactos no tengan piloto.

Al pensar en hábitos, se aconsejan las duchas cortas y lavar los platos con poca agua, lo que lleva a usar menos energía para calentar el agua.

Además, los equipos electrónicos como televisores y computadoras son grandes responsables del consumo de energía de un hogar.

Se calcula que casi un 15% del consumo se produce por aparatos conectados en modo stand by. Por eso, para ahorrar energía, se recomienda enchufar estos artefactos a una zapatilla para así poder conectarlos y desconectarlos con facilidad.

Los equipos portátiles consumen mucho menos que los de escritorio, ya que en su diseño influye el consumo energético debido a que este impacta en la duración de la batería. La pantalla de la computadora es el elemento que más energía consume.

“La heladera es uno de los electrodomésticos que más consume energía y por eso conviene no abrirla mucho. Lo mismo ocurre con el lavarropas y para eso la manera más eficiente de usarlo es llenarlo hasta su capacidad máxima. En el caso de la computadora, si no la usamos, la mejor opción es apagarla completamente o al menos la pantalla para ahorrar energía”, considera Tanides.

Un 15% del consumo se produce por aparatos conectados en modo stand by

Hablar de transporte también es hablar de eficiencia. El vehículo privado supone casi el 37% del consumo energético en el sector transporte terrestre, cifra que se incrementa al 60% en los desplazamientos cortos en la ciudad.

Mientras que en Chile y Uruguay los autos son etiquetados por su eficiencia, en Argentina todavía no se implementó esa medida, pedida a gritos por los especialistas.

Es por eso que cuando haya que realizar viajes cortos en ciudad, los expertos recomiendan que lo mejor es hacerlo caminando, en bicicleta o en transporte público.

 Una casa eficiente

El consumo eficiente de energía puede empezar mucho antes de comprar un electrodoméstico. Hacer mejoras en el hogar puede suponer un salto de calidad, tanto para el bolsillo como para el estilo de vida.

Las viviendas se parecen más a un coladero que a una fortaleza. Las ventanas pueden causar la pérdida de hasta un 30% de la energía del hogar y las paredes 25%.

Sin embargo, no es algo muy tenido en cuenta a la hora de construir. De hecho, no son pocos los departamentos con calefacción central, en los cuales los propietarios regulan la temperatura abriendo las ventanas.

“No tomamos dimensión del rol del peso que pueden tener un edificio una casa mal construida en el consumo de energía. Se pueden hacer muchas mejoras y eso hace una gran diferencia”, dice, en diálogo con ACONCAGUA, María José Leveratto, arquitecta de Edificios Verdes, un estudio especialista en construcción sustentable.

Y agrega: “Hay leyes que obligan a construir de manera eficiente pero es algo que ni los arquitectos ni los dueños de los hogares respetan”.

Trabajar sobre las aberturas es lo más sencillo y eficaz al tratarse de una inversión moderada y con resultados inmediatos.

Se recomienda instalar doble vidrio en las ventanas y elegir vidrios que eviten que se pierda el calor pero que permitan a la vez la entrada de la luz.

Tampoco hay que olvidarse de aislar la caja de las persianas. De tener ventanas antiguas de madera y no querer sustituirlas, se pueden usar burletes para mejorar su aislamiento.

Al mismo tiempo, instalar placas de aislamiento térmico, de lana de roca o poliestireno extruido en las paredes interiores de la casa permite reducir las pérdidas de calor de las viviendas y ahorrar en calefacción.

La consecuencia negativa es que se pierde espacio al hacerlo. De hacer una reforma más grande, también se puede aislar la fachada.

Depende de cada uno aceptar el desafío energético

Al construir de cero, existen múltiples alternativas como utilizar aleros en los edificios, aprovechar la iluminación natural, elegir colores claros al momento de pintar y, por supuesto, incorporar energía renovable.

Los termotanques solares permiten un ahorro de entre 30 y 70% en las facturas, mientras que los paneles solares con batería ya pueden asegurar energía en todo momento.

“Calefaccionar los hogares con el sol es muy bueno y factible. Tenemos que empezar a incorporar la energía solar térmica a los edificios y las casas. La fotovoltáica es más cara y compleja al todavía no estar permitida la conexión a la red, pero son tecnologías con mucho potencial de ahorro”, concluye Leveratto.

El invierno está llegando. Depende de cada uno aceptar el desafío energético y cambiar los hábitos de consumo. ^^^

Domingo

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