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El ambientalista en el tejado: la revolución de los techos verdes

La solución a los problemas ambientales podría estar justo sobre nuestras cabezas.

5 de julio de 19 . 16:50hs
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Manuel Torino

Reducido a escombros, por estos días el demolido Elefante Blanco de Ciudad Oculta le deja lugar a una nueva especie en la fauna porteña: el Elefante Verde. En Villa Lugano avanza la construcción de la nueva sede del Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat porteño con un rasgo distintivo: un gigantesco techo de pasto de 3.000 metros cuadrados cubrirá su terraza.

Si, como proyecta las Naciones Unidas, para 2050 dos de cada tres personas viviremos en grandes ciudades, pensar en nuevas formas de ganar superficies verdes en la jungla de cemento suena como un interesante desafío para los encargados de diseñar las urbes del futuro.

Al respecto, no son pocos los que creen que la respuesta a nuestros problemas ambientales podría estar justo sobre nuestras cabezas.

¿Pero de qué hablamos cuando hablamos de techos verdes? Se trata de tecnologías sustentables que permiten sembrar pasto, vegetales y hasta árboles sobre las membranas de los edificios. Además de sus encantos paisajísticos, estos jardines aéreos son aislantes naturales que combaten el efecto “isla de calor”, ese fenómeno que genera que las temperaturas mínimas sean sensiblemente más altas en el cemento urbano. Y que en verano transpiremos ante la sola idea de tener que ir al Microcentro.

Para 2050 dos de cada tres personas viviremos en grandes ciudades

“Una cubierta verde de 15 centímetros de sustrato es una cámara de aislante térmico, Puede bajar hasta 5 grados la temperatura en verano y retener el calor en invierno”, explica Martín Otero, de Tout Vert, una empresa que se dedica a instalar techos verdes en Buenos Aires.

También retienen hasta un 70% el agua de lluvia, lo que reduce el peligro de inundaciones de calles acostumbradas a postales venecianas en días de tormenta. Y, por supuesto, mejoran la calidad del aire que respiramos, en ciudades donde las emisiones de CO2 superan por mucho los máximos recomendados.

Los expertos pronostican que la primavera de los techos verdes está por llegar en América Latina.

Para Carlos Placitelli, consultor con 20 años de experiencia en bio-construcción, la irrupción de espacios verdes en medio del cemento genera además una mejoría en el estado de ánimo. “Por más que nos empeñemos en negarlo, todos tenemos un vínculo con la naturaleza. Y este se renueva cuando transitamos un espacio verde”.

En la vereda de enfrente, los críticos señalan que todavía es una tecnología cara. Y que quien logre pagarla luego deberá ocuparse de su mantenimiento. Dos argumentos relativamente endebles si consideramos los precios de las tarifas energéticas -un techo verde puede reducir hasta un 30% los gastos en climatización- y si tomamos por válido aquel proverbio chino que reza: “Si querés ser feliz, sé jardinero”.

“El otro gran miedo es que se genere humedad. Pero justamente lo que logra un techo verde es erradicar ese problema, siempre y cuando se usen los materiales adecuados”, agrega Otero.

Rareza frecuente

Como es costumbre en asuntos de diseño, los países nórdicos fueron pioneros en esta tendencia global. Aunque la actual potencia es, por lejos, Alemania: cuenta con más de 100 millones de metros cuadrados de cubiertas verdes, una superficie equivalente a unas 15.000 canchas profesionales de fútbol. ¿Se convertirán en los potreros del siglo XXI?

Mientras tanto, en Buenos Aires, que según las cifras provistas por el gobierno porteño hoy cuenta con apenas 6 m2 de espacio verde por habitante -lejos de los 15 que recomienda la Organización Mundial de la Salud-, las cubiertas verdes se están convirtiendo en una rareza cada vez más frecuente.

Buenos Aires tiene apenas 6 m2 de espacio verde por habitante

Existe un incipiente registro colaborativo de techos inteligentes a cargo de la Agencia de Protección Ambiental pero los especialistas aseguran que los techos “vivos” son varios más. Se los puede detectar en Google Maps: todavía tímidos, los manchones verdes empiezan a florecer en las cúpulas de los edificios y organismos públicos. ¿Qué falta entonces para alcanzar el tipping point, como el escritor canadiense Malcom Gladwell denominó el punto de inflexión a partir del cual se acelera de forma exponencial la adopción de una tecnología?

Los techos verdes ganan terreno en Buenos Aires.

El puñado de jugadores que tiene el mercado local señala que en otras grandes ciudades del mundo los techos verdes se multiplicaron a partir de los incentivos estatales.

“Falta que se genere un beneficio económico, una rebaja en el impuesto inmobiliario para los usuarios que los instalen”, dice Pablo Rosati, director de Green Roof Argentina. Y agrega: “También sería clave que los edificios públicos dieran el ejemplo”.

En Buenos Aires la intención estuvo: en 2013 la Legislatura aprobó la denominada ley de techos verdes, un proyecto del PRO que incentivaba su instalación con una quita de hasta el 20% en tasas y ABL. Curiosamente, seis años más tarde, todavía no está reglamentada.

Sin embargo, ya hay algunos brotes verdes en la jungla de cemento: los nuevos códigos Urbanístico y de Edificación de la ciudad promueven -aunque de forma algo genérica- la construcción sustentable en las cubiertas de los edificios.

Mientras tanto, los optimistas aseguran que sólo es cuestión de tiempo; que la primavera de los techos verdes está por llegar.

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Esta columna fue publicada originalmente en el diario La Nación

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