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La moda incómoda: ¿deberíamos repensar nuestra relación con la ropa?

El futuro de la moda será consciente, o no será.

29 de abril de 18 . 14:43hs
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Dafna Nudelman

¡Qué linda campera! ¿Dónde la compraste? ¿Cuánto te costó?

Hasta hace poco tiempo atrás, no teníamos muchas más preguntas que esas con respecto a nuestra ropa.

Todo cambió el 24 de abril de 2013, cuando el derrumbe de un edificio en Bangladesh dejó más de 1100 muertos y miles de heridos, la gran mayoría trabajadores en talleres de indumentaria en pésimas condiciones de trabajo.

La tragedia marcó un antes y un después para la moda y las preguntas pasaron a ser mucho más incómodas para la industria textil: ¿quién hizo mi ropa? ¿Fue un niño en Indonesia, una mujer vietnamita explotada o un hombre en un taller clandestino en La Matanza?


Por eso desde 2015, en la última semana de abril se celebra la #
FashionRevolutionWeek.

En todo el mundo se organizan cientos de eventos que nos invitan pensar, entender y fundamentalmente a actuar respecto a nuestra relación con la ropa y la moda.

“En la Argentina armamos equipos de clusters de hacedores, emprendedores y activistas en todo el país, y cada uno lidera y dirige iniciativas locales con su impronta propia, manteniendo el propósito en el centro, pero priorizando la creación colectiva”, explica cuenta Roi Benitez, referente local del movimiento FashionRevolutionArgentina en diálogo con ACONCAGUA. 

Las propuestas van desde talleres, ferias y hasta un día entero de charlas para conocer las propuestas que están marcando el camino de una moda más sustentable.

Es movimiento global que invita a  repensar nuestra relación con la moda

Roi trabaja hace años para mejorar la industria y fortalecer el trabajo digno. Manifiesta que ahora es momento de un cambio de estrategia. “Necesitamos pasar de la protesta a la propuesta”, sostiene. 

Bajo el lema #QuienHizoMiRopa el movimiento busca concientizar sobre los problemas que trae la tendencia mundial al fast fashion: producciones masivas con mano de obra esclava en países del tercer mundo, y colecciones que pasan de moda muy rápido y se venden barato en países del primer mundo.

Según un estudio de la consultora McKinsey&Co, el fast fashion hace que las personas compren hasta un 60% más de ropa que en el año 2000, pero a su vez la duración de cada prenda en su placard se redujo a la mitad de tiempo.

Costos (no tan) ocultos

“La moda rápida no es gratis. Alguien, en algún lugar, está pagando por ello”, es la frase de la periodista especializada en moda Lucy Siegle, que retumba en la industria.

Estos costos escondidos hacen referencia a trabajadores explotados, pero también hablan de los costos ambientales que implica la fabricación de textiles.

El impacto ambiental de la industria textil está bajo la lupa como nunca antes.

De hecho, muchas materias primas naturales requieren enormes cantidades de agua para su tratamiento y tintura, lo que termina contaminando ríos y mares por falta de tratamiento.

Por su parte, las materias primas sintéticas consumen menos agua, pero generan más emisiones de gases del efecto invernadero.

Otro de los impactos particulares de la industria son los residuos textiles que se generan no sólo en la producción, sino también ante el descarte de los consumidores. 

“Trabaje durante 20 años en marcas de indumentaria masiva. Vi muchas prendas y telas en buen estado que se descartan”, expresa Lucila Dellacasa, diseñadora sustentable que trabaja recuperando retazos y textiles en desuso. 

Y agrega: “Después de eso no me dieron ganas de comprar más telas nuevas, pienso que la producción de indumentaria en el mundo ya es demasiado grande”, sostiene Lucila, quien es miembro de  Ropa Limpia Argentina, organización que busca promover buenas prácticas en la industria.

“Estoy en contra de la moda descartable y mi forma de manifestarme es reutilizarla. El principal desafío de trabajar con textiles recuperados es lograr una producción seriada, crecer en escala y aplicar la reutilización en sistemas de producción más tradicionales”, explica Lucila.


Invisible a los ojos

La transparencia, la trazabilidad y el trabajo justo y consciente es el fuerte principal de muchos emprendimientos sociales

Pero a la vez representa enorme un desafío para las grandes marcas internacionales, que se acostumbraron a meter bajo la alfombra toda la información sobre las condiciones de trabajo y el impacto ambiental de su producción global.

Hoy la gente compra hasta un 60% más de ropa que en el año 2000

Es precisamente en los aspectos del negocio que no se ven donde se necesita más transparencia. Los interrogantes son muchas y las respuestas, en la mayoría de los casos, silencio.

El Fashion Transparency Index es un estudio sobre las marcas más grandes de la moda a nivel global. 

Evalua qué tanto revelan sobre sus políticas internas, sus prácticas sociales, su cuidado del ambiente y su impacto.

Los resultados desde año son elocuentes: de las 150 marcas evaluadas, sólo 10 lograron puntajes mayores a 50/100, y ninguna superó los 60 puntos.

