El verano aún no ha llegado a su pleno apogeo, pero las señales ya son las que preceden a una nueva emergencia hídrica. El río Po, el recurso de agua dulce más importante del país, vuelve a mostrar cifras alarmantes: en Borgoforte, en la zona de Mantua, el caudal se ha desplomado hasta los 383 metros cúbicos por segundo, lo que supone un déficit del 76% con respecto a la media histórica. En Pontelagoscuro, en la provincia de Ferrara, el Gran Río ya ha descendido por debajo del umbral de los 450 metros cúbicos por segundo necesarios para contrarrestar la subida de la cuña de sal del mar.
La alarma la dio el Observatorio ANBI de Recursos Hídricos, que fotografía un país dividido entre un Sur relativamente seguro gracias a las abundantes reservas acumuladas en los últimos meses y un Centro-Norte cada vez más expuesto a los efectos de la crisis climática.
En los próximos días seremos testigos de una situación meteorológica emblemática: se esperan temperaturas en torno a los 26°C tanto en Cortina d’Ampezzo, a más de 1.200 metros sobre el nivel del mar, como en Agrigento. Del mismo modo, se esperan 29°C tanto en Cadore como en Catanzaro. Una anomalía que se produce tras una primavera excepcionalmente cálida, la segunda más cálida registrada en Italia desde 1950, con temperaturas 1,26°C superiores a la media.
En los Alpes y en el noroeste, las anomalías térmicas han superado a menudo los 1,5°C, acelerando la desaparición de la nieve y reduciendo drásticamente el agua disponible para alimentar ríos y acuíferos durante el verano. Las consecuencias ya son evidentes. En Lombardía, el contenido de agua de la nieve (equivalente en agua de nieve) registró déficits superiores al 60%, mientras que en Piamonte el déficit alcanzó hasta el 81% en algunas zonas montañosas. En el Véneto, ya en mayo, la nieve sólo resistía por encima de los 2.900 metros sobre el nivel del mar.
La falta del tradicional aporte derivado del deshielo tiene un impacto directo en las vías fluviales, se lee en la nota de ANBI. Los niveles freáticos siguen disminuyendo, mientras que muchos ríos registran caudales muy por debajo de los valores normales. Particularmente crítica es la situación del Tanaro, en el Piamonte, donde apenas fluyen 11,1 metros cúbicos de agua por segundo, frente a una media histórica de más de 106 metros cúbicos por segundo: falta casi el 90% del recurso.
Los grandes lagos empiezan a perder altitud
El sistema hídrico del Norte todavía se sustenta sobre todo en grandes lagos prealpinos y embalses artificiales, alimentados por las intensas lluvias de los últimos meses. Sin embargo, también estas señales empiezan a debilitarse: según los datos, los niveles del lago Mayor, del lago de Como y del lago de Garda han vuelto a estar por debajo de las medias históricas, mientras que sólo el lago Iseo mantiene valores relativamente altos. En Lombardía, las reservas globales de agua son un 26,5% inferiores a la media, debido principalmente a la escasez de nieve.
Según ANBI, uno de los principales problemas críticos sigue siendo la falta crónica de infraestructura para almacenar el agua de lluvia. En los dos primeros meses del año, sólo en el Véneto se perdieron casi mil millones de metros cúbicos de agua que podrían haberse recogido y conservado.
Un hecho que vuelve a poner en el centro del debate la necesidad de crear nuevos embalses multifuncionales e intervenir en una red hídrica que sigue desperdiciando enormes cantidades de agua potable. Un problema estructural que hace que el país sea particularmente vulnerable: por un lado, fenómenos meteorológicos cada vez más extremos y concentrados y, por otro, la incapacidad de retener un recurso precioso cuando está disponible.
Como somos en el sur
La situación parece más favorable en el sur: en Calabria los embalses de Menta y Alaco están cerca de su capacidad máxima, mientras que en Basílicata los embalses de Pertusillo y Monte Cotugno contienen más de 331 millones de metros cúbicos de agua. Incluso en Apulia, Cerdeña y Sicilia las reservas son en gran medida suficientes para afrontar la temporada de verano.
Sin embargo, esto no significa que se evite el riesgo. El Mediterráneo sigue registrando temperaturas superficiales muy por encima de las medias históricas, con valores entre 28 y 29°C en el centro-sur del mar Tirreno. Mares cada vez más cálidos suponen mayor energía disponible para fenómenos meteorológicos extremos, como demuestran los tornados y ciclones mediterráneos que han afectado a diversas zonas del país en los últimos meses.
La situación actual del Po representa uno de los indicadores más evidentes de la transformación climática en curso. Inviernos más suaves, menos nieve, veranos más largos y temperaturas más altas están alterando profundamente el ciclo natural del agua.
Con el posible regreso de El Niño y la llegada de las semanas más calurosas del año, el riesgo es que en 2026 Italia vuelva a sufrir una nueva gran sequía. Y mientras el clima cambia cada vez más rápido, el país sigue enfrentando un problema no resuelto: la dificultad de conservar y gestionar eficazmente el agua cuando está disponible, para no quedarse sin ella cuando sea necesaria.