Bajo un cerro del norte de Chile midieron una cavidad de sal tan grande que cabría una catedral entera

Bajo el silencio mineral del norte chileno, un grupo de geólogos ha confirmado la existencia de una cavidad de sal de dimensiones poco comunes. El hallazgo ocurrió bajo un cerro discreto, entre quebradas secas y costras blanquecinas que parecen nieve, donde el desierto de Atacama esconde vacíos que cuentan historias de agua antigua.

“Es un volumen tan inusual que obliga a revisar lo que creíamos posible en ambientes salinos”, resume la jefa del equipo, la geofísica María Pizarro. A pocos metros de la superficie, la roca de sal se organiza como una arquitectura secreta, con cámaras y puentes frágiles que la sequedad extrema ha conservado por siglos.

Un hallazgo bajo la costra del desierto

El equipo llegó atraído por una anomalía gravimétrica detectada durante un levantamiento regional de exploración. Las mediciones mostraban un “hueco” gravitacional inusual, como si alguien hubiese vaciado una porción de la montaña desde adentro.

“Pensamos primero en un colapso antiguo, pero la señal era demasiado limpia”, explica Pizarro. La intuición llevó a desplegar instrumentos por una ladera árida, donde el viento levanta cristales de halita como si fueran harina salada.

Cómo la midieron

La cavidad se definió con sísmica de ruido ambiental, tomografía eléctrica y un dron de radar de penetración terrestre. Cada técnica añadió una pieza al rompecabezas subterráneo, hasta delinear una geometría sorprendentemente regular.

  • Longitud aproximada: más de cien metros.
  • Altura máxima: comparable a un edificio de diez pisos.
  • Volumen estimado: suficiente para un espacio cívico de gran escala.

“Lo notable es la continuidad del techo salino”, dice el ingeniero Tomás Arancibia. “No es una sumatoria de oquedades pequeñas, sino una cámara con techumbre coherente y pilares colgantes que parecen cortinas petrificadas”.

Un vacío esculpido por la sal

La cavidad es un ejemplo de halokarst, un karst de sal donde el agua disuelve, talla y luego se evapora. En Atacama el proceso es lento pero persistente, guiado por pulsos de humedad antigua que llegaron con nieblas, lluvias esporádicas o con aguas subterráneas ascendentes.

Bajo el cerro, antiguos canales de disolución se unieron, abriendo cámaras que el clima hiperseco dejó casi intactas. “El desierto funciona como un congelador geológico”, explica Pizarro. “Evapora el agua rápido y preserva las formas en halita por tiempos que a escala humana son enormes”.

Los bordes muestran cristales cúbicos, vetas de yeso laminado y delicadas flores de sal que recuerdan cuevas calcáreas, pero con brillo metálico. La ausencia de humedad visible reduce la colonización microbiana, dejando superficies sorprendentemente nítidas.

Implicancias para la minería y la ciencia

El norte de Chile convive con minería de salmuera, nitratos y cobre, y cada vacío subterráneo exige evaluaciones de estabilidad. “No vemos riesgo inmediato de colapso hacia la superficie”, señala Arancibia. Aun así, el equipo pidió un perímetro de protección y monitoreo con inclinómetros y sismómetros.

Para la ciencia, el sitio es un laboratorio de extremos. La cavidad permite estudiar cómo circula la humedad en medios salinos, cómo se forman estalactitas de halita y cómo se sostienen techos delgados bajo tensiones mínimas. “Es un análogo natural para depósitos extraterrestres”, comenta Pizarro, apuntando a Marte y a lunas con cortezas saladas.

Comunidades cercanas ven además una oportunidad de identidad. “El cerro siempre fue especial para nosotros”, dice Elena Choque, vecina de la zona. “Saber que por dentro guarda un espacio tan amplio nos da ganas de cuidarlo y contarlo con orgullo”.

¿Se podrá visitar?

Por ahora, el acceso es estrictamente científico. El techo, aunque estable, podría responder a vibraciones humanas y cambios de humedad con reacciones rápidas. “Una puerta mal sellada, una iluminación caliente, y se altera un equilibrio fino”, advierte Pizarro. El equipo diseña protocolos de bajo impacto, con rutas limitadas, anclajes no invasivos y mediciones continuas de microclima.

Hay quienes sueñan con un mirador exterior y experiencias virtuales que recreen el interior con escaneos 3D. “Podemos contar la historia sin poner en riesgo la cámara”, dice Arancibia. Sería un turismo de contemplación, con impacto mínimo y beneficios para la comunidad local.

Lo que revela el desierto

El hallazgo recuerda que el paisaje más seco del mundo no es un vacío, sino una biblioteca de procesos silenciosos. Debajo de cerros sin árboles, la sal archiva memorias de agua y de tiempo, y las guarda con una paciencia que desarma cualquier reloj humano.

“Cuando apagas el equipo y solo queda el viento, entiendes que la belleza no siempre está en lo visible”, dice Pizarro. En la oscuridad mineral, una geometría impecable flota como un pulmón blanco, y late con el ritmo lento de la geología.

Deja un comentario