Barcelona: varios vecinos afirman escuchar vibraciones nocturnas en sus edificios — se abre una investigación

Los relatos se multiplican en varios barrios de la ciudad, con vecinos que aseguran notar un zumbido sordo y unas vibraciones persistentes de madrugada.
En algunas viviendas, el ruido llega a sentirse como un leve temblor que hace “bailar” vasos o cuadros colgados.

“Es un ronroneo profundo, como un motor que no se apaga nunca”, describe María López, residente del Eixample, que lleva tres semanas durmiendo con tapones.
Otros hablan de una especie de latido metálico que aparece entre la 1 y las 4 de la mañana y que termina justo antes del amanecer.

Qué está pasando por la noche

Los testimonios coinciden en la intermitencia del fenómeno, con picos de intensidad y momentos de silencio absoluto.
En edificios antiguos, el fenómeno se amplifica por estructuras rígidas y tuberías, mientras que en bloques más nuevos el efecto se mezcla con sistemas de ventilación.

“Todo se pone a vibrar cuando la ciudad parece más quieta”, comenta José Manuel, vecino de Poblenou, que ha empezado a registrar el sonido con su móvil.
Los audios muestran un zumbido de baja frecuencia, difícil de localizar y muy direccional según la estancia.

Respuesta de las autoridades

El Ayuntamiento ha puesto en marcha una investigación coordinada con técnicos de ruido ambiental y estructuras, para mapear el origen del fenómeno.
“Estamos desplegando sonómetros y geófonos en varios puntos y cruzando datos con servicios municipales”, afirma Jordi Serra, técnico de Medio Ambiente.

La Guardia Urbana y Protección Civil han recibido avisos, aunque no se ha reportado peligro estructural inminente en los edificios.
La prioridad es identificar la fuente y establecer si procede de infraestructura urbana o de actividad privada.

Posibles causas bajo la lupa

Entre las hipótesis exploradas se incluyen fuentes subterráneas y mecánicas de difícil detección por el oído humano.
Los expertos distinguen entre vibración transmitida por suelo y resonancia dentro de los edificios.

Se contemplan escenarios como obras nocturnas de servicios básicos, ciclos de bombas en redes de saneamiento, o compresores industriales mal aislados.
También se investiga la influencia del metro nocturno en pruebas y los cambios de carga en el puerto.

No se descarta el papel de equipos de climatización en azoteas, ni el de data centers con generadores de respaldo.
Por último, la propia mar y los microseísmos pueden generar un fondo vibratorio que ciertos edificios amplifican.

Cómo se está midiendo

Los técnicos emplean sonómetros de clase 1 y geófonos para detectar bajas frecuencias bajo 50 Hz.
Estos instrumentos registran patrones diurnos y nocturnos con mapas de calor temporales y espaciales.

Se realizan pruebas de correlación: si el zumbido coincide con un ciclo de bombas, aparece un patrón repetitivo.
Si responde a viento o tráfico, se ven firmas irregulares y más dependientes de la meteorología.

“Buscamos una huella común, algo que vincule distintas comunidades con una fuente concreta”, explica Serra, que pide paciencia mientras se acumulan datos.
El equipo prevé difundir un parte técnico preliminar en las próximas dos semanas.

Qué pueden hacer los vecinos

Mientras avanza la investigación, las autoridades recomiendan medidas prácticas para minimizar molestias y aportar pruebas útiles:

  • Registrar fechas, horas y duración del fenómeno, indicando estancias y nivel percibido en una escala simple de 0 a 5.
  • Grabar audios con el móvil cerca de paredes, suelos y ventanas, evitando otros ruidos y anotando la habitación.
  • Comprobar y apagar, por ensayo, electrodomésticos y equipos de climatización propios o comunitarios en la franja afectada.
  • Avisar a la comunidad de propietarios para inspección de salas técnicas, bombas y calderas.
  • Compartir la información con el canal municipal habilitado para ruido y vibraciones, adjuntando archivos.

El clima en los barrios

En algunas fincas, la inquietud ha dado paso a una autoorganización vecinal con hojas de registro compartidas.
“Queremos saber si lo nuestro coincide con lo del edificio de al lado”, dice Núria Pardo, presidenta de una asociación vecinal en Sant Martí.

Los técnicos piden evitar bulos y mantener la calma: hasta ahora no hay indicios de riesgo estructural.
“Las vibraciones molestas no son sinónimo de peligro, pero hay que tratarlas con metodología”, insisten desde el colegio de ingenieros.

Lo que viene

El Ayuntamiento habilitará un formulario específico para centralizar casos y mejorar la trazabilidad.
También se planifican inspecciones nocturnas coordinadas con industria y comunidades de propietarios.

Si se identifica una fuente concreta, se aplicarán medidas de mitigación como amortiguadores, encapsulado o cambios de horario.
Si el origen es múltiple, se publicará una guía de buenas prácticas y un plan de monitorización continua.

“Queremos que la gente vuelva a dormir bien y que el ecosistema urbano funcione sin molestar”, concluye un portavoz municipal tras la primera ronda de mediciones.
Hasta entonces, la ciudad escucha, toma nota y busca una explicación que alivie sus madrugadas más intrusas.

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