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A contracorriente: la Argentina le abre la puerta a la producción de salmón

Mientras que muchos países desarrollados restringen su producción por el impacto ambiental que genera, el Gobierno analiza autorizar las salmoneras. Antibióticos, colorantes y otros riesgos para la salud.

1 de junio de 18 . 14:07hs
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Fermín Koop

“El salmón es cinco veces más tóxico que una hamburguesa de cualquier cadena de comidas rápidas. Es veneno”, sostuvo alguna vez el reconocido chef  francés Christophe Krywonis y dejó a muchos con el sushi atragantado.

Con las palabras del célebre jurado de la versión argentina de Masterchef, el salmón pasó a sentarse en el banquillo de los acusados en el país.

Razones no faltan. Su productores a nivel industrial, criaderos concentrados en Chile y Noruega, no esconden el  hacinamiento de los peces en las jaulas.

Tampoco niegan el uso de colorantes artificiales; ni mucho menos, la aplicación de antibióticos para evitar enfermedades.

Cada jaula de criadero puede albergar hasta 50.000 salmones. FOTO: Daniel Casado

En los países desarrollados, los estudios sobre la toxicidad del salmón industrial proliferan como los locales de sushi en los ’90.

A nivel local, por ejemplo, el Instituto de Tecnología de la Fundación UADE realizó un relevo que abarcó a más de 100 piezas de salmón de 38 comercios de la Ciudad de Buenos Aires.

¿El resultado? El 66% de los filetes de salmón rosado, todos importados desde Chile, contenía restos de flumequina y clorhidrato de oxitetraciclina, dos medicamentos que podrían traer diversos problemas para la salud.

A pesar de los estudios y de las advertencias de los especialistas, Argentina comenzará en las próxima semanas estudios de factibilidad para iniciar la producción en el país, específicamente en el Canal de Beagle, en Tierra del Fuego.

En estos días el Gobierno argentino comenzará los trámites para autorizar la producción de salmón

La firma de un convenio con Noruega –primer productor de salmón del planeta– abrió la puerta a impulsar su desarrollo, generando preocupación de diversos expertos por su potencial impacto ambiental.

El primer paso, confiaron voceros de la Subsecretaría de Pesca y Acuicultural de la Nación,  será realizar evaluaciones de los parámetros y sitios potencialmente adecuados para el desarrollo de la producción del salmón en Argentina.

Ello permitirá “tomar medidas para proteger el ambiente y desarrollar una actividad sustentable,” afirmaron en diálogo con ACONCAGUA.

Impacto ambiental

Pero dichos estudios son vistos como una mera formalidad para especialistas en biodiversidad y organizaciones ambientales, que vienen siguiendo hace años el interés de expandir la producción en la Patagonia.

Su desarrollo, aseguran los expertos consultados, violaría el Convenio de Diversidad Biológica, un acuerdo internacional firmado por Argentina que prohíbe la introducción de especies exóticas como el salmón.

“Hay grandes chances de que se instalen las salmoneras. Tienen el capital y los inversionistas interesados. Estamos sumamente preocupados: avanzar con su desarrollo provocaría daños irreversibles al ambiente”, sostuvo a ACONCAGUA Alexandra Sapoznikow, coordinadora del Foro para la Conservación del Mar Patagónico y Áreas de Influencia.

Chile es segundo productor mundial de salmón, detrás de Noruega.

Es que no solo la salud de los consumidores corre riesgo con la instalación de factorías de salmón en el mar argentino.

También organismos invertebrados únicos de la región, como corales de agua fría y esponjas, se verían afectados por la introducción de esta especie, afirman especialistas.

En Chile y Noruega, los pescados viven a base de alimento balanceado a base de harina de soja y gran parte de este termina en el fondo marino, generando exceso de nutrientes y baja cantidad de oxígeno en el mar.

Especies marinas únicas en la región se verían afectadas por la introducción del salmón

Al mismo tiempo, la diversidad de peces nativos de la zona se podría ver alterada: los salmones tienden a escaparse de las jaulas y, al no tener predadores naturales, se alimentan de otros peces y actúan como depredadores del mar.

La historia se repite: lo mismo ya ocurrió con las truchas introducidas en los ríos y lagos patagónicos de Argentina y Chile hace más de un siglo.

“El salmón no es una especie nativa y eso trae problemas. Como es carnívoro, devora a otras especies alrededor y compite con ellas”, afirmó a ACONCAGUA Estefanía González, coordinadora de Océanos en Greenpeace Chile.

Y agregó: “La Patagonia tiene condiciones geográficas únicas y una gran diversidad ambiental. Una actividad industrial e intensiva de una especie exótica no es compatible con esa diversidad”.

Made in Chile

Ya sea para sushi, en ensaladas o en filete, la totalidad del salmón rosado que se come hoy en el país proviene de criaderos chilenos.

Del país trasandino se importan principalmente dos especies: Salmon salar (más conocido como salmón del Atlántico) y Salmon coho (también llamado salmón del Pacífico).

