A menudo hablamos de crisis climática, pesticidas, agricultura intensiva, pérdida de hábitat. Usamos la palabra “biodiversidad” casi todos los días, como si fuera un concepto familiar, pero hay una pregunta elemental que sorprendentemente aún permanece abierta: ¿Cuántas especies de abejas existen realmente en el mundo?
No es la curiosidad de un entomólogo. Es una cuestión que concierne a nuestra alimentación, la estabilidad de los ecosistemas y, en última instancia, la calidad de vida de todos nosotros. Por primera vez, un estudio publicado en Nature Communications intenta dar una respuesta con bases estadísticas sólidas. El número que surge es mayor de lo que pensábamos: Puede haber entre 24.705 y 26.164 especies de abejas en el planeta. Y, tal vez, nunca podamos conocerlos todos.
Abejas y biodiversidad: por qué su número importa más de lo que imaginamos
Cuando pensamos en las abejas, nuestra imaginación inmediatamente se dirige amiel de abeja o ai abejorros que vemos en los prados primaverales. En realidad estamos hablando de un universo vasto y aún parcialmente inexplorado.
Las abejas representan el grupo de animales polinizadores más importante del mundo. Sin su trabajo silencioso, una parte importante de nuestro sistema alimentario colapsaría. A nivel mundial, el valor económico de la polinización de cultivos agrícolas (ajustado a la inflación) se estima en alrededor de 745 mil millones de dólares australianos por año. Pero reducir todo a una cifra económica sería limitante.
Aproximadamente el 75% de la diversidad de cultivos alimentarios y el 35% de la producción total de alimentos se benefician de la polinización animal. Más del 90% de las plantas con flores, aproximadamente 307.000 especiesdepende de los animales para reproducirse. Las plantas producen oxígeno, absorben dióxido de carbono, regulan la temperatura, protegen el suelo de la erosión y forman la base de las cadenas alimentarias.
Las abejas son un grupo «piedra angular» de los ecosistemas: su desaparición provocaría efectos en cadena difíciles de contener. Comprender cuántas especies existen significa comprender mejor la resiliencia y la fragilidad de los sistemas naturales que nos sustentan.
De estimaciones históricas a nuevos análisis estadísticos
En 2007, el entomólogo estadounidense Charles Michener, en su libro Abejas del mundo, estimó más de 18.000 especies conocidas y más de 20.000 en total. Hoy pasamos el 21.000 especies descritos formalmente, pero todavía eran evaluaciones que no estaban respaldadas por un modelo estadístico global.
La novedad del estudio publicado en Nature Communications reside precisamente en el enfoque. Los investigadores utilizaron más de 8,3 millones de registros de presencia de abejas en todo el mundo, junto con listas de verificación nacionales y una base de datos taxonómica global de alrededor de 21.000 especies ya nombradas. A través de modelos estadísticos estimaron el «límite inferior» del número real de especies existentes.
El principio es intuitivo si lo llevamos a una escala local. Si siempre encontramos las mismas especies abundantes en una zona, es probable que el muestreo esté casi completo. Sin embargo, si emergen muchas especies raras, observadas sólo unas pocas veces, significa que la biodiversidad real podría ser más amplia de lo que se ha detectado hasta ahora. La aplicación de este razonamiento a nivel global da como resultado una estimación más sólida y conservadora.
Hasta 26.164 especies de abejas en el mundo
El resultado habla de una aumentar entre 18% y el 25% en comparación con estimaciones anteriores. En números absolutos eso significa que podríamos tener hasta 26.164 especies de abejas del planeta.
Al ritmo actual de descripción, aprox. 117 nuevas especies por añosería necesario entre 32 y 45 años para catalogarlos a todos. Y esta predicción es conservadora, porque las especies más fáciles de identificar ya han sido descritas, mientras que las restantes podrían ser más esquivas, concentradas en zonas remotas o distinguibles sólo mediante técnicas genéticas avanzadas.
Es probable que los nuevos descubrimientos se concentren en Asia y África, donde la investigación es más compleja y los datos disponibles aún son limitados. En varios países africanos incluso faltan puntos de detección utilizables. Incluso en países económicamente desarrollados como Australia, la ausencia sistemática de análisis genéticos puede llevar a subestimar la riqueza real de las especies, especialmente en el caso de las especies llamadas «crípticas», que son morfológicamente muy similares entre sí.
Un método que cambia la forma en que contamos la vida en la Tierra
El alcance de esta investigación va más allá del mundo de las abejas. El modelo desarrollado demuestra que es posible estimar el número total de especies de un grupo biológico utilizando datos ya existentes y herramientas estadísticas avanzadas. Esto significa poder dirigir mejor las políticas de conservación, establecer prioridades de investigación y proteger de manera más específica áreas donde la biodiversidad aún es poco conocida.
Un análisis de costo-beneficio realizado en Australia estimó que cada dólar invertido en el descubrimiento y documentación de especies aún desconocidas podría generar hasta 35 dólares en beneficios económicos para el país. Invertir en conocimiento de la biodiversidad no es sólo una opción ética o ambiental, sino también una estrategia con visión de futuro desde un punto de vista económico y social.
El verdadero reflejo, tal vez, tenga que ver con el tiempo: entre la crisis climática y la pérdida acelerada de hábitat, podríamos perder especies antes de que siquiera sepamos que existen. Cada nueva especie identificada es una pieza de un complejo mosaico que cuenta la historia de la vida en el planeta.
Saber que podría haber hasta 26.000 especies de abejas nos da una imagen más rica y al mismo tiempo más frágil de la naturaleza. Y es precisamente de esta conciencia que puede surgir un compromiso más concreto para proteger a los polinizadores, reducir el uso de pesticidas, proteger los hábitats naturales y repensar nuestro modelo agrícola.
Por qué saber es el primer paso para guardia.