Pocas relaciones económicas están tan estrechamente entrelazadas como los sistemas agrícolas alimentarios de México y Estados Unidos. México es el mayor socio comercial agrícola de Estados Unidos, mientras que Estados Unidos es, con diferencia, el principal mercado de México. Según el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), Estados Unidos obtiene aproximadamente la mitad de sus frutas y verduras frescas de México, mientras que México importa miles de millones de dólares en maíz, soja, lácteos y carne estadounidenses anualmente.
Estados Unidos representó alrededor del 91% de las exportaciones agrícolas de México en 2024, según el Banco de México y el Servicio Agrícola Exterior del USDA. El comercio bilateral beneficia a ambos países a través de operaciones agrícolas, procesadores de alimentos, redes de transporte por carretera, operadores portuarios y empleos rurales a cada lado de la frontera.
Durante décadas, el comercio libre de aranceles bajo el Acuerdo entre Estados Unidos, México y Canadá (T-MEC) proporcionó previsibilidad. Sin embargo, esa certeza ahora está siendo puesta a prueba por aranceles, revocaciones legales y disputas comerciales emergentes.
El shock arancelario de 2025
Las tensiones comerciales aumentaron el 1 de febrero de 2025, cuando el presidente estadounidense, Donald Trump, firmó órdenes ejecutivas que imponían aranceles del 25% a las importaciones procedentes de México y Canadá. La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, anunció posibles aranceles de represalia y medidas no arancelarias sobre productos estadounidenses.
Los aranceles entraron oficialmente en vigor el 4 de marzo de 2025, aunque se concedieron exenciones parciales para los productos que cumplen con el T-MEC. A mediados de 2025, aproximadamente el 84% del comercio entre México y Estados Unidos seguía libre de aranceles según las normas del T-MEC, según datos comerciales de Estados Unidos.
Sin embargo, los derechos sectoriales tuvieron consecuencias más dramáticas. En julio de 2025, Estados Unidos impuso un arancel del 17% a la mayoría de los tomates mexicanos frescos después de que las negociaciones no lograron renovar un acuerdo de larga data. México abastece aproximadamente el 70% del mercado de tomate fresco de Estados Unidos. El arancel provocó conmociones en regiones agrícolas como Sinaloa y Baja California, afectando no sólo a agricultores y exportadores, sino también a empacadoras, empresas de transporte y mercados laborales locales.
La onda expansiva de los aranceles se extendió a los costos de los insumos y a las decisiones de producción. Incluso con exenciones parciales para fertilizantes, piensos y maquinaria que cumplen con el T-MEC, los productores mexicanos enfrentaron mayores gastos operativos. Muchos tuvieron que recalibrar los planes de siembra, reducir la superficie cultivada con altos insumos o cambiar a alternativas de menor costo para mantener la viabilidad financiera.

Reversión legal y artículo 122
La inestabilidad del mercado se intensificó el 20 de febrero de 2026, cuando la Corte Suprema de Estados Unidos dictaminó por 6 votos a 3 que varios aranceles de emergencia en virtud de la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional excedían la autoridad presidencial.

En respuesta, la administración Trump invocó la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974, que permite un arancel global temporal de hasta el 15% durante 150 días sin la aprobación del Congreso. Si bien los productos que cumplían con el T-MEC (entre ellos la carne vacuna, ciertos fertilizantes e insumos para piensos) estaban en gran medida exentos, no todos los productores mexicanos estaban seguros.
La rápida secuencia de aranceles impuestos, eliminados y reemplazados en cuestión de días creó una incertidumbre extrema. El comercio entró en constante cambio. Los productores se vieron obligados a renegociar acuerdos, ajustar envíos y reconsiderar los ciclos de cultivos. Las instituciones financieras también dudaron en otorgar crédito bajo las condiciones volátiles, lo que limitó la expansión de la infraestructura de procesamiento, almacenamiento y transporte.
El impacto económico
El sector agrícola de México sintió los efectos de inmediato. Según el Banco de México, las exportaciones agroalimentarias de enero a julio de 2025 totalizaron 31.900 millones de dólares, una disminución del 4,4% con respecto al mismo período de 2024. Los envíos de tomate cayeron un 18%, mientras que las exportaciones de cereales, oleaginosas y ganaderas también disminuyeron.
Los productos básicos de gran volumen, como los tomates, los pimientos y los pepinos, mantuvieron su volumen debido a la dependencia de Estados Unidos, pero sufrieron una presión a la baja sobre los precios. Los cultivos especiales como los espárragos, el ajo y los champiñones experimentaron caídas más pronunciadas en la demanda, lo que refleja una mayor sensibilidad a los aranceles y la volatilidad de los precios.
Los efectos en cascada se extendieron más allá de las exportaciones:
- El aumento de los costos de los insumos para fertilizantes, piensos, semillas y maquinaria aumentó los gastos de producción.
- La volatilidad de los precios afectó a los mercados internos y en ocasiones impulsó al alza los precios minoristas.
- Los riesgos laborales amenazaron los empleos estacionales y permanentes en las regiones dependientes de las exportaciones.
- La incertidumbre en materia de inversiones ralentizó la expansión de la infraestructura de procesamiento y almacenamiento en frío.
En conjunto, estas presiones remodelaron las decisiones de los productores sobre la selección de cultivos, la superficie cultivada y el manejo del ganado, al tiempo que aumentaron el riesgo financiero general.
La ganadería y la prohibición del gusano barrenador

