Hundimientos sospechosos y residuos radiactivos en el Mediterráneo: te cuento el misterio de los «barcos desechables»

Decenas de buques mercantes hundidos en el Mediterráneo entre finales de los años 1970 y principios de los años 2000 podrían almacenar residuos tóxicos y radiactivos. La mayoría de los hundimientos, concentrados en las décadas de 1980 y 1990 a lo largo de la costa italiana, siguen envueltos en un velo de misterio. Legambiente lleva ahora el caso a Bruselas, pidiendo a Europa nuevas investigaciones sobre los fondos marinos y mayor transparencia sobre el tráfico ilícito que aún hoy amenaza al mar.

El pasado que regresa

Las investigaciones italianas de los años 1990, iniciadas también gracias a las quejas de la asociación ecologista italiana, descubrieron algunas pistas, pero quedan muchas preguntas abiertas. Detrás de cada naufragio se esconden cuestiones de seguridad ambiental, riesgos para la salud y responsabilidades legales. Los sospechosos hundimientos afectaron rutas estratégicas y puertos internacionales, lo que sugiere la existencia de una red criminal dedicada a eliminar residuos tóxicos e incluso radiactivos sin dejar rastro.

Una figura simbólica de esta investigación es la capitán de fragata Natale De Graziafallecido en 1995 mientras investigaba los «barcos desechables» por encargo de la Fiscalía de Reggio Calabria. Su muerte, nunca esclarecida del todo, se ha convertido en una advertencia sobre el riesgo que corren quienes intentan arrojar luz sobre un tráfico internacional opaco y potencialmente criminal. En los años siguientes, Legambiente continuó impulsando iniciativas de sensibilización, recordando la importancia de no dejar este asunto sin resolver.

El caso llega a Bruselas

Por primera vez, el asunto se llevó al Parlamento Europeo con el acto «Barcos de la vergüenza y barcos venenosos: el papel de la Unión Europea en la investigación de residuos peligrosos y radiactivos en el Mediterráneo«, promovida por el eurodiputado Sandro Ruotolo junto con Legambiente. En la iniciativa participaron representantes científicos, institucionales y policiales internacionales. El objetivo era aclarar cómo estos hundimientos no son un problema aislado, sino un expediente transnacional que involucra rutas comerciales, puertos europeos e intermediarios entre Italia, España, Bulgaria y las costas africanas.

Durante la reunión se presentaron datos actualizados sobre cartografía de naufragios y tecnologías de seguimiento de los fondos marinos, desde radares de penetración terrestre hasta análisis químicos avanzados. Se discutió la urgencia de aunar conocimientos científicos, cooperación judicial y herramientas de transparencia democrática para transformar informes, denuncias y estudios en acciones concretas.

Seis propuestas para arrojar luz

Legambiente ha presentado seis propuestas a la Comisión Europea y al Parlamento de la UE. Adquirir toda la documentación disponible sobre presuntos hundimientos, incluidas las investigaciones de la Comisión Parlamentaria Italiana y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Luego, lanzar programas científicos y ambientales específicos en el fondo marino de presuntos naufragios y utilizar tecnologías de monitoreo avanzadas, inspirándose en proyectos como NODSSUM (Nuclear Ocean Dump Site Survey Monitoring). Al final, Involucrar a EURATOM para investigar cualquier residuo radiactivo producido o transitado. entre los años 80 y 90, activar a Europol e Interpol para reconstruir las redes criminales de tráfico de residuos tóxicos y radiactivos y lanzar una investigación europea de investigación sobre los «buques desechables» y los residuos tóxicos y radiactivos, incluidos los países costeros y africanos implicados en el mismo tráfico.

Segundo Enrique Fontana de Legambiente, «no podemos permitir más silencios: la verdad y la justicia son un deber hacia quienes, como De Grazia, han dedicado su vida al bien público».

Fondos que hablan

En el fondo del mar Mediterráneo, las corrientes, la erosión y las actividades humanas pueden mover o liberar materiales peligrosos que han permanecido sumergidos durante décadas. Esclarecer lo que contienen esos restos hoy no es sólo un acto de recuerdo, sino una necesidad concreta para la protección del medio ambiente y la prevención de accidentes.

La historia del «barcos venenosos» o «barcos desechables«Es también una prueba de transparencia y responsabilidad: abordar el pasado es esencial para dar credibilidad a las políticas actuales en materia de residuos y proteger el futuro del mar. El Mediterráneo merece saber lo que hay bajo la superficie y ver por fin la verdad a la luz.

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