La peor noticia para los conductores de diésel a partir del 1 de enero de 2025

AdBlue bajo lupa: controles más estrictos y sanciones elevadas

A partir del 1 de enero de 2025, los conductores de diésel se enfrentarán a un escenario más riguroso respecto al sistema AdBlue. Las autoridades de control técnico reforzarán las comprobaciones y penalizarán con firmeza cualquier manipulación del equipo antipolución. La medida busca reducir las emisiones nocivas, pero también plantea nuevas obligaciones para los propietarios de vehículos.

El mensaje es claro: la desactivación del AdBlue o la instalación de dispositivos de emulación será detectada y sancionada. Quien incumpla se arriesga a una multa de hasta 7.500 €, además del rechazo de la inspección y la posible inmovilización del coche. El objetivo es disuadir prácticas ilegales que elevan las emisiones y perjudican la calidad del aire.

Qué es AdBlue y por qué causa problemas

El AdBlue es una solución de urea diseñada para reducir los NOx en motores diésel mediante el sistema SCR. Al inyectarse en el escape, transforma los gases nocivos en vapor de agua y nitrógeno inofensivo. En condiciones normales, es una tecnología eficaz y probada para cumplir con los límites de emisiones.

La dificultad surge con la cristalización del líquido, fenómeno que puede atascar inyectores, dañar depósitos y afectar sondas o bombas. Estas averías implican reparaciones costosas, que con frecuencia superan los 1.500 € si el vehículo ya no tiene garantía. Frente a ese gasto, algunos usuarios recurren a la desactivación del sistema, una salida aparentemente barata pero claramente ilegal.

La cristalización suele agravarse con temperaturas extremas, mantenimientos irregulares o recargas con productos no homologados. Una gestión preventiva del depósito y el uso de fluidos certificados pueden reducir el riesgo de fallos. Aun así, la complejidad del sistema no siempre facilita su fiabilidad a largo plazo.

Costes ocultos y presión de los consumidores

La organización de consumidores UFC‑Que Choisir ha documentado numerosas quejas por fallos del AdBlue, con especial incidencia en Citroën y Peugeot del grupo Stellantis. El problema, sin embargo, afecta a múltiples marcas y no se limita a un único fabricante. En los casos más graves, el coche puede negarse a arrancar cuando detecta un sistema inoperativo.

En algunos países se han alcanzado acuerdos de compensación entre fabricantes y clientes, mientras otros avanzan con más lentitud. Para muchos conductores, la clave es que se asuma la responsabilidad por defectos que derivan en altos costes fuera de garantía. La regulación de 2025 añade presión para que la industria mejore la fiabilidad y la atención posventa.

Revisión técnica 2025: detección y consecuencias

Los centros de inspección dispondrán de procedimientos para identificar la desactivación del sistema mediante lectura OBD, comprobaciones de sensores y análisis de coherencia. Si se detecta una manipulación del AdBlue, el informe será desfavorable y conllevará una sanción de 7.500 €. Además, el vehículo no superará la revisión hasta restituir el sistema a su estado original.

Las flotas y los profesionales del transporte también estarán bajo mayor vigilancia, dado el impacto agregado de sus emisiones. Más allá de la multa, la manipulación puede afectar al valor de reventa y a la imagen de cumplimiento ambiental. La recomendación es mantener el sistema en condiciones óptimas y documentar cada intervención técnica.

Puntos clave y cómo prepararse

  • Desde enero de 2025: controles de ITV reforzados y detección fiable de manipulación del AdBlue.
  • Sanción prevista: multa de hasta 7.500 € y rechazo de la inspección por anular o alterar el SCR.
  • Prevención: usa AdBlue conforme a la norma ISO 22241 y evita productos de dudosa procedencia.
  • Mantenimiento: revisa boquillas, bombas y sensores, y actúa ante cualquier aviso en el cuadro.
  • Temperatura: evita largos periodos en frío o calor extremo, y estaciona en lugares más protegidos cuando sea posible.
  • Documentación: conserva facturas y reportes de taller para acreditar un uso correcto del sistema.
  • Software: aplica actualizaciones de fabricante que mejoren la gestión del AdBlue.
  • Legalidad: no instales emuladores ni recurras a anulaciones, porque el riesgo económico y legal es alto.

Una advertencia oportuna

“La atajo de hoy puede convertirse en la factura de mañana; mantener el AdBlue operativo es la única decisión sensata”. Esta reflexión resume el nuevo equilibrio entre costes, cumplimiento y responsabilidad. El marco de 2025 no solo castiga la manipulación, también impulsa una cultura de mantenimiento preventivo.

Para los conductores de diésel, el camino pasa por cuidar el sistema, planificar revisiones y exigir a los fabricantes respuestas eficaces. Con controles más estrictos y sanciones disuasorias, la mejor estrategia es la transparencia y el cumplimiento técnico. El resultado debería ser un parque más limpio y una relación más honesta entre marcas, talleres y usuarios.

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