Los aranceles eran sólo una parte del desafío. En 2025, Estados Unidos suspendió las importaciones de ganado mexicano debido al parásito gusano barrenador del Nuevo Mundo. La prohibición redujo drásticamente las exportaciones de ganado vivo y deprimió los ingresos del ganado.
Los informes de Ganadería y Productos del USDA México (febrero de 2026) señalan que más de un millón de cabezas de ganado fueron redirigidas a corrales de engorda nacionales. Se pronostica que aumentará el sacrificio interno, lo que ejercerá una presión a la baja sobre los precios de la carne vacuna e impulsará el consumo interno.
Si bien fue beneficioso para los consumidores, los ganaderos experimentaron una interrupción del flujo de caja, lo que obligó a una rápida adaptación a los mercados internos. Muchos dependían de los ingresos por exportaciones en dólares estadounidenses, lo que ilustra la vulnerabilidad creada por la concentración del mercado.
Las medidas defensivas de México
México respondió con aranceles selectivos para proteger las industrias nacionales:
- Aranceles del 156% al 210% sobre las importaciones de azúcar de países fuera de acuerdos de libre comercio.
- Aranceles de hasta el 50% sobre las importaciones procedentes de países que no son parte del Tratado de Libre Comercio, como China, Brasil e India.
Los críticos advierten que estas medidas podrían elevar los precios al consumidor y reducir la competitividad. Los partidarios argumentan que son necesarios para proteger el empleo rural y salvaguardar la producción estratégica.
Diversificación: Canadá y la Unión Europea

En medio de la volatilidad estadounidense, México está acelerando la diversificación. Los esfuerzos de principios de 2026 con Canadá tuvieron como objetivo racionalizar las exportaciones de carne, mejorar los protocolos sanitarios y ampliar el comercio de frutas y verduras. El comercio bilateral alcanzó los 56 mil millones de dólares en 2024.
México también está preparando un acuerdo comercial modernizado con la Unión Europea para reducir la excesiva dependencia de Estados Unidos.
Si bien la diversificación ofrece oportunidades, la geografía y las cadenas de suministro establecidas continúan favoreciendo a Estados Unidos, lo que mantiene a México expuesto a los cambios de política comercial de América del Norte.
Navegando la incertidumbre
Todas estas presiones convergen a medida que se acerca la revisión del T-MEC de 2026. Las propuestas para dividir el pacto trilateral en acuerdos bilaterales han aumentado la incertidumbre, afectando la siembra de cultivos, la adquisición de piensos, los contratos de exportación y las decisiones de inversión. La revisión podría remodelar los aranceles, la alineación regulatoria y los mecanismos de disputa, impactando directamente la rentabilidad y el riesgo de los productores mexicanos.
Los aranceles, las revocaciones legales y las medidas sanitarias siguen influyendo en las elecciones de cultivos y ganado, el empleo rural y la planificación financiera. Al mismo tiempo, están impulsando la adaptación: expandiendo la producción ganadera nacional, diversificando los mercados de exportación y recalibrando las estrategias de riesgo.
Para los agricultores mexicanos, 2026 ya no se trata solo de la cosecha: se trata de sortear una volatilidad sin precedentes y al mismo tiempo sostener los medios de vida y preservar una de las cadenas de suministro de alimentos más integradas de América del Norte. La forma en que se desarrolle la revisión del T-MEC será fundamental para la resiliencia del sector agrícola.
