Los héroes silenciosos que quieren salvar nuestros océanos

Por Jazmín Gorosabel

Fotos: Aconcagua.lat y Agencias / Video: Gentileza Surfrider Argentina

C inco veces la superficie de la provincia de Buenos Aires. O tres el tamaño de Francia. De esa dimensión es la Isla de Plástico del Pacífico, un inmenso conjunto de resiudos de 79.000 toneladas que crece sin pausa entre California y Hawai.

 

Tal es su magnitud, que el año pasado miles de activistas reclamaron a la ONU que se la reconozca como un nuevo país. El ex vicepresidente estadounidsense, Al Gore, fue el primero en pedir la ciudadanía de la bautizada Isla Basura.

 

Si bien la audaz campaña de concientización no logró que el hediondo archipiélago alcanzara el status de nación, algo de efecto tuvo: este año para la Semana Mundial de los Océanos, la ONU determinó que el princinpal reto será, precisamente, revertir la contaminación por plástico de los océanos.

 

Es que a pesar de que solemos darle la espalada, el mar nos proporciona todo lo que necesitamos: comida, oxígeno, trabajo y hasta inspiración.

 

Los océanos ocupan un 70% la superficie del planeta y son el soporte de actividades económicas para todo el mundo.

 

Además, producen la mayor parte del oxígeno con el que contamos en la atmósfera y regulan el clima.

 

Sin embargo, a pesar de su importancia vital, estamos tratando nuestros océanos como un enorme basural para nuestros residuos.

“ Tratamos a los océanos como si fueran un enorme basural 

Según la ONU, se estima que globalmente se arrojan al mar 8 millones de toneladas de plástico cada año, lo que equivale a un camión de basura que vacía una carga completa en el océano cada minuto.

 

Por si la cifra actual no es suficiente para llamar nuestra atención, va una proyección: diversos especialistas coinciden en que para el 2050 habrá más plásticos que peces en el mar.

 

Así es: la producción de plásticos se ha multiplicado por veinte desde 1964, llegando a 311 millones de toneladas en 2014. Se espera que se duplique nuevamente en los próximos 20 años y casi se cuadruplique para el 2050.

 

Y a pesar de la creciente demanda, solo el 5% de los plásticos se recicla de manera efectiva, un tercio termina en ecosistemas frágiles como es el caso de los océanos.

 

Como resultado, se calcula que más de un millón de aves y 100.000 mamíferos marinos mueren cada año debido a que ingieren estos plásticos o terminan atrapados entre los residuos.

8
millones de toneladas de plástico se arrojan al mar por año
1
millón de aves marinas muere por ingerir plástico cada año
82 %
de los residuos encontrados en las playas argentinas son plástico

Empezar por casa

La contaminación por plástico de playas y océanos se está convirtiendo en uno de los problemas ambientales de más rápido crecimiento en el mundo. Y la Argentina, claro, no es la excepción.

 

“En las costas argentinas, la situación no es diferente. Según un estudio la Argentina está entre los 30 países que más contaminan los mares con residuos plásticos. Y esto obviamente trae tremendas consecuencias para nuestra fauna marina: los lobos marinos se enredan en las redes de pesca perdidas, las gaviotas mueren por ingesta de anzuelos y bolsas, y las tortugas verdes corren grandes riesgos”, afirma Verónica García, integrante del programa marino de la Fundación Vida Silvestre Argentina.

 

La situación es crítica, pero todavía estamos a tiempo de cambiar nuestra relación con el mar. Ya hay indicios: cada vez son más los grupos de voluntarios que luchan por salvar los océanos de la basura y generar conciencia en las playas argentinas.

Surfrider Argentina por ejemplo, es una ONG cuyo propósito es la protección, rehabilitación y restauración de los ecosistemas del mar argentino, a través de la participación ciudadana, la educación y la investigación.

 

Se trata de la pata local de una organización global que nace en 1984 cuando un grupo de surfistas de Malibú decidieron proteger su campo de juego (y el de todos nosotros).

 

“El movimiento lo impulsan surfers de todo el mundo que se preocupan por cuidar la ola, que significa cuidar el ecosistema costero”, cuenta en diálogo con ACONCAGUA Joaquín Cortés, de Surfrider Argentina.

 

Hoy más de 250.000 personas integran esta red global de activistas que concientizan sobre los problemas que enfrentan los océanos y mantienen las aguas limpias, evitando que el plástico contamine nuestras vías fluviales.

 

Desde la organización también trabajan con cuestiones jurídicas. Recientemente presentaron un proyecto en la Cámara de Diputados para que La Paloma, uno de los mejores spots surferos de la costa argentina, sea declarada reserva provincial. “Si el mar y la playa están contaminadas, el deporte también sufre”, continúa.

 

Surfistas de todo el mundo frecuentan este rincón de difícil acceso y olas perfectas en las afueras de Mar del Plata. “Es muy famoso porque se baja por soga”, cuenta Joaquín.

Allí y en otros puntos de la costa argentina, armados solo con bolsas hechas con materiales reciclados, realizan jornadas de limpieza y concientización.

 

“La cantidad de filtros de cigarrillos y plásticos que juntamos en cada limpieza es increíble. Si no los hacemos nosotros, la marea sube y se los lleva”, confiesa Joaquín.  

