Cuando hablamos de olas de calor, la atención casi siempre se centra en las temperaturas máximas. Los 38, 40 o incluso 42 grados registrados durante el día acaban en los titulares y en los avisos meteorológicos. Sin embargo, los expertos advierten que uno de los fenómenos más preocupantes suele ser invisible: el calor que no desaparece ni siquiera después del atardecer.
De hecho, en muchas ciudades italianas y europeas las temperaturas nocturnas se mantienen cada vez más por encima de los 20°C. Es el fenómeno de los llamados noches tropicalesuna expresión que hasta hace unos años evocaba climas lejanos y que hoy describe cada vez más los veranos mediterráneos.
Según el servicio europeo de cambio climático Copernicus, una noche tropical se produce cuando la temperatura mínima no baja de los 20°C. Un fenómeno que en las últimas décadas se ha vuelto cada vez más frecuente e intenso en numerosas regiones europeas, especialmente en zonas urbanas y costeras.
Por qué las noches tropicales preocupan a los expertos
El problema no es sólo la incomodidad de dar vueltas en la cama sin poder conciliar el sueño.
Durante la noche nuestro cuerpo debería naturalmente bajar su temperatura interna. Este proceso es fundamental para la recuperación física y mental y permite al cuerpo «resetear» el estrés acumulado durante el día.
Sin embargo, cuando el calor persiste incluso durante la noche, el mecanismo de enfriamiento se vuelve menos efectivo. El cuerpo continúa trabajando para liberar calor y el sistema cardiovascular permanece bajo presión por más tiempo.
Los expertos entrevistados por Euronews con motivo de la actual ola de calor que afecta a Europa explican que la falta de refrigeración nocturna representa uno de los factores más críticos para la salud pública, porque impide que el organismo se recupere plenamente del estrés térmico acumulado durante el día.
Por este motivo, muchas personas se despiertan cansadas incluso después de dormir varias horas. No se trata sólo de una interrupción del sueño: el cuerpo simplemente no puede completar su proceso de recuperación.
Las ciudades son las más afectadas
Las noches tropicales afectan a todos, pero no a todas partes de la misma manera. En las zonas urbanas el fenómeno se ve amplificado por el efecto conocido como isla de calor urbana. El asfalto, el hormigón y los edificios absorben energía durante el día y la liberan lentamente en las horas siguientes, manteniendo las temperaturas altas incluso después del atardecer.
Por eso en muchas ciudades la diferencia con el campo circundante puede ser notable. Mientras que en las zonas rurales la temperatura logra disminuir significativamente durante la noche, en los centros urbanos el calor queda atrapado entre edificios y calles.
Los efectos también son visibles en la vida cotidiana: ventanas abiertas que no aportan alivio, apartamentos que no pueden enfriarse y personas obligadas a recurrir cada vez más a ventiladores y aires acondicionados.
Un fenómeno destinado a crecer
Los científicos consideran que las noches tropicales son uno de los indicadores más obvios del cambio climático.
Según Copérnico, el aumento de las temperaturas medias globales está aumentando no sólo el número de días muy calurosos, sino también el número de noches excepcionalmente templadas. Es decir, no sólo asistimos a tardes más calurosas, sino también a la progresiva desaparición de las horas frescas que tradicionalmente ofrecían un respiro del calor del verano.
La actual ola de calor que afecta a gran parte de Europa confirma esta tendencia. Desde la Península Ibérica hasta Italia, pasando por Francia y los Balcanes, numerosas zonas registran temperaturas nocturnas elevadas durante varios días consecutivos.
No es sólo una cuestión de comodidad
La Organización Mundial de la Salud recuerda que el calor extremo representa uno de los riesgos climáticos más importantes para la salud humana.
Son especialmente vulnerables las personas mayores, los niños y las personas con enfermedades cardiovasculares, respiratorias o metabólicas. Cuando el calor continúa incluso por la noche, el riesgo aumenta porque el cuerpo pierde la oportunidad de recuperarse entre un día caluroso y otro.
Por ello, los expertos aconsejan no subestimar las temperaturas mínimas. Si los picos diurnos llaman la atención, a menudo son las noches tropicales las que mejor indican cómo está cambiando el clima.
La verdadera señal de la nueva normalidad, de hecho, puede que no sea el termómetro que supere los 40 grados por la tarde, sino el que se obstina en mantenerse por encima de los 25 a medianoche.