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Quién es el “arquitecto de los pobres” que quiere integrar la Villa 31 a Buenos Aires

Ganador del equivalente al Premio Nobel en arquitectura, el chileno ideó un audaz edificio-puente para acabar con décadas de segregación.

1 de noviembre de 18 . 13:03hs
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Manuel Torino

Aunque podría, Alejandro Aravena –arquitecto chileno, ganador del premio Pritzker, el equivalente al Nobel de arquitectura– no construye lujosos rascacielos en Dubai ni museos para filántropos millonarios en Nueva York.

Su fuente de inspiración, reconoce, está en los márgenes, en las villas y favelas de América latina. De hecho, sus innovadores proyectos de viviendas sociales en las zonas más postergadas de Chile y su trabajo en la reconstrucción del país trasandino tras el terremoto de 2010, le valieron el mote de “el arquitecto de los pobres”.

Referente global de desarrollo urbano sustentable, por estos días se enfrenta a unos de los desafíos más osados de su brillante carrera profesional: diseñar la sede del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en pleno Barrio 31, el asentamiento más emblemático de Buenos Aires.

El chileno es reconocido mundialmente por su visión sustentable del desarrollo urbano.

Se trata de un revolucionario edificio-puente que conectará al barrio con el Parque Thays, el Centro de Exposiciones y Convenciones y la estación Facultad de Derecho de la Línea H, gracias a una cubierta peatonal que sumará 6.000 metros cuadrados de espacios verdes.

La sede del BID, que será la segunda más importante del organismo luego de su casa central en Washington, tendrá 3800 m2 de oficinas y atravesará las vías del tren, una verdadera barrera urbana para casi 50.000 habitantes segregados de una ciudad que se acostumbró a darles la espalda.

De paso por Buenos Aires, donde cautivó con su exposición a líderes mundiales durante la Cumbre de Alcaldes Urban 20, el congreso organizado por el gobierno porteño que convocó a intendentes de las principales ciudades del mundo, Aravena habló en exclusiva con ACONCAGUA sobre desarrollo urbano, integración y sustentabilidad.

¿Cuál fue tu primera impresión al enfrentarte con un proyecto tan desafiante?

En un movimiento cargado de un nivel de audacia pocas veces visto, el BID junto al gobierno porteño se preguntó qué pasaría si construyeran las oficinas del banco en el corazón mismo del barrio 31. Esa pregunta no tenía necesariamente la respuesta que finalmente le dimos nosotros, la del edificio-puente. Para ello identificamos cuatro grandes condicionamientos que debíamos afrontar para que el proyecto no terminara siendo otro elefante blanco y para que produjera realmente impacto social.

El revolucionario edificio-puente del BID unirá el Barrio 31 con el resto de la ciudad.

¿Cuáles eran estas condiciones?

El primero era pensar un edificio de una altura superior a la media del barrio, para proveer de buena luz y aire a las oficinas. El segundo era sumar nuevos espacios verdes, una de las grandes falencias de la zona. El tercero era generar calles transitables y seguras para los trabajadores del banco que llegaran en auto. Y por último, idear una conexión peatonal con la nueva estación de subte de Facultad de Derecho. Pero dentro de todo, la idea del BID de construir adentro del barrio 31 seguía siendo arquitectónicamente convencional y no resolvía del todo estos problemas. Fue entonces que nos preguntamos: ¿qué pasa si integramos estos requerimientos en una solo edificio? ¿Puede el mismo banco ser la conexión y la respuesta a estas oportunidades?

¿Cómo lograste convencer al Gobierno porteño de la viabilidad de semejante propuesta? 

El recurso más escaso en el desarrollo urbano no es el dinero; es la coordinación entre las distintas áreas de gobierno. Fue un desafío de síntesis y afortunadamente está avanzando muy bien. Habitualmente en las grandes ciudades, este hubiera sido un proyecto multisectorial, con intervención de las áreas de transporte, infraestructura, espacio público, etc. En cambio, esta operación es todo a la vez.

La obra sumará 6.000 de espacios verdes a la ciudad de Buenos Aires.

La integración del barrio 31 a la ciudad es una cuente pendiente que suele ser motivo de debate entre los porteños. ¿Qué reacción percibiste de la sociedad? 

Sinceramente, por lo que pude leer en los medios y en las redes sociales, me impresionó la resistencia por parte del resto de la ciudadanía. Muchos se preguntaban por qué darle beneficios a gente fuera del sistema si no pagan impuestos como el resto. Eso me parece negar el problema, ocultarlo. Como si al no reconocerlo fuera a resolverse solo. Y eso un error básico, porque si no haces nada se generar todo tipo de problemas.

¿Por ejemplo?

Por ejemplo, problemas sanitarios: sin servicios básicos, en los asentamientos más pobres se incuban enfermedades que el resto del país virtualmente no existen. Lo mismo aplica para la criminalidad o el narcotráfico. La evidencia muestra es es muy mal negocio negar el problema.

[Leé más: Arquitectura sustentable: un regreso a la eficiencia y la armonía]

Otra idea que sigue esa línea negadora es la propuesta de trasladar los asentamientos a zonas menos caras en los suburbios… 

Exacto. Muchos piensan que hay que sacarlos de la mejor locación de la ciudad y mudarlos a la periferia. Y que eso resuelve el problema. Pues bien, esa misma política tuvo Chile durante un par de décadas y todavía hoy estamos pagando el costo haber acumulado pobres en la periferia a los que se les negó las oportunidades de la ciudad.

Las viviendas sociales de Quinta Monroy, en Chile, catapultaron a la fama mundial a Aravena.

¿Más allá del proyecto del edificio-puente, sos optimista con respecto al integración del barrio 31 a la ciudad? 

Cada vez que vengo y recorro los pasillos del asentamiento, veo cambios. Hay cada vez más conexiones de agua potable, alcantarillado, calles pavimentadas, iluminación, mejoras en el espacio público… Y creo que cambiará aún más cuando muden el tramo de la autopista Illia y avancen otras obras que forman parte del plan integral del gobierno porteño. Entiendo que es una situación compleja pero considerando esto, creo que todo está ocurriendo a una velocidad bastante notable.

Los problemas no se resuelven ocultándolos

¿Qué crees que hace falta para que la integración sea bidireccional, es decir que el resto de los porteños considere realmente al barrio 31 como parte de la ciudad? 

Ese probablemente es el mayor desafío de todos. Es evidente que en una dirección lo que estás haciendo es romper la barrera de segregación y brindando acceso a oportunidades a mucha gente que vive en pésimas condiciones con tal de estar cerca de oportunidades laborales. Es gente que se banca una mala calidad de vida con tal de que sus hijos puedan ir a un hospital o a un colegio público mejor que el de la periferia o del campo. Es menos evidente que el beneficio de la integración se perciba en la otra dirección. Pero si te pones a pensar, los hay. Por ejemplo, la fuerza de trabajo de gran parte de la ciudad está aquí, enfrente. Otro tema: la huella de carbono que se ahorra por no tener que trasladarse desde los suburbios también es inmensa. Eso habría que agradecerlo. Por supuesto que no niego desafíos como el crimen o el narcotráfico, pero son cuestiones que con la integración deberían comenzar a disolverse. Creo que es un problema complejo que necesita soluciones innovadoras e inéditas.

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  • Fiti . 20:02hs

    En Rosario se hizo algo así, un puente peatonal que separaba barrio Martín y un gran parque con una villa y sirvió para matar el parque y ese barrio x la inseguridad, los robos etc y tenían escape directo a la villa .suena lindo pero se facilitan los robos , realidad pura

Domingo

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