Las cifras dicen que la costumbre de tirar la comida está desapareciendo poco a poco en los hogares italianos. Según los datos del informe “Caso Italia 2026“, editado por el Observatorio Internacional Waste Watcher, cada ciudadano de la Península tira de media 554 gramos de comida por semana. Se trata de una clara mejora respecto a los 617,9 gramos registrados en febrero de 2025, lo que marca un contracción del 10,3%.
A pesar de los avances estadísticos, la dimensión económica del fenómeno sigue siendo impresionante. La cadena de suministro general de residuos, que incluye la producción, la distribución y la industria, se acerca a los 13.500 millones de euros. De ellos, la mayor parte (alrededor de 7.300 millones) corresponde a las unidades familiares. Aunque la cantidad diaria per cápita se ha reducido a 79 gramos, el volumen total de alimentos que acaban en los vertederos supera los 5 millones de toneladas.
La primacía de los Boomers y la ansiedad de la Generación Z
El informe destaca una clara división basada en el registro. EL boomers (nacidos entre 1946 y 1964) se confirman como los más virtuosos: con 352 gramos de desperdicio semanal, ya han conseguido, con cuatro años de antelación, elAgenda 2030 de la ONU. En el polo opuesto está el Generación Z (1997-2012), que registra un desperdicio de 799 gramos semanales, seguido de los Millennials con 750 gramos.
Las razones de esta discrepancia no residen tanto en la falta de sensibilidad ambiental y económica sino en las habilidades prácticas. Si el 88% de los italianos declara que se dedica a preparar comidas todos los días, Los más jóvenes sufren «fragilidad organizativa». El 49% de los niños de la Generación Z admiten olvidar la comida en el frigorífico hasta que caduqueen comparación con el 21% de los boomers. La posibilidad de reutilizar los restos también está marcando el tiempo: Sólo el 49% de los más jóvenes congela lo que sobra de la comida.una práctica que, en cambio, es habitual en el 64% de la generación mayor.
Andrea Segrè, director científico del Observatorio y fundador de la Jornada Nacional, subrayó que la solución no está en el conflicto, sino en una nueva alianza: «Los boomers hoy son la locomotora de la prevención: tienen interiorizadas habilidades de cuidado, manejo de alimentos y reutilización a lo largo del tiempo. La Generación Z posee un capital decisivo: el dominio de las herramientas digitales y la voluntad de cambiar. Sólo fomentando este intercambio podremos realmente reducir a la mitad el desperdicio de alimentos en los próximos cuatro años».
La geografía de los residuos
El mapa de residuos refleja en parte las lagunas históricas del país. En el Norte se desperdicia menos (516 gramos) y más en el Sur, donde la cifra se eleva hasta los 591,2 gramos (+7%), mientras que el Centro se sitúa en 570,8 gramos. Un dato interesante se refiere al tamaño de los centros habitados: municipios de hasta 30 mil habitantes están más atentos en comparación con las grandes metrópolis.
Destacan en la jerarquía de los productos más sacrificados fruta (22,2 g), verdura (20,6 g) y pan (19,6 g). Le siguen las ensaladas y los tubérculos. Las principales razones siguen ligadas a una mala gestión interna: El almacenamiento incorrecto representa el 38%.olvido para el 33% y sobrecompra para el 28%. Este último factor es crítico para los jóvenes (38%), impulsado por una sensación de inseguridad alimentaria que en 2026 vio un aumento en el índice específico, hasta 14,36.
El punto de inflexión cultural fuera de casa
Si bien aún queda un largo camino por recorrer dentro del hogar, los restaurantes parecen haberse convertido en laboratorios de nuevos hábitos. Gracias a la sinergia con Confcommercio y Fipe, el seguimiento destaca que 8 de cada 10 italianos ya no desperdician en los restaurantes: o se comen de todo o se llevan las sobras a casa. El “doggy bag” se ha convertido en una costumbre que arraiga, día tras día, cada vez más: el 93% de los clientes recibe el envase del personal del comedor y ya no se avergüenza de pedirlo. Una señal de que, al menos fuera de casa, la lucha contra el desperdicio se ha convertido en un valor social compartido.