El nuevo mapa que revela qué hay bajo el hielo de la Antártida (y preocupa a los científicos)

Debajo de la Antártida hay algo más que hielo. Hay todo un continente, con sus arrugas, sus heridas y su historia, que ha permanecido oculto durante millones de años. Ahora, gracias a un nuevo mapa creado desde el espacio, ese mundo invisible finalmente está empezando a tomar forma. Y el descubrimiento es sorprendente: Bajo kilómetros de hielo se esconde un paisaje más complejo de lo que imaginábamostanto es así que los científicos admiten fácilmente que hoy conocemos mejor la superficie de Marte de lo que hay bajo nuestros pies, en el Polo Sur.

El hielo como huella de un continente antiguo.

A menudo se describe a la Antártida como una extensión tranquila y silenciosa, pero la realidad es muy diferente. Es un auténtico continente, formado por montañas, valles, llanuras, cañones muy profundos y ríos antiguos, hoy enterrados. Todo esto permaneció invisible porque estaba cubierto por una capa de hielo de varios kilómetros de espesor, formada a lo largo de decenas de millones de años.

El nuevo mapa nació de un estudio internacional dirigido por investigadores de la Universidad de Grenoble-Alpes y la Universidad de Edimburgo, en colaboración con el Dartmouth College. El trabajo, coordinado por Helen Ockenden y Robert G. Bingham, fue publicado en la revista Ciencia e introduce una forma completamente nueva de “mirar bajo el hielo”.

Los científicos no han perforado la capa de hielo ni excavado bajo tierra. Hicieron algo más sutil: observaron cómo se mueve el hielo en la superficieutilizando datos satelitales de muy alta precisión. Cada pequeña onda, cada variación en el flujo, dice algo sobre lo que hay debajo. Es como leer la huella de un objeto sin verlo directamente. Esta técnica, denominada Análisis de perturbación del flujo de hielo, permitió reconstruir el paisaje oculto incluso en zonas donde faltaban datos directos.

Montañas, cañones y valles que influyen en el clima global

Lo que emerge del mapa es una Antártida sorprendentemente compleja. Hay más de treinta mil valles alpinosrelieves que recuerdan a los Alpes europeos, mesetas similares a las de Escocia y vastas llanuras comparables a las regiones desérticas actuales. En algunas zonas, la tierra se hunde muy por debajo del nivel del mar, con cañones de hasta 3.500 metros de profundidad en la Antártida Oriental y grandes depresiones en la Antártida Occidental.

No es sólo un descubrimiento fascinante desde el punto de vista geológico. Es una clave fundamental para comprender cómo se mueve el hielo y cómo podría derretirse en las próximas décadas. La forma de la tierra debajo de la capa de hielo guía el flujo de hielo: algunas estructuras lo frenan, otras lo canalizan hacia el océano, acelerando su pérdida. Y esto tiene consecuencias directas sobre el aumento del nivel del mar.

Según los estudiosos, muchas de estas formas se remontan a una época en la que la Antártida aún no estaba congelada, hace más de 34 millones de años. Es un paisaje antiguo, parcialmente conservado bajo el hielo como en una cápsula del tiempo. Hoy, sin embargo, ese pasado vuelve a cobrar relevancia, porque determina el futuro de la capa de hielo.

En los últimos años, otros mapas, como Bedmap3 del British Antártida Survey, ya han demostrado lo delicado que es el equilibrio antártico. Si todo el hielo se derritiera, el nivel del mar aumentaría 58 metros. Pero la nueva investigación destaca un punto aún más inquietante: . Incluso aumentos mucho más pequeños, del orden de unos pocos decímetros, serían suficientes para poner en dificultades islas, ciudades costeras y regiones enteras del mundo, incluida Italia.

Helen Ockenden lo dice claramente: observar directamente lo que hay debajo de kilómetros de hielo es muy difícil, y por eso sabemos más sobre Marte y Venus que sobre la Antártida oculta. Este nuevo mapa no es la palabra final, sino un punto de partida. Nos ayuda a comprender dónde mirar mejor, dónde el hielo es más vulnerable y dónde el cambio climático podría afectar primero y con mayor fuerza.

En definitiva, la Antártida sigue haciendo lo que siempre ha hecho: cuéntanos sobre el futuro del planeta, un poco antes. Depende de nosotros decidir si escucharlo o no.

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