Se espera una firma durante casi dos décadas que marca una página indeleble en la historia del derecho internacional y la protección del medio ambiente. Con la ratificación de Marruecos y Sierra Leona, el 19 de septiembre de 2025 el número mínimo de 60 países necesarios para elentrada en vigor del tratado en la parte superior del mar. Un acuerdo legalmente vinculante que, a partir del 17 de enero de 2026, se extenderá por primera vez Red de protección en esos dos tercios del océano que están más allá de las jurisdicciones nacionales.
Es un momento llamado «un éxito histórico para los océanos y el multilateralismo» de Secretario General de la ONU, Antonio Guterresque llena un enorme vacío regulatorio. Hasta ahora, estas inmensas áreas marinas, equivalentes a aproximadamente el 64% de la superficie del océano, han sido una especie de «tierra de ningún hombre», expuestas a una explotación sin reglas, desde pesca excesiva (Sobrepesca) ai riesgos de nuevas industriascomo elExtracción mineral en aguas profundas.
El Tratado de la Biodiversidad Marina ha alcanzado el requerimiento de las ratificaciones para la entrada en la entrada de la entrada.
La bienvenida este logro histórico para el océano y el multilateralismo.
En dos años, los estados han convertido la intación de compromiso, mostrando lo que es posible cuando las naciones se unen. … pic.twitter.com/ekarpp7i9h
– António Guterres (@antononioGuterres) 19 de septiembre de 2025
¿Qué prevé el tratado?
El acuerdo, formalmente conocido como BBNJ (Biodiversidad más allá de la jurisdicción nacional), es el tercer brazo de implementación de la Convención de las Naciones Unidas sobre la Ley del Mar de 1982. Su corazón latido es la creación de un mecanismo para Establecer áreas marinas protegidas a gran escala. Esta herramienta es esencial para lograr el objetivo global, establecido porAcuerdo de Kunming-Montréalpara proteger al menos el 30% de los océanos para 2030.
Por primera vez, además, la obligación de Realizar una evaluación de impacto ambiental (A través de) para las actividades económicas y humanas planificadas en alta mar, aumentando la transparencia y proporcionando una imagen para mitigar los efectos negativos. Otro pilar es el principio de equidad. El tratado tiene como objetivo corregir las desigualdades históricas, promoviendo una distribución correcta de los beneficios, monetarios y no monetarios, derivados de Recursos genéticos marinos (MONSEÑOR). Estos son organismos marinos con un enorme potencial para la investigación científica y para el desarrollo de nuevas drogas y cosméticos. El acuerdo favorece el desarrollo de habilidades de investigación y la transferencia de tecnología marina a los países en desarrollo.
Un camino todavía cuesta arriba
A pesar del entusiasmo, el camino para la plena efectividad del tratado tiene varios problemas críticos. Algunos observadores subrayan cómo, con el pretexto de la protección, el acuerdo puede organizar un nuevo marco para la explotación de los recursos marinos. Los problemas complejos siguen sin resolverse, como el Definición del estado legal de los recursos genéticos marinos y el Gestión de patentes en organismos vivos.
El mecanismo de toma de decisiones para crear nuevas áreas protegidas también debe coordinarse con una densa red de organizaciones internacionales y regionales existentes, desde el Atlántico hasta la Antártida, un proceso que promete ser complejo. Otro gran desconocido se refiere a los fondos. Aunque un fondo especialsu operación depende de los actos futuros y de la voluntad de los países desarrollados y las entidades privadas para contribuir a usted. La ausencia de grandes potencias como Estados Unidos (que nunca han ratificado la Convención Madre a la derecha del mar), Rusia y China, debido a las tensiones geopolíticas actuales, también podría limitar su alcance.
Italia, junto con la Unión Europea, apoyó activamente el acuerdo. Su entrada en vigor representa un paso decisivo. Sin él, una gran mitad de la superficie de la Tierra permanecería sin control, a merced de los estados con mayores habilidades técnicas y financieras. El camino aún es largo, pero la ruta para una gobernanza global de los océanos finalmente se rastrea.