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Playas secretas, surf y chamanes en las misteriosas islas Mentawai

Destino inexplorado, meca de los buscadores de olas, este archipiélago de Indonesia es una joya natural para conocer y también proteger.

26 de abril de 18 . 14:38hs
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Tamar Terzakyan

En la era de la globalización, de la explosión de las low cost y de las omnipresentes promociones de pasajes en Internet, todavía hay ciertos destinos que permanecen ocultos.

Sitios que suelen ser paradisíacos y que solo aquellos que se aventuran por caminos exigentes los disfrutan, como el escalador y la cima de una montaña.

Algo de eso tienen las islas Mentawai, un rincón exótico de Indonesia, salvaje por donde se lo mire,  al que llegan, principalmente surfistas.

Para ellos alcanzar sus playas es hacer cumbre, llegar a las olas perfectas que alguna vez imaginaron.

FOTO: T.T.

Pero en realidad es mucho más que eso, es un viaje de conexión con la naturaleza y de desconexión con el frenesí urbano.

Si abrimos Google Maps y hacemos zoom en Indonesia, posiblemente la primera isla que reconozcamos de nombre sea Bali.

La travesía es una conexión con la naturaleza y una desconexión con el frenesí urbano.

Si enfocamos hacia el oeste, está Sumatra, célebre por haber formado parte del tablero del TEG y por haber sido una de las más perjudicadas por el tsunami de 2004.

Allí se encuentra la ciudad de Padang, punto de partida de la aventura que desemboca en las islas Mentawai.

La travesía

Hay dos formas de conocer este archipiélago secreto. Una más encantadora que la otra.

La primera es dormir en los barcos turísticos que navegan entre las islas durante 7 a 10 días.

La otra opción es viajar con los locales en un ferry nocturno de 12 horas, que además de llevar pasajeros transporta las mercancías para abastecer a las pequeñas poblaciones.

Esta última alternativa es considerablemente más económica y una experiencia en sí misma.

La cama-cucheta es parte de un espacio común que huele a pescado frito y curry, el suelo está bañado de colillas de cigarrillo y cáscaras de maní,  y la mirada de los locales abruma, ya que los turistas se cuentan con los dedos de una mano.

FOTO: T.T.

A las 4.30 am, suenan por altoparlante las oraciones islámicas, recordando al distraído que se está en el país con la población musulmana más grande del mundo.

Por lo general, a Mentawai no se va a la deriva, ya que planearlo sobre la marcha es prácticamente imposible.

Lo más usual es reservar en uno de los tantos Surfcamps, suerte de colonia de vacaciones para surfers.

Al bajarse del ferry, suceden dos cosas: primero hay que pagar un impuesto de US$100 para poder surfear y luego hay que subirse a un ínfimo bote de bambú a motor que transmite una permanente sensación de vuelco.

Esta travesía es épica: se navega por los canales del manglar y luego por mar abierto entre las islas hasta llegar al destino tantas veces soñado.

Isla mística

Una de las islas preferidas por los fanáticos del surf que llegan a este rincón del planeta es Nyang Nyang.

Aquí uno puede dormirse escuchando el mar y los sonidos de las hojas al caer; despertarse y en menos de 10 pasos refrescarse en un mar cristalino y cálido; o caminar descalzo por la jungla, silbando para espantar víboras, porque las hay.

Lo que no hay es agua corriente, ni red eléctrica, ni, por ende, cajeros automáticos; tampoco hay restaurantes, carreteras, autos o locales comerciales, apenas algún isleño ofreciendo sus artesanías.

La consigna en la isla es estar presente, conectado con lo que se está viviendo.

Lo más parecido a la civilización occidental son los Surfcamps. La mayoría son albergues tradicionales de las Mentawai, estructuras a base de bambú y hojas conocidas como uma.

FOTO: T.T.

Se trata de cabañas simples en las que además de una cama se les ofrece a los visitantes desayuno, almuerzo y cena.

Los precios oscilan entre los US$ 30 y US$100 la noche por persona y la diferencia radica en el confort que uno elija: ducha caliente o agua fría, baño compartido o privado, menú internacional o comidas típicas de Indonesia.

