PFAS en el agua: en Piamonte se prueba una tecnología que consigue eliminar los «venenos eternos» hasta en un 99%

En los últimos años se ha hablado cada vez más de PFAS en aguay no sólo en contextos técnicos o científicos. El tema ha aparecido en las noticias locales, en las preocupaciones diarias y en las decisiones políticas. Y cada vez surge el mismo nudo: estas sustancias resisten, se acumulan, se mueven. Pero desaparecer es otra historia.

Por eso cada nueva solución se observa con atención, pero también con cierta cautela. Reducir las PFAS significa intervenir en equilibrios químicos muy estables, donde cada paso tiene consecuencias incluso después del tratamiento. En este marco se inscribe la llegada a Italia de una tecnología desarrollada en Australia, ya utilizada en otros países, que pretende intervenir en las aguas residuales.

La experimentación partirá del Piamonte y girará en torno a un sistema que funciona según un principio físico preciso: aprovechar el comportamiento de las PFAS para separarlas del agua, en lugar de intentar destruirlas directamente.

El paso concreto fue el último febrero 2026con un acuerdo entre Erica Srl Y Agua Novara VCOempresa que gestiona el servicio integral de agua en 139 municipios piamonteses. Aquí se instalará la primera planta italiana basada en esta tecnología SAFF40desarrollado por EPOC Medio Ambiente.

El sistema ya se ha utilizado en aproximadamente 40 sitios en todo el mundocuyos resultados indican la capacidad de reducir la presencia de PFAS en aguas tratadas entre 95% y 99%. Un dato que llama la atención, sobre todo teniendo en cuenta lo difícil que es interceptar estas sustancias.

La operación se basa en un mecanismo que sigue la naturaleza de las PFAS. Dentro de la planta, el agua contaminada pasa a través microburbujas de aire. Durante el ascenso, las moléculas de PFAS se unen a la superficie de las burbujas y son transportadas hacia arriba, donde se forma una espuma cargada de contaminantes.

En ese momento se produce la separación. La espuma se recoge y se aísla, mientras el agua continúa con una concentración reducida de PFAS. El proceso continúa constantemente, creando una especie de filtración dinámica que actúa por acumulación progresiva.

La cuestión, sin embargo, está en lo que sucederá a continuación. Los PFAS no se destruyen, pero concentrado en un volumen menorque debe manejarse más adelante. Es una diferencia sustancial, porque desplaza el problema en lugar de cerrarlo por completo. Y abre una cuestión operativa: cómo tratar ese concentrado, con qué tecnologías y con qué costes medioambientales.

La experimentación italiana también servirá a este propósito, además de verificar la eficacia del sistema en condiciones reales, diferentes de las de los sitios ya probados. Diferentes aguas, diferentes contaminaciones, diferentes infraestructuras. Si los resultados son consistentes con los observados en otros lugares, el sistema también podría encontrar espacio en otros contextos. Pero será precisamente la experiencia en el terreno la que defina su papel concreto.

PFAS en el agua, ¿por qué estas sustancias siguen circulando?

Para entender por qué cada intervención en PFAS en agua sigue siendo complejo, debemos volver a su estructura. El sustancias perfluoroalquilas son moléculas en las que los átomos de hidrógeno son sustituidos por átomos de flúor. Esto crea vínculos entre carbono y flúor extremadamente resistente, entre los más estables en química.

De ahí viene su perseverancia. Las PFAS permanecen en el medio ambiente durante años, pasan a través del suelo y el agua, ingresan a los organismos y tienden a acumularse. Por este motivo, a menudo se les llama «contaminantes eternos».

Sus propiedades los han hecho útiles durante décadas. Resisten el agua, la grasa y las altas temperaturas. Fueron utilizados en la producción de sartenes antiadherentesEn el hilo dentalen el fertilizantes agrícolasen los tratamientos de materiales destinados al contacto con alimentos.

El resultado es una difusión amplia y en capas. Las PFAS no se limitan a un único ámbito, sino que se desplazan entre la industria, el medio ambiente y la vida cotidiana. Se pueden detectar en aguas superficiales y subterráneas, y desde allí entran en las cadenas alimentarias. Con el tiempo, las investigaciones han aclarado cada vez más los riesgos asociados a esta exposición prolongada, lo que ha aumentado la presión para encontrar soluciones efectivas. Sin embargo, todas las tecnologías enfrentan la misma limitación: la dificultad de eliminar completamente estas moléculas sin generar nuevos problemas.

En este sentido, la llegada del sistema SAFF40 a Italia representa un paso interesante porque introduce un enfoque diferente, basado en separación y concentración. No es una solución definitiva, al menos por ahora, sino una posible pieza dentro de una estrategia más amplia.

La experimentación en Piamonte se convierte así en un banco de pruebas concreto. No tanto para entender si se pueden reducir las PFAS, sino para evaluar como, a que costo y con qué consecuencias a largo plazo. Porque cuando hablamos de PFAS en aguael tiempo siempre sigue siendo una variable decisiva.

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