Muertos en el placard

Si bien los fríos números dejan en evidencia a las grandes empresas, el estudio sobre fast fashion de McKinsey apunta también a los consumidores, 

“Los aumentos en las ventas sugieren que la mayoría de los compradores pasan por alto o toleran los costos sociales y ambientales de la moda rápida”, remarca el informe. 

Sin embargo, algunas marcas parecen estar anticipándose a la condena negativa de los consumidores y empezaron a remediar el impacto, en gran medida invisible, del negocio de la moda rápida. 

Adidas lanzó al mercado zapatillas hechas con botellas de plástico reutilizadas y otros materiales plásticos que consiguieron limpiando las costas y los océanos. 

Lo hizo de la mano de la ONG Parley for the Oceans y ya vendió miles de pares. 

Otra innovación en materiales sustentables es el desarrollo de Nike con la introducción de “Nike Flyleather”. 

Se trata de un material realizado con un 50% fibras de cuero recicladas, usa un 90% menos de agua y genera la mitad de la huella de carbono que un par de zapatillas tradicionales. 

Paradójicamente –o no tanto–. uno de los gigantes de la moda rápida, H&M, presentó recientemente su nueva colección consciente llamada Conscious Exclusive.

Incorpora prendas, calzado y accesorios confeccionados con materiales más sustentables, orgánicos o reciclados, como por ejemplo una fibra proveniente de la pulpa de eucalipto llamada lyocell.

Nike también innovó en sus materiales.

Los expertos la llaman “la fibra celulósica más respetuosa con el medio ambiente” y, a diferencia del algodón, requiere menos agua en su tratamiento.

Aunque incorporar nuevos materiales y mejorar procesos productivos para reducir el impacto ambiental sean buenas prácticas, lo cierto es que H&M sigue siendo un ícono del fast fashion. 

“Lo primero que tendrían que hacer las grandes marcas es reducir su producción. Producen más prendas de las que venden”, señala Marina López, presidenta de la Asociación de Moda Sostenible de España.

Moda sustentable

En este sentido, es la marca Patagonia la que lleva la vanguardia con su exitosa campaña “Worn wear” que desincentiva la compra de prendas nuevas y anima a sus clientes a remendar y reparar su ropa. 

Además, la empresa fundada por Yvonn Chouinard canjea la ropa usada por crédito y recibe las prendas que no tienen arreglo para reciclarlas.

Siguiendo esta filosofía, la diseñadora argentina Florencia Dacal, además de desarrollar DACAL, su proyecto de diseño sustentable reconstituyendo prendas, se propuso contagiar su pasión por el oficio. 

Junto a Fauna Brava dieron origen al Club Social de Costura. “Pienso que todos deberíamos saber coser. Hacer o remendar nuestra propia ropa es una experiencia empoderadora. Cuidar nuestras prendas es una forma de valorar el trabajo y los recursos necesarios para fabricarla”, manifiesta Florencia a ACONCAGUA.

El Club Social de la Costura propone un cambio de hábito.

La propuesta del Club está en línea con los tres mandamientos del consumo responsable: “Comprar menos, elegir bien, hacerlo durar”, frase acuñada por la diseñadora británica Vivianne Westwood que trascendió el mundo de la moda y llama a un cambio de hábitos en el rol de los consumidores.  

“Todos podemos hacer un esfuerzo para que el futuro de la moda sea más sustentable. Todos estamos involucrados, todos nos vestimos. Al momento de elegir que vestir, pensemos y sepamos que nuestro gesto hace la diferencia”, concluye Florencia. 

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Slow fashion: ¿sabés quién hizo tu ropa?

  • Ana . 16:39hs

    Excelente la nota!! Un beso

  • Mónica . 17:56hs

    Me interesa saber sobre el Club Social de Costura. Adónde funciona y como se hace para concurrir
    Gracias

  • Greiis . 21:12hs

    H&M hace días anunció q incinerará toneladas de ropa , por estar sobrepasado en stock . Esto será después de su gran liquidación. ?

  • Lucia ZaVALA . 07:47hs

    Me agradan vuestras notas! Vivo en Rosario -Argentina- y hace un tiempo he tomado conciencia de cuánto contamina la Industria de la Moda. Me puse a trabajar en ello creando un grupo para REUTILIZACIÓN de Indumentaria excedente de placard que ya cuenta con mas de 8500 miembros mujeres y recientemente una página con info al respecto para comenzar a generar conciencia de que debemos cambiar la relación que tenemos con nuestro vestuario, Eco Glamorosa se llama (https://www.facebook.com/EcoGlamorosa/), aún me falta tanto camino para recorrer, en mi ciudad NO se habla de esto. Hicimos un desfile con ropa usada, maravilloso, el público asistente quedó encantado con la propuesta, pero la prensa local en gral., le restó importancia a la iniciativa, …como que no les pareció importante que sigamos contaminando con nuestra ropa!. Gracias por vuestras notas!

Domingo

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