Según Paco González, español y socio del Sabbit Mentawai Surfcamp, en Mentawai “se vive una aventura auténtica, ya que sin electricidad, agua corriente o cualquier otra comodidad, se puede ver cómo la gente vive con poco y es feliz”.

La mayoría de los Surfcamps tienen unos pequeños generadores eléctricos. Con lo cual, se suelen encender las luces –y los demandados ventiladores– recién a partir de las 6 de la tarde.

En Mentawai, cada visitante voluntariamente o no, le dice adiós al exceso de comunicación e información.

La consigna: estar presente, conectado con lo que uno está haciendo y viviendo.

“La desconexión para mí fue total, aún cuando se podía pagar caro por tener wi-fi opté desde el día uno avisar a mi familia que iba a estar exactamente un mes desconectad0″, cuenta a ACONCAGUA Lucas Larrain, surfista chileno.

Y agrega: “El celular se guardó bien adentro en la mochila y no se sacó. Lo único que importaba era compartir con la gente alrededor y esperar el momento en que la ola estaba buena para ir al agua.”

Edén surfista

Las islas son un edén perdido en el mapa y la meca al que todo surfista le gustaría peregrinar, al menos una vez.

“Es un lugar mítico entre los surfistas. Todos aquellos que surfeamos en Sudamérica conocemos de alguien que ha ido, o hemos visto videos y soñamos con algún día llegar hasta acá”, cuenta Larrain.

A las Mentawai también se las apoda “Playground”, que significa parque de diversiones en inglés. Olas imponentes y tubulares, tablas que se parten por la fuerza del mar y heridas que se abren por el fondo de coral.

Si bien no es apto para principiantes, cada surfista puede trazar su propio desafío y elegir entre más de 70 puntos para surfear, mientras se disfruta de un paisaje natural único.

Recién salida del agua, Gabriela Dourado, una uruguaya apasionada del surf, describe este destino como “el más alucinante” que ha conocido, principalmente, “por la perfección y constancia de las olas”.

De chamanes, tatuajes y dientes afilados

Si bien la mayoría de los turistas visita las islas en busca de olas, lentamente está creciendo el interés por conocer y experimentar cómo viven los Mentawai, la comunidad semi-nómade originaria de la región.

Con una población de 64.000 habitantes, esta tribu indígena posee una cultura fascinante y bien conservada.

Guiados por sus chamanes creen en la presencia de espíritus y la importancia de vivir en armonía con los dos mundos: el visible y el invisible.

También veneran profundamente a la naturaleza: creen que todo lo que toman de ella debe ser devuelto para mantener el equilibrio del mundo.

FOTO: Indonesia Tourism

Como explica a ACONCAGUA Robby Siagian, mentawai y guía local, la excursión es una experiencia única que incluye navegar en canoa de bambú, pescar, cocinar comida tradicional y hasta ver cómo les inyectan veneno a las flechas.

Los mentawai veneran a la naturaleza y viven en armonía con ella.

El chaman del comunidad es el Sikerei, el hombre más respetado dentro del clan, porque según los lugareños, tiene la capacidad de conectarse y comunicarse con los espíritus ancestrales.

Un rasgo distintivo de los mentawai son los tatuajes, o como lo nombran ellos, titi.

La mayoría lleva uno en su cuerpo, desde los 12 años, porque creen que de ese modo sus ancestros los reconocerán fácilmente en su otra vida.

También suelen, para complacer a los espíritus, afilarles los dientes a las mujeres.

Paraíso en peligro

“Desgraciadamente la esencia de Mentawai se terminará extinguiendo debido al progreso acelerado que está sufriendo la zona”, opinca Paco Gonzalez y explica que cada vez se construyen más cabañas utilizando techos de material, en lugar de las hojas tradicionales.

 

FOTO: T.T.

Además, el gobierno indonesio proyecta nuevos puertos para el funcionamiento de ferries y carreteras.

No sería raro, que en pocos años haya motocicletas y caminos asfaltados en las islas.

Posiblemente, en 10 o 15 años, las islas Mentawai sean el próximo Bali. Las olas seguirán estando, pero ya no el paraíso.

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Diez playas ocultas en Argentina que muy pocos conocen

  • Isabel . 12:35hs

    WOWW! Sin dudas, mi próximo destino…

Domingo

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