Se llama «brecha verde» y ya dice mucho: muy pronto, sólo los más ricos tendrán acceso a las zonas verdes, y por tanto al bienestar resultante, mientras que los menos favorecidos están destinados a zonas grises y peores servicios.
Es el llamado «brecha verde”, precisamente, esbozado por investigadores de la Comisión Europea y la Universidad de Copenhague en un estudio publicado en Comunicaciones de la naturalezasegún el cual menos del 15% de las personas que viven en las 862 ciudades analizadas tienen acceso adecuado a árboles, sombra y espacios verdes. Ergo: muy pocas personas acceden fácilmente al verdor y a la naturaleza con efectos beneficiosos para la salud y el bolsillo.
El estudio también muestra que las ciudades del noroeste más rico de Europa tienen el doble de probabilidades de cumplir los estándares 3-30-300 que las del sur y el este de Europa, es decir, las directrices para el buen vivir que recomiendan ver al menos tres árboles desde tu casa, que el 30% del barrio en el que vives esté cubierto de vegetación y que vivas a menos de 300 metros de un parque.
el estudio
El estudio destaca una realidad que muchas personas ya viven en su vida diaria: no todos los barrios son iguales ante el calor, la contaminación y la falta de espacios públicos habitables. De hecho, las zonas más verdes suelen coincidir con los asentamientos más ricos. Por el contrario, en los barrios más frágiles y densamente urbanizados, donde la necesidad de árboles, sombra y parques suele ser mayor, la presencia de la naturaleza es más escasa.
Es aquí donde el verde urbano deja de ser sólo una cuestión ambiental y se convierte también en una cuestión social, ya que tener árboles cerca de casa significa poder afrontar mejor las temperaturas extremas, tener lugares de reunión, reducir el estrés y mejorar la salud. Sin embargo, no tenerlos significa estar más expuestos a los efectos de la crisis climática.
La regla 3-30-300 fue diseñada precisamente para hacer comprensible un principio fundamental: lo verde debe ser cercano, visible y extendido: una ciudad verdaderamente sostenible debe garantizar la naturaleza incluso en los barrios periféricos, populares y más vulnerables.
El hallazgo más fuerte del estudio es que el La mayoría de las ciudades europeas no garantizan hoy un acceso equitativo a la naturaleza urbana. Según los autores del estudio, es necesario un verdadero cambio de paradigma en la planificación urbana: la vegetación ya no puede tratarse como un elemento decorativo o como un lujo que se añade posteriormente, sino que debe convertirse en una infraestructura esencial, como el transporte, las escuelas y los servicios sanitarios.
Si las nuevas intervenciones verdes terminan sólo en zonas centrales, turísticas o ya ricas, el riesgo es ampliar aún más las desigualdades. Por el contrario, una verdadera estrategia de reforestación urbana debería partir de las zonas más expuestas al calor, más urbanizadas y con menor acceso a los espacios públicos.
El mensaje del estudio es claro: en las ciudades europeas, la vegetación sigue siendo con demasiada frecuencia un privilegio. Pero en medio de la crisis climática debería considerarse un derecho. Para todos, no sólo para aquellos que pueden permitirse el lujo de vivir en barrios arbolados.