¿Cómo ve una abeja el mundo? Las cámaras especiales que nos revelan la visión de los animales

Hay algo ligeramente desestabilizador en la idea de que el mundo que vemos todos los días es, de hecho, sólo una pequeña parte de lo que existe. No es una cuestión filosófica como Matrix, seamos claros. Es pura física: la luz que nuestros ojos pueden percibir cubre una pequeña porción del espectro electromagnético real. Todo lo demás (colores, reflejos, señales luminosas) ciertamente existe, pero es invisible para nosotros. Los animales, en cambio, navegan por él cada día como si fuera lo más natural del mundo. Porque lo es.

Ahora, por primera vez, una cámara desarrollada por el investigador Vera Vasas y el equipo de Laboratorio de color Hanley en la Universidad George Mason nos permite ver lo que hasta ahora sólo podíamos imaginar: el mundo a través de los ojos de otras especies. Ni una simulación aproximada, ni una animación CGI. Una reconstrucción fiel y verificada, con una tasa de precisión superior al 92% en comparación con las técnicas espectrofotométricas tradicionales.

Cómo funciona la visión animal

El punto de partida es biológico. Nuestra visión se basa en tres tipos de fotorreceptores – conos – sensibles a la luz roja, verde y azul. Un sistema tricromático que nos permite distinguir millones de matices, pero que se mantiene dentro de límites precisos. Las aves, por ejemplo, tienen cuatro tipos: también perciben la luz ultravioleta, lo que significa que su mundo es literalmente más colorido que el nuestro. Las plumas de ciertas aves muestran reflejos ultravioleta que nosotros no vemos, pero que para una posible pareja durante el cortejo son muy claros. La elección de pareja, la búsqueda de comida, la orientación: todo depende de señales que nos resultan completamente opacas.

Las abejas funcionan de manera similar. En los pétalos de las flores hay dibujos ultravioletas invisibles al ojo humano que para las abejas son como señales luminosas en la carretera, auténticas pistas de aterrizaje que indican dónde se encuentra el néctar. Vemos una flor amarilla. La abeja ve un mapa detallado.

En el lado opuesto hay perros y gatos, que tienen un visión dicromática: distinguen menos colores que nosotros y algunos tonos entre el rojo y el verde son difíciles de diferenciar. Luego están los casos extremos, esos que parecen sacados de un documental de ciencia ficción. Allá mantis pavo real –un crustáceo marino– tiene entre doce y dieciséis tipos de fotorreceptores, puede percibir luz polarizada e identificar presas y depredadores en el fondo del océano con una precisión que hace que nuestros ojos parezcan instrumentos prehistóricos. Las serpientes de algunas especies tienen receptores sensibles a los infrarrojos, lo que significa que pueden «ver» el calor corporal de los animales incluso en la oscuridad. Los renos perciben la luz ultravioleta: en un paisaje ártico dominado por el blanco, esto les permite distinguir orina, líquenes y huellas en la nieve. La diferencia, en algunos casos, está entre sobrevivir o no.

La cámara de cuatro canales que traduce la visión de los animales

El desafío técnico, hasta ahora, era este: ¿cómo reproducir todo esto de forma precisa, dinámica y utilizable fuera de un laboratorio? Las técnicas tradicionales de falso color requieren condiciones de iluminación controladas, largos tiempos de procesamiento y funcionan mal con escenas en movimiento. El sistema desarrollado por Vasas y sus colegas funciona de manera radicalmente diferente.

La cámara graba cuatro canales de color simultáneamente: azul, verde, rojo y ultravioleta. Luego, los datos se procesan mediante un software que los convierte en unidades de percepción, una traducción matemática que simula la forma en que los fotorreceptores de una especie específica interpretan la luz. El resultado es un vídeo o imagen que imita con gran fidelidad lo que ve un pájaro, un insecto, un mamífero marino.

Un detalle a destacar: la estructura de la cámara es modulares e impresos en 3Dconstruido con componentes comerciales fácilmente disponibles. No es un instrumento destinado únicamente a los laboratorios de investigación más equipados. Puede ser utilizado en el campo por documentalistas, comunicadores científicos y profesores. Esto cambia sustancialmente la escala del proyecto.

Las aplicaciones concretas van desde la investigación científica pura hasta la planificación urbana. Comprender cómo los animales perciben su entorno ayuda, por ejemplo, a repensar la iluminación de las ciudades para interferir menos con la vida silvestre, o diseñar infraestructuras y hábitats artificiales que también tengan sentido para las especies que allí viven, no solo para nosotros. Y luego está el aspecto narrativo: los documentales y los proyectos educativos finalmente podrán mostrar las huellas ultravioleta en las flores, las señales escondidas en las plumas, los contrastes luminosos que guían a los animales en sus movimientos cotidianos. Cosas que ya existían antes, pero que todavía nadie había podido ver realmente.

La cuestión, al final, es bastante sencilla: la realidad no coincide con lo que vemos. Son millones de años de evolución que han moldeado sistemas sensoriales completamente diferentes al nuestro, cada uno de ellos perfectamente adaptado a su entorno. Esta cámara no inventa nada. Él simplemente nos muestra.

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