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Cómo es la bóveda del fin del mundo, el banco de semillas de la humanidad

Un almacén subterráneo en el Ártico guarda miles de granos en caso de una catástrofe global.

19 de agosto de 20 . 13:39hs
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María Galarza

Una cápsula del tiempo gigante y repleta de miles de semillas está enterrada a 130 metros de profundidad en el archipiélago noruego de Svalbard, en el medio del Ártico.

Suena a ciencia ficción pero es real.  Se trata de la Cámara Global de Semillas–también conocida como la bóveda del fin del mundo– un proyecto del gobierno noruego apoyado por otros 33 países y entidades mundiales como el Global Crop Diversity Trust para almacenar variedades de semillas únicas en caso de que haya una catástrofe mundial que amenace la extinción de algún cultivo.

La bóveda se encuentra a 1300 kilómetros del Polo Norte.

La bóveda funciona como una suerte de almacén de emergencia con más de 1 millón de tipos de semillas que se mantienen a una temperatura promedio de -18C.

Muchos países como Canadá, Alemania, o Estados Unidos depositaron sus semillas. Hasta Corea del Norte aseguró su lugar en esta misteriosa bóveda subterránea.

El principal objetivo de la gran reserva de semillas es poder preservar la biodiversidad de cultivos que hay en el planeta, generando una copia de seguridad. La construcción es capaz de resistir fenómenos como la actividad volcánica, los terremotos y la radiación.

Las semillas de cultivo están envasadas al vacío y se guardan en diferentes cajas. El sistema es similar al de una caja de seguridad del banco. Cada dueño guarda en la bóveda las semillas que quiere preservar. En el 2015, fue Siria el primer país en sacar casi 130 cajas–un total de 116.000 semillas– porque la ciudad de Aleppo hacía tiempo que no podía suplir sus necesidades con el propio banco de granos.

El banco de semillas del planeta

Si bien una catástrofe mundial con el potencial de acabar con la Tierra es una posibilidad que puede resultar remota, es importante tener en cuenta los cambios y amenazas que está sufriendo nuestro planeta. Prueba de ello es la fulminante aparición del coronavirus.

[Leé más: Biodiversidad, el mejor remedio contra las pandemias]

Según un estudio realizado por EAT, una ONG que se dedica a analizar la alimentación global, si todos los países adoptaran el ritmo de producción de alimentos de los miembros del G20, para el 2050 se necesitarían 7,42 planetas para alimentar a la población.

Sin embargo, el informe también plantea algunas propuestas concretas para reducir el impacto. La llamaron la Planetary Health Diet y hace hincapié en dos puntos importantes: adoptar una dieta que se base mayoritariamente en alimentos de origen vegetal y fomentar prácticas sustentables de agricultura local que reduzcan la huella de carbono.

El futuro de los cultivos

Por su parte, la botánica y ambientalista Esther Meduna, plantea un giro en la manera de cultivar lo que comemos. Invita a apostar por la diversidad genética de las plantas de cara al futuro. En vez de seguir invirtiendo en semillas híbridas de una sola variación de la misma especie –también llamados monocultivos–, propone aprovechar la biodiversidad que nos ofrece la naturaleza.

En la variedad está el gusto, ¿por qué no también en los cultivos?La biodiversidad es una fuente enormes de opciones que es exactamente lo que necesitamos en una era de crisis ambiental.

 

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