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El sueño de navegar con ballenas y delfines (y que te paguen por ello)

La inspiradora historia de esta joven investigadora es un ejemplo de vocación científica.

9 de mayo de 18 . 13:39hs
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Martina Álvarez

Natalia Dellabianca recuerda con exactitud el momento en que decidió qué quería hacer de su vida.

Estaba terminando el secundario mientras miraba un documental en la tele con su hermano cuando descubrió su vocación y le dijo: “Eso es lo que quiero hacer, me quiero subir a un barco a mirar delfines”.

Con el tiempo, logró conciliar la pasión con su trabajo y hoy se gana la vida investigando el océano. Natalia es bióloga, doctora en Ciencias Naturales y actualmente investigadora asistente del CONICET.

Oriunda de Rojas, provincia de Buenos Aires, pero radicada en Tierra del Fuego, se especializa en ecología espacial de cetáceos, antárticos y subantárticos, como por ejemplo ballenas y delfines, para evaluar el efecto del cambio climático sobre ellos.

Natalia en su elemento, el mar argentino. | FOTO: gentileza Sin Azul No Hay Verde.

Su rutina es por lo menos singular: cada semana sale en un barco desde la Patagonia austral hacia alta mar para investigar la distribución y la abundancia de las diferentes especies que habitan en las aguas del fin del mundo.

La inquieta científica cree que su conexión con el mar viene desde antes de haber nacido: de chiquita le encantaba nadar y jugar con las olas. Disfrutaba especialmente del ruido cuando rompen, sonido que hoy todavía le genera una paz absoluta.

“Cuando las olas se retiran, dimensiono la poderosa fuerza que tiene el mar y lo pequeños que somos nosotros”, cuenta desde Tierra del Fuego, su lugar en el mundo.

En la Argentina están registradas más de 30 especies de cetáceos, esto abarca tanto a ballenas como a delfines y a marsopas.

Son animales sociales y carismáticos, pero sobre todo, inteligentes.

“En Argentina existen muchas especies de cetáceos. Algunos están en todas las partes del mundo, como las orcas. Otras, solo en Sudamérica, como la marsopa espinosa. Y también hay especies como las ballenas que están de paso en sus rutas migratorias hacia o desde la Antártida. Un ejemplo sería la ballena Franca, icono en la costa Patagónica porque tiene sus áreas de reproducción en la Península de Valdés.”, explica.

Conservar para siempre

Parte de su inusual trabajo también consiste en trabajar con animales que quedaron varados o fueron capturados incidentalmente en redes de pesca, difícil tarea que aprendió de la mano de la reconocida doctora Natalie Goodall.

Los cetáceos, a nivel mundial se ven amenazados por distintas situaciones como la basura marina, en especial los plásticos; los accidentes con barcos y la pesca incidental, es decir, la captura no intencionada de especies que quedan atrapadas en redes o salen lastimadas por los anzuelos.

La Patagonia Austral es el refugio elegido por miles de cetáceos. | FOTO: Gabriela Scioscia.

“El desafío es lograr convivir todos. Somos parte de la naturaleza y tenemos que regular la manera en que desarrollamos las actividades humanas para no perjudicar al resto de los seres vivos que habitan en el ecosistema”, pide la científica.

Entre sus animales favoritos, desataca a la orca por ser el predador tope por excelencia, a la ballena jorobada por sus cantos, al delfín cruzado “porque es hermoso” y a la marsopa de anteojos por la curiosidad que le despierta.

En Tierra del Fuego se encuentra el Área Marina Protegida Namuncurá – Burwood I, donde se refugia una gran diversidad de vida marina.

Allí habitan distintas especies de corales de agua fría y esponjas que actúan como “ingenieros ecosistémicos” del lugar por que ejercen influencia en la riqueza marina.

 

Un 36% del territorio argentino es mar y menos del 3% se encuentra protegido, resalta Natalia, mientras explica que el delfín franciscana es la especie que presenta mayores problemas de conservación porque, muchas veces, queda atrapado de manera incidental en redes de pesca.

Según la especialista, se trata de “animales que tienen pocas crías, como máximo una por año. Esto hace que sus poblaciones se recuperen lentamente”.

Y agrega, con algo de preocupación: “Si cada año, mueren más de los que nacen, se podría llegar a la extinción de la población”.

El avistaje de orcas también es parte de la tarea científica. | FOTO: Kevin Zaouali

Convencida de que conservar es para siempre, Natalia, apoya la creación de Parques Nacionales Marinos como los futuros Namuncurá-Banco Burdwood II y Yaganes, con el objetivo de que para el 2020 al menos el 10% de nuestro mar esté protegido.

No está sola: junto a ella reconocidos científicos y voluntarios del movimiento Sin Azul No Hay Verde con el objetivo de proteger a los océanos y concientizar a la sociedad sobre su importancia.

Mientras, sigue explorando el mar de la Patagonia austral, el mismo que miraba con su hermano por televisión.

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Domingo

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