Cracovia, ciudad que durante demasiado tiempo ha sido símbolo del aire irrespirable, ha decidido reescribir su historia. En 2019, la “capital del smog de Polonia” (y la segunda más grande del país) tomó una decisión audaz y fundamental: prohibió el uso de combustibles sólidos como el carbón y la madera para la calefacción del hogar.
Históricamente, Polonia siempre ha sido un gran productor y consumidor de carbón para calentar los hogares y esta fue una elección que cambió profundamente la calidad del aire y, sobre todo, mejoró la vida de sus ciudadanos.
Gracias a políticas de apoyo, como yo subsidios Para reemplazar estufas y calderas viejas, las familias tuvieron la oportunidad de cambiar a sistemas de calefacción más limpios. De aquí no sólo una mejora estética de la ciudad, sino una auténtica medicina para la salud. Los días de excesiva contaminación, que antes eran 150 al año, se han reducido a apenas 30.
Polonia produce y consume la mayor parte del carbón que la UE utiliza para calefacción en invierno, hasta un 80%. Y cuando se consume, provoca nubes de partículas que contienen probables carcinógenos como el benzopireno y obstruyen los pulmones, lo que convierte a Polonia en el país europeo con los mayores costos sanitarios relacionados con el carbón. Un cambio, por tanto, que se implementó y que salvó miles de vidas: Se han evitado casi 6.000 muertes prematuras en diez años gracias a un aire más limpio.
Y los beneficios de las nuevas políticas no terminan ahí. Según leemos en The Guardian, entre los niños, que suelen ser las víctimas más vulnerables de la contaminación, los casos de asma y rinitis alérgica han disminuido significativamente, con una reducción del 17% y el 28% respectivamente. Es como si Cracovia hubiera devuelto a sus ciudadanos no sólo un aire mejor, sino también una nueva esperanza de vida.
El camino recorrido por Cracovia ha sido largo y difícil, pero ha abierto la puerta a un futuro más sano y justo. La ciudad no se detuvo con la prohibición de los combustibles sólidos, sino que siguió evolucionando, con laintroducción de una zona de bajas emisiones que cubra el 60% del territoriouna medida que también pretende reducir la contaminación del tráfico, otro gran enemigo de la salud y el bienestar.
Pero Cracovia no es una isla. A pesar de los enormes avances, el smog de las ciudades y pueblos circundantes continúa amenazando el aire. La calefacción con carbón todavía está muy extendida en muchas zonas y el cambio no puede detenerse en los límites de las ciudades. El desafío es global y Cracovia es sólo el comienzo de un viaje que requiere solidaridad y acciones comunes.
En cualquier caso, el éxito de Cracovia es una esperanza concreta para todas las ciudades que luchan contra la contaminación. Demuestra que cuando las personas, las instituciones y las políticas se unen, el cambio es posible. La ciudad nos enseña que mejorar el aire no es sólo una cuestión de medio ambiente, sino de vida, de salud y de futuro. Y si Cracovia puede hacerlo, realmente cualquier ciudad puede hacer lo mismo. Porque el cambio que se respira es el cambio que salva.