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Slow fashion: ¿sabés quién hizo tu ropa?

Sin perder glamour, diseñadores y modelos demuestran que se puede ser sustentable y estar a la moda.

7 de Julio de 17 . 13:51hs
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Fermín Koop

Sábado por la tarde. El shopping rebalsa de gente. Las mujeres entran y salen de los probadores, mientras sus parejas esperan pacientes mirando vidrieras. O viceversa.

Sin embargo, ni ellos ni ellas se preguntan qué hay detrás de la remera o el pantalón que compran en el local de una marca reconocida.

Si lo hicieran, descubrirían que estos productos esconden una preocupante huella ambiental y social.

Nylon, poliéster, rayón y muchos otros materiales sintéticos pasan desde su elaboración hasta convertirse en el producto final por diferentes procesos, muchos de ellos contaminantes.

Al mismo tiempo, las tinturas, los broches, los cierres y los accesorios también tiene un impacto ambiental importante.

Es por eso que son cada vez más los diseñadores locales que deciden ofrecer una alternativa sustentable al fast fashion.

Son emprendimientos de triple impacto, ya que desde su esencia buscan generar beneficios económicos, sociales y ambientales.

Este tipo de proyectos, también conocidos como Empresas B por la certificación que reciben, tienen una misión que da sentido a su existencia y rige su actividad y toma de decisiones.

Ya no se trata sólo de fomentar la Responsabilidad Social Empresaria (RSE). Ahora los objetivos ambientales, sociales y económicos coinciden y se desarrollan a la par.

Cada vez más marcas de ropa se convierten en Empresas B. | FOTO: CÚBREME

“El consumo desmedido nos llevó a pensar que tenemos que cambiar nuestra ropa el tiempo. Nos lavaron la cabeza. La industria textil es una de las que mayor daño ambiental y social causa por todos los desperdicios que genera y recursos que usa”, dice, en diálogo con ACONCAGUA, Alejandra Gotelli, diseñadora y creadora de cubreme, una marca de indumentaria con foco sustentable.

Durante casi seis años, Gotelli llevó adelante una investigación acerca de las fibras naturales disponibles en Argentina. Se relacionó con numerosos artesanos y productores de todo el país y poco a poco fue hilando el destino de su nuevo emprendimiento, cuyos valores son la ética comercial, equidad social y el equilibrio ambiental.

Nos llevaron a pensar que tenemos que cambiar nuestra ropa todo el tiempo

Sus colecciones son realizadas con fibras naturales autóctonas como lana de llama y de oveja merino. Las mismas son obtenidas de productores responsables con el cuidado de sus animales, y combinadas con otros materiales como bambú y algodón agroecológico.

La gama de colores de las prendas es fruto de la tonalidad natural de los animales e hilados, ya que no se utiliza ningún tipo de tintura adicional. Además, la producción de la marca se lleva a cabo bajo premisas de comercio justo y con una trazabilidad que permite conocer todo el proceso de cada prenda.

La propuesta es radicalmente opuesta a la de las grandes cadenas de indumentaria: cubreme no trabaja por temporadas sino simplemente por estaciones y por eso las prendas no responden a tendencias pasajeras ni se ven ridículas dentro de seis meses.

Re-evolución

La revolución de la moda consciente de apoco comienza a sumar el apoyo de reconocidos modelos y artistas.

Así es: muchos de los mismos mannequins que modelaban para las marcas de indumentaria globales ahora levantan su voz frente a los abusos del fast fashion. Sin perder glamour, claro.

La actriz Emma Watson prueba a diario cómo la moda sostenible puede ser chic. La británica suele elegir su ropa según sus principios, como cuando lució  un vestido confeccionado con botellas de plástico recicladas a cargo de Nicolas Ghesquière, de  la casa Louis Vuitton.

En Argentina, una de las referentes de esta forma de entender la moda es la multifacética Calu Rivero. Trotamundos, involucrada en distintos proyectos creativos de cine, música y diseño, siempre transmite fuerte y clara su postura ambiental.

En sus apariciones en las redes sociales, la oriunda de Recreo, Catamarca, busca concientizar sobre cómo ser un consumidor de moda más sustentable: usa marcas con diseño eco-friendly, condena el maltrato animal y hasta se anima a promover el lavado a mano para ahorrar agua.

La multifacética Calu Rivero promueve el lavado manual. FOTOS: VMAGAZINE

El interés por el diseño sustentable también compartido por Rocío González y Lorena Núñez. Ambas son las fundadoras de Daravi, una fábrica de triple impacto que hace productos a partir de descartes y abrió en un galpón abandonado en Tigre en 2016.

