Desde hace casi 40 largos años, los desechos radiactivos y químicos de una mina de uranio abandonada en la provincia de Córdoba, Argentina, contaminan el medio ambiente circundante. Es el deposito de Schlagintweitcerrado en 1989 y nunca reabierto, símbolo de abandono y falta de responsabilidad.
Lo mejor es que se encuentra a menos de 5 kilómetros de una reserva natural y fuente vital de agua potable para millones de personas. Sin embargo, esos desechos radiactivos siguieron expuestos a los agentes atmosféricos, amenazando la salud pública y el ecosistema. De hecho, las lluvias, los vientos y los movimientos del suelo han agravado una situación ya delicada, con el riesgo de contaminar irremediablemente el río San Antonio, que abastece de agua a gran parte de la población de la capital cordobesa.
Además, el pasado mes de septiembre, la noticia de la rotura de una geomembrana que cubría la presa de sedimentación número 3 de la antigua mina, provocada por vientos de 100 kilómetros por hora, volvió a poner el tema en el centro de atención. Pero todavía nada se mueve.
los riesgos
El sitio del antiguo complejo minero está ubicado en una cadena montañosa crucial para la producción de agua: la mina está ubicada dentro de las cuencas que protegen la Reserva Natural de Agua Los Gigantes, específicamente la cuenca alta del río San Antonio, entre los arroyos El Cajón y Cambuche.
Este río abastece de agua potable a varias ciudades y al Embalse de San Roque, que abastece de agua al 70% de la población de la ciudad de Córdobaque tiene 1,5 millones de habitantes. El yacimiento se ha mantenido prácticamente sin cambios desde los años 80, cuando estaba gestionado por la constructora Sánchez Granel Ingeniería SA, que no tenía experiencia previa en el sector minero.
El problema ahora es que las montañas de roca árida se han movido a lo largo de los años debido a la lluvia y el viento. Según el biólogo Raúl Montenegropresidente de la Fundación para la Defensa del Medio Ambiente (Funam), ganador del Premio Right Livelihood (Premio Nobel Alternativo) y ex subsecretario de Gestión Ambiental de la Provincia de Córdoba, El mayor riesgo hoy es el de un “colapso masivo”.
Nuestra preocupación es que, dada la situación climática global y las tormentas eléctricas con grandes yunques en la zona, existe una alta probabilidad de que se produzcan fenómenos atípicos en la cuenca alta –cientos de milímetros de lluvia en un corto período– y que esta masa de agua ingrese a la mina.
Residuos radiactivos
Los expertos sostienen que la contaminación comenzó cuando la planta entró en funcionamiento. Montenegro dice que la empresa estaba descargando clandestinamente sustancias alcalinas o ácidas que contienen uranio en el arroyo Cambuche en días de lluvia. Por otra parte, un informe presentado al Banco Mundial confirma que durante los siete años de funcionamiento de la mina se vertieron muchas sustancias tóxicas. Sin embargo, nunca se han realizado estudios epidemiológicos en la zona.
En Argentina, la Ley Nacional n. 25.018 sobre el Régimen de Gestión de Residuos Radiactivos prevé la creación de un fondo para la gestión y disposición final de residuos radiactivos, pero la normativa aún es inexistente y académicos como Montenegro sostienen que, efectivamente, la limpieza esperada desde hace décadas no está en los planes de nadie.
¿Alguien se imagina que al gobierno de Javier Milei, un negacionista del cambio climático, podría interesarle que se destinen millones de dólares a limpiar la mina de uranio de Los Gigantes?, concluyen provocativamente los expertos.
Fuentes: El País / Movimiento Antinuclear Argentino