¿Cómo sería la Antártida sin su hielo? El mapa más detallado del Polo Sur (que revela su gran fragilidad)

Imagina elAntártida sin hielo No es un ejercicio de imaginación extrema, sino una forma concreta de comprender hasta qué punto el futuro del planeta está vinculado a lo que sucede bajo ese manto blanco que siempre nos ha parecido inmóvil y tranquilizador. Hoy sabemos que bajo kilómetros de hielo existe un continente vivo y complejo, esculpido por montañas, valles profundos, cuencas y cañones que influyen directamente en el destino del propio hielo.

Así nos lo muestra Bedmap3, el mapa más detallado jamás realizado del fondo marino antártico, resultado de más de sesenta años de investigaciones y estudios realizados por una red internacional de científicos liderada por el British Antártida Survey. Un trabajo paciente, estratificado en el tiempo, que reúne datos recogidos por aviones, satélites, barcos e incluso trineos tirados por perros, como si cada época hubiera dejado una huella útil para completar el rompecabezas.

Lo ideal sería eliminar los aproximadamente 27 millones de kilómetros cúbicos de hielo que cubren la Antártida y ver finalmente la forma real del continente. Y es precisamente esta forma la que marca la diferencia. El hielo no se mueve al azar: fluye siguiendo las depresiones del suelo, acelera en los puntos más suaves y se congela donde encuentra crestas y relieves. Conocer estos detalles es esencial para predecir cómo reaccionará la capa de hielo de la Antártida al aumento de las temperaturas.

Bedmap3 llena muchos de los vacíos dejados por mapas anteriores, especialmente en la Antártida Oriental y a lo largo de las costas occidentales, áreas cruciales para la estabilidad del hielo. Los investigadores añadieron millones de nuevos puntos de medición y, cuando no era posible detectar directamente el espesor del hielo, utilizaron modelos matemáticos basados ​​en su flujo natural. El resultado es una fotografía sorprendentemente clara de lo que hay debajo del hielo.

Esta precisión es importante porque la Antártida contiene suficiente agua para elevar el nivel del mar unos 58 metros si se derritiera por completo. Un escenario lejano, por supuesto, pero que deja claro cómo incluso cambios parciales pueden tener enormes consecuencias para las ciudades costeras de todo el mundo.

El mapa que habla de una fragilidad mayor de la esperada

El nuevo mapa confirma que el volumen total de hielo es similar a estimaciones anteriores, pero revela una mayor vulnerabilidad. De hecho, una gran parte del hielo antártico descansa sobre rocas que se encuentran por debajo del nivel del mar. Este detalle hace que la capa de hielo esté más expuesta a la intrusión de aguas oceánicas más cálidas, especialmente a lo largo de los márgenes del continente.

Uno de los aspectos más fascinantes de Bedmap3 es la capacidad de mostrar los llamados canales subglaciares, verdaderas rutas preferenciales por las que el hielo se desliza hacia el océano. Son estructuras invisibles desde la superficie, pero cruciales para comprender por qué algunos glaciares se aceleran repentinamente mientras que otros resisten más.

El mapa también derribó una certeza que parecía consolidada. Durante años se pensó que el punto con el hielo más grueso se encontraba en la cuenca del Astrolabio, en Tierra de Adelia. Hoy sabemos que el récord pertenece a un cañón sin nombre en Wilkes Land, donde el hielo alcanza casi 15.000 pies de espesor. Números que ayudan a hacer tangible la magnitud de lo que está en juego.

Otra novedad se refiere a las zonas en las que las plataformas de hielo, aunque flotantes, tocan temporalmente el fondo marino durante la marea baja. Son zonas de contacto inestable que influyen tanto en el movimiento del hielo como en la circulación del agua del océano, y que hasta hace poco eran casi ignoradas.

Los datos más recientes cuentan una historia que no deja lugar a la indiferencia. Sólo en 2023, la Antártida perdió 168 mil millones de toneladas de hielo, uno de los valores más altos jamás registrados. Una pérdida que forma parte de una tendencia ahora clara: entre 2002 y 2017, el derretimiento de los grandes casquetes polares contribuyó en aproximadamente un tercio al aumento global del nivel del mar.

Mirar la Antártida hoy sin hielo no significa imaginar un futuro apocalíptico, sino comprender lo delicado que es el equilibrio que estamos alterando. Bedmap3 no es un punto de llegada, sino una herramienta esencial para leer el presente e intentar prevenir los peores escenarios. Bajo ese uniforme blanco hay un continente que habla. Depende de nosotros decidir si escucharlo o no.

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