se llama Santuario de la Memoria de Hielo y será un megaarchivo capaz de almacenar miles de muestras provenientes de glaciares que se están derritiendo en todo el mundo.
No lejos de la base ítalo-francesa de Concordia y nacido de una iniciativa conjunta de la Fundación Memoria del Hielo con universidades e instituciones científicas de Italia, Francia y Suiza, el santuario de los glaciares extintos será una especie de caja del tiempo, con el objetivo muy específico de transmitir el mayor conocimiento posible a las generaciones futuras.
Desde 2000, los glaciares de montaña han perdido entre el 2% y el 39% de su hielo, según la región, y alrededor del 5% a nivel mundial, según la Ice Memory Foundation, lo que genera preocupación sobre la pérdida permanente de valiosos registros climáticos.
Ver esta publicación en Instagram
Cómo funciona el santuario
Los trozos de hielo se colocarán en una cueva de archivo de 35 metros de largo, 5 metros de alto y 5 metros de ancho, y se excavarán completamente en las capas de nieve a una profundidad de 9 metros. La temperatura se mantendrá en -52 grados centígrados, garantizada por el Sistema del Tratado Antártico (#ATCM46), sin uso de energía y sin riesgo de derretimiento o pérdida de muestras.
Los núcleos de hielo contienen burbujas de aire, polvo, contaminantes, isótopos y otras partículas que han quedado atrapadas durante cientos o miles de años.
Este “legado invaluable para las generaciones futuras” permitirá a los futuros científicos reconstruir climas, cambios atmosféricos, ciclos de temperatura, concentraciones de CO2 y otros gases del pasado, e incluso incendios e incendios volcánicos históricos.
Somos la última generación que puede actuar – afirma Anne-Catherine Ohlmann, directora de la Fundación Memoria del Hielo, una de las promotoras del proyecto junto con otras instituciones, entre ellas el CNR y la Universidad Ca’ Foscari de Venecia – es una responsabilidad que todos compartimos. Salvar estos archivos de hielo no es sólo una responsabilidad científica: es un legado para la humanidad.
De esta manera, la propia naturaleza preservará estos archivos climáticos para la ciencia futura. Esperando que, mientras tanto, las cosas cambien.