Desde el ciclón Harry hasta Erminio, la devastada Italia persigue «emergencias»: pero ¿cuándo empezaremos a abordar las causas reales?

Hubo un tiempo en que palabras como «ciclón» y «tornado» evocaban escenarios lejanos a nosotros, como las costas americanas y los países del sudeste asiático. Ciertamente no Italia. Ciertamente no Abruzzo, Molise o Sicilia. Esa época ya pasó y ya hace bastante tiempo, aunque muchos periódicos siguen menospreciando la situación hablando simplemente de «mal tiempo». El ciclón erminio, que actualmente afecta violentamente a partes del centro y sur de Italia, nos obliga a afrontar una dura realidad: la crisis climática está revolucionando nuestra vida cotidiana.

Evacuaciones, inundaciones y municipios aislados entre Abruzzo y Molise

Lluvias torrenciales, vientos furiosos de más de 120 km/h, fuertes nevadas a baja altura en plena primavera, ríos desbordados y territorios enteros aislados. Desde el bajo Molise hasta el interior de Abruzzo, desde la costa del Adriático hasta la campiña de Apulia, hasta el sur del Lacio: es una larga herida. El colapso de puente sobre el trignoen la frontera entre Abruzzo y Molise, es la imagen simbólica de estas últimas horas. Una infraestructura vigilada, cerrada por precaución, pero incapaz de soportar tres días de lluvia incesante. Y hoy ese puente deja al descubierto la fragilidad estructural de un país que continúa persiguiendo emergencias en lugar de prevenirlas.

En la zona de Foggia el Cervaro se desborda, en Molise el Biferno alcanza niveles críticos, en las Marcas los desprendimientos de tierra aislan aldeas enteras, mientras que en Capracotta la nieve supera el metro y medio. En Termoli y en toda la costa de Molise, el agua invadió viviendas y barrios, obligando a decenas de familias a abandonar todo. Embarcaciones neumáticas, vehículos anfibios, rescate continuo. Y luego está la línea ferroviaria del Adriático, transformada en un muro de agua tras la inundación del Osento. Una situación que literalmente dividió a Italia en dos, generando también grandes inconvenientes para muchos viajeros que querían regresar a casa para las vacaciones de Semana Santa.

¿Seguimos queriendo hablar de variabilidad meteorológica? Esta es la inestabilidad climática.

Cuando la excepción se convierte en regla

las imagenes de ciclón harry, que arrasó cientos de kilómetros de costas de Sicilia, Calabria y Cerdeña el pasado mes de enero, todavía están grabados en nuestra memoria. Y quienes viven en municipios costeros pueden ver con sus propios ojos la destrucción a lo largo de las calles y costas, que parecen haber sido bombardeadas.

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Y apenas un par de meses después, otro ciclón –esta vez Erminio– está sembrando caos y miedo. Y es el tercer ciclón que azota Italia en apenas un mes.

Erminio y Harry no son una anomalía. Son una prueba tangible de que estos acontecimientos violentos se están convirtiendo en la norma, incluso en el Mediterráneo. La inestabilidad hidrogeológica, denunciada durante años y nunca abordada de manera estructural, hoy está entrelazada con un clima inestable que amplifica cada fragilidad. Puentes, carreteras, ferrocarriles, núcleos de población: todo lo que fue diseñado para un tipo de clima que ya no existe, hoy se encuentra expuesto a nuevas tensiones, más intensas y más frecuentes.

Y así se declaran estados de calamidad, se cuentan los daños, se prometen intervenciones extraordinarias. Luego empezamos de nuevo desde el principio. Hasta el próximo ciclón, el próximo río que se desborde, el próximo puente que ceda y la próxima inundación. ¿Cuánto tiempo más podremos seguir así?

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