No todo el mundo lo sabe pero desde hace un tiempo una parte de la industria petrolera ha tomado el camino que parece más sencillo: comprar grandes volúmenes de petróleo extranjero a bajo costoa menudo procedente del norte de África, en lugar de invertir en la valorización del aceite de oliva virgen extra italiano.
Un mecanismo que, como denuncian Coldiretti y Unaprol-Consorcio Olivar Italiano, altera el mercado, empuja los precios a la baja y hace cada vez más difícil para los olivicultores cubrir siquiera los costes de producción y mucho menos vivir de su trabajo.
Las preocupaciones volvieron al centro del debate tras el anuncio de laInicio de negociaciones entre Túnez y la Unión Europea para ampliar el cupo de exportación facilitadoelevándolo a 100 mil toneladas por año. Una elección que se inscribe en un contexto ya frágil: Italia produce alrededor de 300.000 toneladas de petróleo al año, consume 400.000 y, a su vez, exporta alrededor de 300.000.
Cifras que hacen aún más difícil explicar por qué el precio del petróleo italiano pagado a los agricultores se ha desplomado alrededor de un 30%. Una paradoja que remite a la especulación y a prácticas poco transparentes a lo largo de la cadena de suministro.
A lo largo de los años, explican las asociaciones, han surgido casos de petróleo extranjero que entra en Italia y luego es «nacionalizado» mediante sistemas opacos, controles insuficientes y almazaras que existen más en el papel que en la realidad. De esta manera, un producto que no tiene nada de italiano acaba en los lineales con etiquetas engañosas, alimentando la ilusión de un aceite de oliva virgen extra 100% made in Italy. Las consecuencias son evidentes: por un lado, miles de empresas agrícolas se ven expulsadas del mercado o obligadas a vender su aceite; por otro, los consumidores corren el riesgo de comprar un producto que no cumple con sus expectativas ni en términos de origen ni de calidad.
Los datos más recientes confirman la tendencia: En los nueve primeros meses de 2025, las importaciones de aceite tunecino en Italia aumentaron un 38%, mientras que los precios del aceite de oliva virgen extra italiano registraron una caída de más del 20%.. El petróleo procedente del extranjero se vende a menos de 4 euros el litro, ejerciendo una presión a la baja que sólo favorece los márgenes industriales y hace insostenible la producción nacional. Todo esto es posible gracias a los acuerdos europeos que permiten la entrada anual de decenas de miles de toneladas de aceites de oliva vírgenes con derechos nulos, umbrales que ahora nos gustaría aumentar aún más.
Para complicar el panorama también está el mecanismo del llamadomejora activa«, que permite importar, transformar y reexportar aceite como producto nacionalizado. Un sistema que traslada los costes a la cadena de suministro agrícola, daña el verdadero Made in Italy e inunda el mercado con aceite a bajo precio, a menudo obtenido sin los mismos estándares medioambientales, sociales y de producción que se exigen a los olivicultores europeos.
El riesgo, si no se corrige este camino, concluyen los agricultores, es el de normalizar una competencia desleal que premia el máximo descuento en detrimento de la calidad, la sostenibilidad y la transparencia. Lo que está en juego no sólo son los ingresos de los productores de olivos, sino también la credibilidad de todo un sistema de producción y el derecho de los ciudadanos a saber realmente lo que están comprando.