Las cifras oficiales marcan que Chile exporta 820.000 toneladas de salmón por año al mundo, que representan unos u$s 4.700 millones de dólares. De ese total, Argentina importa 8100 toneladas, principalmente para sushi.

La producción empezó hace 30 años en Chile y está a cargo principalmente de empresas noruegas, chilenas y japonesas.

Los argentinos consumen 8100 toneladas de salmón al año.

“El negocio está saturado en Chile y lo quieren expandir a Argentina. Es un lugar perfecto para la industria ya que se instalarían en zonas mayormente despobladas de la Patagonia. La situación del Mar Argentino es brutal desde hace mucho tiempo y nadie se va a preocupar por evitar los impactos del salmón en la biodiversidad”, sostuvo a ACONCAGUA Soledad Barruti, periodista y autora del libro Malcomidos.

Diversas prácticas utilizadas en la producción de salmón son frecuentemente cuestionadas por especialistas.

Por ejemplo, las jaulas de producción están rodeadas de redes con pinturas en base a metales pesados como el cobre, para así evitar que se adhieran organismos marinos. Dichas sustancias son altamente tóxicas y dañinas para la biodiversidad.

Al mismo tiempo, se utilizan colorantes para que la carne del salmón sea rosada, ya que en realidad al producirlo de manera industrial la carne es de color blanco.

Sucede que el salmón silvestre se alimenta de camarones y cangrejos y eso es lo que le da su particular color, el cual no se obtiene al alimentarlos en base a un alimento balanceado.

 

Los países desarrollados ya advierten sobre las diferencias entre el salmón de granja (izq) y el salvaje (der).

“Cada jaula puede tener entre 30 y 50 mil ejemplares de salmones, los cuales al defecar todo el día contaminan el fondo marino. Las fecas se descomponen y producen nitrógeno y oxígeno que alteran el agua y llevan al florecimiento de algas tóxicas”, sostuvo a ACONCAGUA Juan Carlos Cárdenas, director de la ONG chilena Ecoceanos.

Ante las críticas, Arturo Clement, presidente de SalmónChile, la cámara que agrupa a las empresas productoras de salmón en el país vecino, defiende al sector y asegura que los pescados “nadan libremente en las jaulas” y que por lo tanto el hacinamiento es menor que en otras industrias como las del cerdo y el pollo.

“El alimento balanceado es orgánico y el salmón es muy eficiente en su consumo. De todos modos, dejamos descansando el sitio de producción tres meses para rehabilitar los fondos marinos y evitar cualquier impacto en la fauna,” afirmó a este medio.

Antibióticos en alza

La producción industrial de salmón puede significar problemas para la biodiversidad pero también para los consumidores, expuestos a los altos niveles de antibióticos que se usan en la producción.

Se estima que Chile usa 700 veces más antibióticos que Noruega, que produce el doble de pescados con la mitad de cantidad.

La cifra más reciente es de 2016 por un total de 382 mil kilos de diversas sustancias. Las empresas productoras no divulgan las cifras por lo que organizaciones ambientales tuvieron que ir a la justicia para obtenerlas.

Chile usa 700 veces más antibióticos que Noruega en sus salmones

De acuerdo con las cámara salmonera chilena, el salmón llega a los consumidores sin antibióticos, los cuales se usan como promotores de crecimiento y no de manera preventiva.

El productor debe respetar un período de carencia, es decir, dejar pasar un lapso para que el pez metabolice el químico y lo elimine de su cuerpo.

Pero si tal como lo demostró el relevamiento de la UADE en Buenos Aires, existen restos de medicamientos, los antibióticos a través de la ingesta de salmón puede generar resistencia a los mismos, utilizados para tratar diversas enfermedades.

Es por ello que la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) han pedido a las empresas que utilicen los antibióticos de manera responsable.

“Se usa una cantidad exorbitante de antibióticos y no hay regulaciones que controlen su uso. La industria le da antibióticos a salmones sanos para evitar que se enfermen. Además, hay problemas de fiscalización y control que aseguren que se respete el periodo de carencia.”, sostuvo Cárdenas desde Chile. Y advierte: “El consumidor no sabe lo que está comiendo”.

Mientras que Argentina le abre las puertas, en distintas regiones a nivel global se está avanzando en restringir la producción de salmón por el impacto que genera. El caso del estado de Washington, en Estados Unidos, es el más reciente respecto a la prohibición instalar centros de cultivo.

Se estima que solo el 35% de la población mundial de salmón es salvaje.

Al mismo tiempo, grandes cadenas de supermercados de Estados Unidos y Canadá han rechazado en los últimos años las importaciones de salmón de Chile por su alta cantidad de antibióticos.

Eligen comprar exclusivamente pescados de Noruega por su mucho más bajo contenido en químicos.

“Argentina todavía está a tiempo de tomar decisiones correctas. Tiene una oportunidad histórica de evitar la instalación de este modelo y apuntar a un desarrollo armónico con el ambiente. La Patagonia es un sitio de importancia clave por su diversidad biológica y se podría ver seriamente afectado”, concluyó González.

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Domingo

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