Agustina de Alba o la democratización del vino argentino

La joven sommelier derriba mitos de la industria vitivinícola y comparte con frescura los secretos del vino a las nuevas generaciones.

26 de octubre de 18 . 13:19hs
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Melisa Tassano

Con una mirada que rejuvenece a la cultura del vino desde las bases, la sommelier Agustina de Alba sacude a la refinada industria vitivinícola a cada paso que da.

Talleres que son furor y convocan a inexpertos, amateurs, fanáticos y ¡hasta a famosos!; columnas de radio y televisión; presentaciones en teatro; y, en poco tiempo su primer libro, son las herramientas de esta divulgadora del buen beber que estira y supera sus propios límites.

Agustina cuenta que llegó al vino casi de casualidad, desde muy chica: en los primeros sorbos con soda, de la mano de su abuelo.

Aunque el viaje iniciático fue a los 15 años, en un viaje a Mendoza: “Mi papá me propuso un viaje y elegí esa ciudad porque me gustaba un chico en el colegio y supe que iba a viajar hacia allá. De casualidad me terminé encontrando con el vino”, comenta la sommelier en una charla con ACONCAGUA.

Ademas de una de las mejores sommeliers del país, De Alba es, ante todo, una divulgadora del buen vino. | FOTO: @agustinomercado

Porque sí, como quien no quiere la cosa, Agustina conoció durante se viaje a tierras cuyanas el Museo del vino de Felipe Rutini y se enamoró a primera vista.

Desde entonces, tuvo la conciencia de saber que, sin importar el camino, su vida estaría ligada al vino.

Apenas pudo se anotó en la Escuela Argentina de Sommeliers, donde era más común encontrar a un cincuentón con ganas de armar su propia cava que a una chica joven y apasionada.

A veces el vino se siente y no basta con explicarlo

Arrancó con dudas, porque “a veces el vino se siente y no basta con explicarlo”, pero, con mucho esfuerzo y plenamente enfocada en su vocación, se recibió, Matrícula de Honor en mano, con apenas 19 años. La aventura recién comenzaba.

La relación entre Agustina y la bebida de Baco fue mutando, en una búsqueda por amoldar la técnica y forjar su identidad: “Al principio de mi carrera, priorizaba ser la mejor para los demás, pero no para mí. Los primeros años estuve enfocada en el check list del sommelier, en el protocolo; sentía que de esa manera iba a pertenecer a un mundo en el que percibría como un mundo de grandes, de gente seria”, comenta Agustina, quien en 2012 fue elegida la mejor sommelier del país por la Asociación Argentina de Sommeliers (AAS).

Después de haber vivido un año en Londres, trabajando en el restaurante Gaucho, y en África, para el prestigioso chef Alain Ducasse, y de conectarse con otras culturas, De Alba comenzó a sentir que tenía otras ideas, otros sueños: “Mi inspiración siempre fue la gente, sus inquietudes”, explica la chica de nariz privilegiada.

Hoy, con 30 años, Agustina le cierra –al menos por el momento– las puertas a más experiencias internacionales en las grandes bodegas: “En los últimos años me ofrecieron mucho trabajo afuera, pero nunca me iría. Estoy acá para comunicar”, asegura con firmeza.

Puerta de entrada

En una industria en la que los conocedores a veces son reacios a compartir sus experiencias, Agustina busca respuestas caminado desde elegantes vinotecas hasta la góndola del chino del barrio.

Y, al toparse con muchas dudas por parte de gente joven, sobre todo a la hora de plantear un acercamiento inicial al vino, descubrió que hacia allí se dirigiría su pasión: “Se acercaban con miedo, como si el vino fuera para pocos”, comenta.

Los jóvenes tienen menos prejuicios y están abiertos a descubrir nuevos vinos

“Empecé a notar que había preguntas que se repetían y arranqué a formar mi propio camino, que me permite ser yo. Pude escuchar y nutrirme de un montón de gente que quiere conocer el mundo vino y no sabe por dónde empezar”, continúa.

Así nació Hola Vino, un ciclo de talleres didácticos que es furor en Buenos Aires, y que ahora también se federaliza con ediciones especiales en el interior del país -Mar del Plata, Córdoba y Rosario ya pudieron disfrutarlos- que resuenan, y mucho, las en redes sociales.

Agustina derriba prejuicios sobre el vino y lo acerca a las nuevas generaciones.

“Primero venía gente de entre 30 y 40 años, pero, ahora me topo con gente de 20 a 65 años, el abanico crece cada vez más y todos están de igual a igual”, cuenta, entusiasmada, sobre tus talleres.

Consultada sobre el tipo de consumidor de vino actual, la sommelier comenta: “No creo que el público haya mutado, pero sí me parece que cada vez más gente se anima a acercarse, el vino es nuestra bebida nacional, hoy y siempre, y yo trabajo para eso, para que cada vez seamos más”.

Y agrega: “Los jóvenes tienen menos prejuicios. El argentino es muy de casarse con las cosas, pero los más chicos están abiertos a probar productores, orígenes. Nuestro país está en un punto de quiebre increíble en este sentido”.

Y tiene razón: cada vez más estilos, mayor cantidad de productores, más variedad y zonas más abarcativas alcanzan a la industria vitivinícola argentina.

Sommelier multiplataforma

En el mundo del vino hoy el foco parece puesto en sentar las bases para mejorar la experiencia del consumidor. Y, si de esto se trata, la sommelier y comunicadora , está decidida a ayudar con consejos y herramientas para que cada persona pueda acercarse a su vino ideal.

Hoy la sommelier gira con su taller Hola Vino por el interior el país.

Su próximo paso, adelanta, es volcar sus experiencias en un libro que saldrá a la luz en marzo del año que viene: “El libro nace después de los talleres Hola Vino. Una amiga me acompañó durante el año y, como cada taller desarrolla una temática distinta, éstas se convirtieron en las unidades del libro. El texto se completó con la voz de la gente, con sus preguntas”.

[Leé más: De qué hablamos cuando hablamos de Malbec]

Pero eso no es todo, por estos días afina los detalles para estrenar su primer monólogo, de cuarenta minutos, que saldrá a la luz en diciembre en el teatro Picadero de Buenos Aires. “Al finalizar, habrá una feria de vinos con 50 vinos por copa para probar”, agrega.

De su mano, el vino argentino se revitaliza y deja de ser un arte para pocos. “Primero conocí el vino y luego me conocí a mí”, concluye De Alba.

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