Europa al revés: la ley que supuestamente salvaría los bosques ha sido hundida

Del problema informático a la capitulación medioambiental. Un supuesto problema técnico bastó para que el Reglamento europeo contra la deforestación (EUDR), considerado hasta hace unos meses uno de los pilares de la política climática de la UE, fuera primero aplazado y luego desmantelado pieza por pieza. Ayer la Cámara Europea dio el golpe final: con 402 votos a favor, 250 en contra y 8 abstenciones, Estrasburgo confirmó el aplazamiento de un año de la entrada en vigor y aprobó cambios que reducen significativamente las obligaciones de las empresas.

¿Qué es el EUDR y por qué es importante?

La norma, adoptada en abril de 2023, tenía como objetivo evitar que productos como el cacao, el café, el aceite de palma, la soja, la madera y el ganado vendidos en la UE procedieran de tierras deforestadas. De esta forma, las empresas que importen estos productos tendrían que demostrar que no proceden de zonas donde se hayan talado árboles. Un objetivo ambicioso, teniendo en cuenta que el consumo europeo es responsable del 10% de la deforestación mundial y que Entre 1990 y 2020 el planeta perdió 420 millones de hectáreas de bosques – una superficie mayor que toda la superficie de la Unión Europea, según datos de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación).

Los nuevos tiempos (más largos) y las obligaciones reducidas

Ahora los grandes operadores tendrán hasta el 30 de diciembre de 2026 para cumplirlo, las micros y pequeñas empresas hasta el 30 de junio de 2027. Pero no es sólo una cuestión de calendario. Los cambios aprobados por el Parlamento Europeo aligeran las exigencias de transparencia: los micro y pequeños operadores sólo tendrán que presentar una declaración simplificada y única, en lugar de los controles más estrictos previstos inicialmente. Además, se excluyeron del ámbito de aplicación los libros, los periódicos impresos y otros productos impresos, una exención que WWF Italia lo definió como una traición de los acuerdos originales. Significa que ya no será necesario rastrear el papel utilizado para imprimir estos productos para verificar que no proviene de bosques talados.

De la emergencia técnica a la excusa política

La historia dio un giro surrealista. En octubre, la Comisión von der Leyen informó de dificultades técnicas en el sistema informático que debía gestionar las declaraciones de conformidad de las empresas. En lugar de resolver el problema y avanzar, Bruselas sucumbió a la presión de los Estados miembros (con Italia a la vanguardia), lobbies industriales y grandes empresas, proponiendo simplificaciones y aplazamientos. El Consejo Europeo (donde se reúnen los gobiernos nacionales) y ahora el Parlamento han aprovechado la oportunidad para diluir aún más la leyincluso pidiendo una revisión antes del 30 de abril de 2026, antes de que la norma entre en vigor.

“Lo que empezó como un problema informático se ha convertido en una situación caótica e inmanejable, en detrimento de los ecosistemas forestales y de las empresas más virtuosas que han invertido para cumplir el Reglamento”, declaró Bernardo Tarantinoespecialista en Asuntos Europeos e Internacionales de WWF Italia. La asociación ecologista denunció cómo esta decisión penaliza a las empresas que actuaron temprano para hacer sostenibles sus cadenas de suministro, al tiempo que premia a aquellas que esperaron o presionaron para debilitar la norma.

Quién pierde: las empresas virtuosas y los bosques

El grupo S&D (los socialistas y demócratas) en el Parlamento Europeo habló de una “amenaza a la aplicabilidad de la ley”, mientras que el WWF lanzó una alarma aún más clara: “Después de la COP30 en Belémen el corazón del Amazonas, la Unión Europea se centra ahora en cómo desmantelar las leyes climáticas y medioambientales en casa.» Se trata de la conferencia sobre el clima que acaba de concluir en Brasil, donde los países del mundo discutieron cómo salvar los bosques tropicales. Mientras allí hablaban de protección, Europa dio marcha atrás en las herramientas concretas que había puesto en marcha.

La retórica de la competitividad, utilizada para justificar estos retrocesos, no se sostiene según las organizaciones ecologistas. No hay evidencia de que posponer o debilitar el EUDR aumenta la rentabilidad de las empresas. Por el contrario, la incertidumbre regulatoria perjudica a quienes ya habían invertido en cadenas de suministro controladas y rastreables, crear una ventaja competitiva injusta para aquellos que no se han adaptado.

El Parlamento ahora está listo para iniciar negociaciones con los países miembros sobre la forma final de la ley, que debe aprobarse a finales de 2025 para que el aplazamiento y los cambios entren en vigor. Pero el verdadero juego se juega en la estabilidad de la estructura original del reglamento. WWF pide a la Comisión Europea que detenga el desmantelamiento del EUDR y rechace el Ómnibus medioambiental que se presentará en las próximas semanas: un paquete de medidas que corre el riesgo de debilitar aún más las políticas verdes europeas.

Detrás de esta debacle podemos vislumbrar una alianza parlamentaria que está remodelando el equilibrio medioambiental de la UE: el PPE (Partido Popular Europeo de centroderecha) y la extrema derecha votaron juntos para debilitar el Estado, superando la resistencia de los socialdemócratas y los Verdes. Una coalición que parece destinada a repetirse en otros expedientes medioambientales, transformando lo que se suponía sería la legislatura del Pacto Verde en una retirada progresiva en todos los frentes de la transición ecológica.

La destrucción de los bosques amazónicos y otros ecosistemas cruciales ya está comprometiendo la estabilidad climática global. La idea de que Europa puede permitirse el lujo de posponer las cosas es una ilusión peligrosa, que las generaciones futuras pagarán cara.

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