No más cigarrillos en la playa. El municipio de Jesolo (Venecia) da un paso decisivo para proteger su litoral al ampliar la prohibición de fumar a toda la playa, tras la primera intervención el año pasado en el litoral. Quedan zonas dedicadas dentro de los establecimientos de playa, pero el mensaje es claro: la playa es un bien común que hay que preservar.
La decisión la comenta Plastic Free Onlus, que habla de una opción concreta contra la contaminación plástica. Y los números explican por qué.
Cada año millones de colillas acaban en la arena y en el mar. Un filtro pesa en promedio sólo 0,3 gramos, pero está compuesto de acetato de celulosa, un plástico que puede tardar entre 10 y 12 años en degradarse. Mientras tanto, libera sustancias tóxicas y microplásticos, contaminando ecosistemas frágiles y fácilmente comprometidos.
Sólo en el último año, en Véneto, los voluntarios de Plastic Free han organizado 14 colectas dedicadas exclusivamente a las colillas: más de 200 personas involucradas, casi 916 kilogramos de residuos eliminados, más de 3 millones de filtros retirados del medio ambiente. Un hecho que deja claro cuán extendida está esta contaminación, aunque a menudo sea invisible.
Las colillas son pequeñas, pero el impacto es enorme. Intervenir en un gesto cotidiano como fumar en la playa significa actuar en la raíz de un problema sistémico. Significa proteger la biodiversidad marina, pero también la calidad de la oferta turística y la salud pública.
Jesolo, ya reconocido como Municipio Libre de Plástico, será premiado el 14 de marzo en el Teatro Olímpico de Roma durante la ceremonia oficial.
La protección del mar no surge de eslóganes, sino de decisiones claras y coherentes. Prohibir fumar en la playa es ante todo una señal cultural: la costa no es un cenicero al aire libre. Es un patrimonio colectivo que merece respeto.