Patagonia salvada por ONG: 133 mil hectáreas de naturaleza arrancadas por represas, motosierras y especulación

El Valle de Cochamó, en el corazón de la Patagonia chilena, es uno de los últimos lugares verdaderamente no contaminados del planeta, un santuario natural donde la biodiversidad se expresa en su forma más pura e intacta. Aquí la naturaleza sigue dominando sin concesiones, entre bosques milenarios, ríos turquesas y montañas que parecen haber quedado fuera del tiempo. Y hoy esa maravilla natural está a salvo.

Gracias a una extraordinaria recaudación de fondos de base, se han comprado y puesto bajo protección permanente 133.000 hectáreas de áreas silvestres (el equivalente a 383 veces el tamaño del Central Park de Nueva York). Una zona enorme, frágil y preciosa, que corría el riesgo de ser derribada por la deforestación, las represas y el agresivo desarrollo inmobiliario.

El territorio fue comprado por 63 millones de dólares por una coalición liderada por la ONG Puelo Patagonia y confiado oficialmente, el pasado 9 de diciembre, a la fundación chilena Conserva Puchegüín. Una victoria histórica para la conservación del medio ambiente y las comunidades locales.

El Valle de Cochamó es un paraíso primordial: bosques milenarios, ríos turquesas, cascadas, colibríes, cóndores y alerces milenarios, algunos de los cuales brotaron alrededor del año 1000 a.C., cuando aún no existía el Imperio Romano. Aquí se concentra el 11% del alerce que queda en el planeta, especie explotada en el pasado por su resistencia al agua, utilizada para mástiles de barcos y postes telefónicos.

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es uno biodiversidad que casi nunca ha conocido la intervención humana: falta de carreteras, muy pocos asentamientos, energía producida con paneles solares o turbinas eólicas domésticas, suministros todavía transportados a caballo. Un modelo de vida que parece propio de otro siglo, pero que hoy representa un ejemplo muy potente de equilibrio con el medio ambiente.

Sin embargo, este rincón de la Patagonia ha estado al borde de la devastación varias veces: en 2012 un proyecto hidroeléctrico de 400 millones de dólares amenazó con la construcción de torres de 150 metros de altura, caminos de acceso y la alteración irreversible del río Manso. Luego vinieron los planes para construir complejos turísticos de lujo y pavimentar carreteras.

La respuesta fue colectiva. Familias ganaderas, vaqueros, guías turísticos, escaladores, ecologistas, ONG y vecinos se han unido para decir no e imaginar uno diferente.

Queríamos convertir las amenazas en oportunidades, explicó José Claro, presidente de Puelo Patagonia. Y así fue.

En la recaudación de fondos participaron donantes chilenos e internacionales.

El proyecto no se limita a «comprar» terrenos, sino que construye una visión de largo plazo. El objetivo es proteger al menos el 80% del territorio como área de conservación totalmientras que el 20% restante se destinará a usos sostenibles: turismo de bajo impacto, explotaciones familiares, pequeñas empresas locales.

Además, ya se ha establecido un límite máximo de 15.000 visitantes al año. Será necesario hacer reservaciones, se trazarán caminos oficiales, se crearán campamentos base y estructuras esenciales, todo con la participación directa de las comunidades locales.

No es un parque escaparate, sino un ecosistema vivo. Mientras tanto, se ha iniciado el seguimiento de la fauna con cámaras trampa y la colaboración de los habitantes. Un descubrimiento reciente ha emocionado a todos: una pequeña población de huemulel venado símbolo nacional de Chile, hoy en grave peligro de extinción.

El proyecto está inspirado en la visión de los legendarios conservacionistas Doug y Kris Tompkins, quienes ayudaron a proteger más de 5,7 millones de hectáreas en Chile y Argentina. Pero Cochamó sigue un nuevo camino: el de los parques «híbridos», donde la protección del medio ambiente coexiste con actividades económicas sostenibles. Porque la conservación también necesita futuro, no sólo protección.

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