Las dos emprendedoras trabajan con mujeres en situaciones de vulnerabilidad social que viven en la zona, especialmente, en los barrios humildes de El Garrote y Nueva Esperanza.

“Nos dimos cuenta que para tener un impacto real teníamos que escalar y para eso decidimos potenciarnos trabajando en  conjunto y proyectando una fábrica donde realizar nuestros productos y los de otros. Priorizamos producto simples de realizar con un alto porcentaje de trabajo manual,” dice González.

 Otras empresas nos donan los materiales que no usaron y es un ciclo que se cierra.

Un equipo de diez personas trabaja hoy detrás del proyecto, generando collares a partir de botones de descarte y bolsas reutilizables, entre otros productos. Si bien venden sus diseños a nivel minorista, las ventas están principalmente concentradas a partir de pedidos de terceros como, por ejemplo, regalos corporativos.

“Trabajamos con descartes textiles y plásticos que recibimos como donaciones de otras empresas. Nos dan los materiales que no usaron y es un ciclo que se cierra. Buscamos seguir creciendo todo lo que podamos porque sabemos que escalar el producto significa escalar el impacto positivo que realizamos”, sostiene la emprendedora.

La revolución de la moda incluso tiene su propio día establecido en el calendario. Cada 24 de abril tiene lugar el Fashion Revolution Day, en conmemoración de la tragedia de Savar, Bangladesh, en la que 1.138 personas pedieron la vida al derrumbarse un edificio donde se fabricaba ropa para muchas marcas internacionales.

“La industria de la moda internacional es oscura y ambientalmente dañina. Necesitamos un cambio urgente. Amamos la moda pero no queremos que la gente más pobre del planeta tenga que pagar los costos de nuestra ropa”, sostienen desde la ONG Fashion Revolution.

Su campaña digital va directo al meollo del asunto: promueven que los consumidores pregunten a las grandes marcas en sus feeds de Facebook y Twitter una simple –pero a la vez incómoda– pregunta: “¿Quién hizo mi ropa?”.

El 80% de los trabajadores de la industria textil son mujeres. | FOTO: FASHION REVOLUTION

Aprovechar los descartes para generar un producto fue también el objetivo de Alejandro Malgor, Ezequiel Gatti y Nazareno el Hom, tres amigos de Mendoza que decidieron “dejar de ser espectadores de las problemáticas sociales y ambientales”.

Con ese objetivo en mente fundaron Xinca, un emprendimiento que produce zapatillas a partir de la reutilización de neumáticos.

Queremos redefinir el sentido del éxito empresarial

“Comenzamos a investigar cuáles eran las problemáticas ambientales existentes y encontramos en los neumáticos uno de los residuos que mayor amenaza ambiental representa para la Argentina. No sólo es un daño en el ambiente, también en la salud de las personas”, dice Malgor a ACONCAGUA desde Mendoza.

En Argentina se desechan más de 100.000 toneladas de neumáticos por año. Si se queman, ese humo afecta la salud de las poblaciones aledañas.

Xinca reutiliza el caucho reciclado de neumáticos para fabricar zapatillas, calzado de trabajo y alpargatas, más precisamente, su base y banda. Para la terminación, en la parte superior, se reciclan además retazos de tela de ropa en desuso.

Tres amigos mendocinos demostraron que se pueden hacer productos de calidad reutilizando la basura. | FOTO: XINCA

Además del eje ambiental del proyecto, hay otro elemento de impacto positivo que lo caracteriza: la inclusión social. La elaboración de las zapatillas está a cargo de personas en situación de vulnerabilidad social a fin de darles una oportunidad de empleo profesional.

Así, Xinca capacita hace un año a internos del penal mendocino de San Felipe  para que puedan aprender y desempeñar un oficio.

“Buscamos hacer negocios de una forma diferente y redefinir el sentido del éxito empresarial. Queremos ser algo más que una marca de zapatillas: no nos preocupamos sólo por la rentabilidad, sino por quiénes y cómo hacen nuestros productos. ”, sostiene Malgor. Y concluye: “Demostramos que con la basura se puede hacer un producto de calidad. Nos encantaría que más gente sea consciente de que detrás de cada compra hay un impacto social y ambiental”, concluye Malgor.

Sin perder glamour, el movimiento slow fashion demuestra que se puede ser sustentable y estar a la moda. ^^^

  • Monica Braun . 14:35hs

    buenisiiima esta nota!!!!!!!!!!!!!

Domingo

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