Revelación histórica: un ancestro común de Homo sapiens y neandertales vivió en el norte de África hace 773.000 años

Tras catorce años de expectativa, los fósiles hallados en Thomas Quarry I, en Casablanca, emergen con una datación precisa de 773.000 años y sitúan al noroeste de África como escenario clave en el amanecer de nuestra línea evolutiva. Este conjunto humano, asociado a herramientas de más de un millón de años, perfila una población con rasgos mixtos, situada cerca del origen de Homo sapiens y del ancestro común con los neandertales.

Crédito: Hamza Mehimdate, Programme Préhistoire de Casablanca / Bruno Bourgeois

Un hallazgo que reordena la narrativa

El conjunto incluye mandíbulas, vértebras cervicales y dientes aislados que reflejan una mezcla de caracteres arcaicos y derivados. Estas formas sugieren una población africana hermana de Homo antecessor, conocida en Atapuerca y fechada en torno a 800.000 años. La coincidencia temporal encaja con la etapa en que las líneas africanas y euroasiáticas comenzaron a divergir.

La comparación con Atapuerca ya no está solo del lado ibérico: la costa atlántica marroquí ofrece un registro continuo y excepcionalmente conservado que rivaliza en relevancia. La consecuencia es un mapa humano reajustado, con el Magreb ocupando un lugar central en la evolución del género Homo.

Una cronología anclada por el campo magnético

La clave del nuevo calendario ha sido un registro magnetoestratigráfico de alta resolución que capturó la inversión Matuyama–Brunhes, ocurrida hace unos 773.000 años. Este hito del campo magnético terrestre, global y sincrónico, sirve como marca estratigráfica de primer orden.

La “Gruta de los Homininos” de Casablanca preserva sedimentos de depósito rápido y continuo, condición ideal para un señal magnético nítido. En un Pleistoceno con dataciones a menudo inciertas, este anclaje ofrece una de las edades más fiables para homininos africanos.

  • Señal magnética de alta resolución, ligada a la inversión MBT.
  • Sedimentación rápida y continua, con estratigrafía clara.
  • Fechado robusto para un conjunto humano del Pleistoceno medio.
  • Correlación global que reduce la incertidumbre cronológica.

“La mandíbula pertenecía a un Homo erectus tardío evolucionado”

La pieza estrella es una mandíbula adulta descubierta en 2008 por Jean‑Paul Raynal, cuya interpretación quedó en suspenso hasta obtener una datación precisa. Jean‑Jacques Hublin resume su significado con una frase que marca época: “La mandíbula pertenecía a un Homo erectus tardío evolucionado”. Esta asignación la sitúa junto a la raíz de nuestra propia línea, en un momento de transición anatómica.

La combinación de robustez ancestral y rasgos más gráciles perfila un mosaico compatible con una población puente. Esa condición intermedia ofrece un marco creíble para el ancestro común de Homo sapiens y neandertales, quizá también con vínculos hacia los denisovanos.

Morfología en mosaico y filiaciones

Las mandíbulas muestran sínfisis relativamente modernas junto a cuerpos masivos, mientras los dientes combinan cúspides arcaicas con proporciones más derivadas. Las vértebras sugieren una biomecánica del cuello robusta, coherente con una anatomía aún primitiva, pero en transición hacia formas más recientes.

En este contexto, Homo antecessor aparece como pariente cercano en Eurasia, pero el registro marroquí desplaza el foco del origen hacia África noroccidental. Lejos de un relato eurocéntrico, la evidencia sugiere intercambios y expansiones reiteradas entre continentes, moduladas por climas y corredores cambiantes.

El noroeste de África en el centro del mapa

“No cabe duda: el noroeste de África parece haber jugado un papel clave en la expansión del género Homo”, sostienen los autores del estudio publicado en Nature. Las formaciones costeras de Casablanca preservan cuevas y madrigueras de carnívoros con una integridad poco común, lo que permite leer episodios de ocupación humana a escala fina.

Este escenario, próximo al Atlántico, al estrecho de Gibraltar y a rutas saharianas intermitentes, pudo actuar como bisagra entre África y Eurasia. En ese cruce de caminos, poblaciones con rasgos mixtos habrían extendido tecnologías y genes, abriendo sendas que más tarde consolidarían las grandes líneas humanas.

Lo que aún falta por responder

Recuperar ADN antiguo a estas edades en clima templado es improbable, pero técnicas como la paleoproteómica, la microtomografía y el estudio del ADN sedimentario podrían afinar las filiaciones. Nuevas excavaciones en los niveles con señal MBT, integradas con los conjuntos líticos de más de un millón de años, ayudarán a trazar una historia más continua.

Mientras tanto, la datación a 773.000 años convierte a Thomas Quarry I en un pilar cronológico. Con cada capa y cada hueso, el Magreb reafirma su lugar como nodo donde nuestras raíces se bifurcaron y donde la humanidad empezó a parecerse, un poco más, a lo que hoy somos.

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