 

Conocer cuál es la composición de la basura marina permite identificar cómo mejorar nuestros hábitos de consumo, con la finalidad de frenar la contaminación.

 

De hecho, en la última jornada de limpieza también hicieron un censo de basura junto a varias organizaciones de la sociedad civil, como Fundación Mundo Marino, Fundación Vida Silvestre Argentina.

 

En 1.2 millones de metros cuadrados de playas de la provincia de Buenos Aires fueron recolectados casi 40.000 residuos no orgánicos, de los cuales el 82% corresponde a plásticos.

 

“Con la acción del mar y el clima, este material se va fraccionando en pedazos más chicos que flotan”, explica Victoria García. Y agrega: “Por su tamaño y el olor que adquieren, son confundidos por alimento y los animales los ingieren”.

¿Estamos comiendo plástico sin darnos cuenta? Muchos estudios dicen que sí

Científicos de la Universidad Nacional de La Plata, por citar un ejemplo local, encontraron fibras sintéticas en los estómagos de cinco especies de peces del estuario del Río de la Plata.

 

Y esto es probablemente solo el comienzo del problema. Los microplásticos –como se conocen a estas particulas inferiores a los 5 milímitros– entran en la cadena alimenticia y llegan a nuestra mesa.

 

¿Estamos comiendo plástico? Ya hay trabajos científicos que afirman que sí. Un estudio de 2016 de la Universidad de Gante, en Bélgica, reveló que en promedio el consumidor europeo de pescados y mariscos puede ingerir hasta 6.400 microplásticos al año. 

Soluciones de fondo

Mientras en las playas los voluntarios dan una batalla desigual contra el plástico, los especialistas consultados por ACONCAGUA promueven como solución de fondo aplicar la regla de las “4R”: rechazar, reducir, reutilizar y reciclar.

 

El concepto de rechazar tiene que ver con evitar el uso de algo que ya sabemos que tarde o temprano terminará siendo residuo.

 

Reducir nuestra dependencia plástica implica ponerle fin al consumo de artículos de plástico de un solo uso, como pajitas, bolsas de plástico, envases, vasos de plástico, platos y cubiertos.


Con respecto a la reutilización, el informe New Plastics Economy: Catalysing Action sugiere un replanteamiento fundamental de la forma en que diseñamos los envases, a fin de hacer que lo que le sucede, después de que lo hayamos usado, sea un poco menos duro para el medioambiente.

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Mejorar el empaque en la etapa de diseño reutilizables podrían desbloquear una gran oportunidad económica.

 

Un claro ejemplo con las bolsas de plástico biodegradable a base de cáscara de papa que Surfrider utiliza en cada limpieza de playa.

 

Mientras las bolsas plásticas demoran cientos de años en degradarse, las orgánicas se transforman en compost, útil para el suelo, en meses”, distinguen desde la ONG.

Por los Océanos

Una de las organizaciones que más trabaja en revertir el impacto ambiental que sufren los mares del mundo es Parley for the Oceans, una red colaborativa global en la que creadores, pensadores y líderes generan consciencia sobre la belleza y la fragilidad de nuestras áreas marinas. El año pasado, la ONG se alió con Corona para juntos ayduar a acabar con la contaminación por plástico en los océanos.

100 islas para 2020

La ONG y la icónica marca de cerveza ya pusieron manos a la obra con jornadas de recolección y concientización en algunos destinos amenazados de México, Maldivasl, Australia, Chile, República Dominicana e Italia. Pero su apuesta es aún más ambiciosa: el compromiso es proteger 100 islas alrededor del mundo para 2020.

Paso a paso

Salvar a los océanos de la contaminación es una tarea difícil pero posible que nos involucra a todos: no solo a la sociedad civil y a las empresas, sino también a los gobiernos.

 

El verano pasado se dieron los primeros pasos en la Costa Atlántica. A través de la Ley de Gestión Integral de Residuos Sólidos Urbanos, la temporada pasada se obligó por primera vez a algunos balnearios en la costa bonaerense a hacer la separación diferenciada de residuos.

 

Luego de que la Municipalidad de Pinamar diera el puntapié inicial para implementarla, algunos balnearios vecinos se sumaron. “Costó que la gente entendiese el concepto y qué se les estaba pidiendo, pero el cambio comenzó”, cuenta a ACONCAGUA Carlos Méndez, titular de la Cooperativa Reciclando Conciencia, que construyó y distribuyó los puntos receptores denominados islas ambientales.

 

Resolver esta amenaza global no será fácil, especialmente porque la economía está bajo presión para satisfacer la creciente demanda de los mercados emergentes, aseguran las fuentes consultadas.

“ Debemos cuidar los océanos tanto como ellos cuidan de nosotros ”

 

Además, los bioplásticos todavía son más caros de producir que alternativas más contaminantes, y los sistemas de reciclaje aún son ineficientes.

 

Al respecto, la Unión Europea está impulsando una transición para que todo el plástico sea reciclable o reutilizable para 2030.

 

Todavía queda mucho para hacer. Como afirma la ONU, para garantizar la salud de nuestras comunidades y de las generaciones futuras es imprescindible que cuidemos a los océanos con la misma fuerza que ellos cuidan de nosotros.

 

Mientras tanto, los esfuerzos para limpiar las playas y los océanos están en marcha gracias a estos héroes silenciosos que ayudan a proteger nuestros ambientes marinos.

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Por Jazmín Gorosabel