Cuando en un bar o restaurante nos sirven agua en garrafa o botella con el nombre o logotipo del establecimiento, no significa necesariamente que se trate de agua mineral embotellada en origen. En muchos casos puede ser agua potable procedente de la red pública, sometida directamente en funcionamiento a uno o más tratamientos, como filtración, microfiltración, descalcificación, refrigeración o carbonatación, antes de ser servida a los clientes.
Es lo que comúnmente se define agua tratada. El agua de partida es, por tanto, la del acueducto, ya potable, pero que se modifica mediante un sistema especial antes de su administración, por ejemplo para mejorar su sabor, reducir algunas sustancias o hacerla natural o carbonatada. Precisamente porque entra en juego un sistema de tratamiento, éste también debe gestionarse correctamente y someterse al mantenimiento necesario.
Y es precisamente en este aspecto que el controles por parte de Nas Carabinierique llevaron a cabo en julio una gran campaña en toda Italia verificar los métodos con los que estas aguas son tratadas, embotelladas y servido en bares y restaurantes.
Controles NAS sobre agua tratada
La campaña fue realizada del 1 al 31 de julio de 2026 por Nas Carabinieri, de acuerdo con el Ministerio de Salud, con el objetivo de verificar cómo se embotellan y administran las aguas llamadas tratadas en los establecimientos de restauración.
Durante la operación se realizaron 272 inspecciones en toda Italia y se tomaron 53 muestras para análisis de laboratorio.
El presupuesto destacó 147 situaciones de incumplimiento, correspondientes al 54% de las inspecciones. Además, 126 personas fueron denunciadas ante las autoridades administrativas y sanitarias competentes.
Las irregularidades encontradas dieron lugar a un total de 256 infracciones. Uno de ellos tenía relevancia penal y fue impugnado por comerciar con alimentos con signos falsos. Las otras 255 infracciones fueron de carácter administrativo, con multas por un importe total aproximado de 175 mil euros.
Por tanto, los problemas encontrados por la NAS no se referían sólo a las características del agua, sino también a diversos aspectos relacionados con su gestión y administración. Entre las irregularidades se identificaron indicaciones incorrectas para la venta y administración de productos no preenvasados, así como deficiencias higiénico-estructurales, procesales y de autorización.
Este es un elemento importante para interpretar correctamente la cifra del 54%: no significa que más de la mitad del agua controlada estuviera contaminada o peligrosa. El porcentaje se refiere a las situaciones de incumplimiento encontradas durante las inspecciones, que incluyeron distintos tipos de infracciones.
Durante los controles también fueron incautados 2.000 litros de agua potable sin filtrar y 7 equipos no conformes utilizados en el tratamiento del agua.
Para 10 empresas, sin embargo, se ordenó la suspensión de la actividad por deficiencias higiénico-estructurales y/o de autorización. El valor comercial global de las actividades afectadas por la provisión se estimó en aproximadamente 4,7 millones de euros.
Por qué el mantenimiento del filtro es tan importante
El hecho de que el agua proceda de la red pública y sea potable no significa que el tratamiento realizado posteriormente en un bar o restaurante pueda realizarse sin especiales precauciones.
De hecho, una vez que ingresa al sistema, el agua debe seguir cumpliendo con los requisitos de seguridad. Por este motivo, el correcto mantenimiento del equipo es fundamental: los filtros y otros componentes, si no se gestionan y reemplazan según los procedimientos establecidos, pueden convertirse en una posible fuente de contaminación.
Los sistemas utilizados en restauración pueden incluir diferentes sistemas, desde filtración y microfiltración hasta tratamiento con carbón activado, pasando por ósmosis inversa, refrigeración y carbonatación. Cada uno de estos sistemas requiere una gestión adecuada y controles periódicos.
La operación NAS llama así la atención sobre una distinción que a menudo no es muy evidente para quienes consumen agua fuera de casa: tratar el agua no significa necesariamente mejorar su calidad.
El agua procedente de la red ya está sometida a los controles necesarios para garantizar su potabilidad. Un tratamiento adicional puede cambiar características como el sabor, el olor o el contenido de algunos componentes, pero no hace que el agua sea más segura automáticamente.
De hecho, si la planta no se mantiene correctamente, el sistema de tratamiento puede introducir nuevos riesgos. Es precisamente por ello que, además de la calidad del agua entrante, es fundamental considerar cómo se gestionan los equipos por los que pasa antes de llegar al vaso del cliente.
Fuentes: Nas/Ansa