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El costo ambiental del bitcoin: ¿cuánto contamina el oro digital?

La criptomoneda podría acelerar el cambio climático. O ayudar a resolverlo.

25 de marzo de 21 . 13:35hs
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Manuel Torino

Viernes a la noche. En un garaje, tres adolescentes conectan una computadora y comienzan a minar bitcoin. Para hacerlo necesitan una conexión básica a Internet, una placa de video con mucha capacidad de procesamiento, algunos tutoriales de YouTube… y una tarifa eléctrica subsidiada por el Estado Nacional.

La escena se repite en cientos de rincones de Argentina. Por los bajos precios de la electricidad, el país se convirtió en un lucrativo negocio para los “mineros” que destinan sus potentes computadoras a la resolución de los cálculos complejos que demanda para funcionar la red de bitcoin. La recompensa es el codiciado oro.

Hasta aquí la historia no parece tener contraindicaciones. Excepto que en este proceso de mining se consumen enormes cantidades de electricidad en un país cuyas fuentes de energía son mayormente fósiles. Y eso representa un problema para el medio ambiente.

¿El bitcoin es una moneda sustentable? El propio Marcos Galperin, el empresario digital más importante de América Latina, lo puso en duda esta semana con un tuit que hacía referencia al colapso energético que estaban causando las granjas ilegales de mineros en países de Europa oriental.

En la misma línea, un grupo de científicos de la Universidad de Cambridge presentó recientemente un estudio que mide la energía utilizada por la criptomoneda más popular. En las conclusiones advierten sobre su impacto ambiental y arrojan un dato escalofriante: la red de bitcoin consume anualmente más energía que toda la Argentina. “A medida que sube el precio del bitcoin, sube el consumo de electricidad”, resumen con preocupación. Para los desprevenidos, el bitcoin acumula un crecimiento cercano al 300% en el último año.

La red de bitcoin consume anualmente más energía que toda la Argentina

Del otro lado del mostrador, la sigilosa comunidad cripto parece estar tomando nota de las externalidades negativas de su revolución digital en el medio ambiente. Algunos referentes locales señalan que actualmente entre el 40 y el 50% de la energía utilizada para minar ya proviene de fuentes renovables como solar, eólica o hidráulica. Y que ese porcentaje va en aumento.

Otros se ocupan de diferenciar al bitcoin de otras criptomonedas que no demandan energía intensiva, como las basadas en Ethereum. Además, argumentan, algunas de las mentes más brillantes de Silicon Valley ya están desarrollando criptomonedas ecológicas como alternativa. Tal es el caso de Steve Wozniak el pionero cofundador de Apple, quien lanzó WOZX, un proyecto que busca transformar el mercado de la eficiencia energética y “permitir que cualquier inversor ayude al planeta”.

Otro esfuerzo en esta línea es liderado por un argentino. Juan Pablo Thieriot, es CEO y cofundador de Uphold, una plataforma de intercambio de dinero digital que junto a otras empresas del sector acuñó Bitcoin Zero, una criptomoneda como el bitcoin pero con la particularidad de ser carbono neutral. “Se logra gracias a la combinación de un bitcoin con el retiro de 10 toneladas de CO2 de proyectos de compensación de carbono en las selvas tropicales del mundo”, explica Thieriot. Y agrega: “Además de todos los beneficios que ya conocemos, ahora se puede utilizar cripto para contribuir a cuidar el medio ambiente”.

¿Un techo?

El uso intensivo de electricidad como posible techo al bitcoin es una sombra que reaparece cada vez que la criptomoneda pega un salto en su cotización, tal como sucedió en los últimos meses a raíz del apoyo de grandes inversores institucionales como Tesla –que paradójicamente se define como una compañía de energía limpia–.

Sin embargo, especialistas en energía renovable como Tomás Ocampo, sugieren mirar la película más que la foto. Este argentino radicado en San Francisco, dirige YPF Ventures, un fondo de inversión de la petrolera nacional que busca captar las tecnologías energéticas más innovadoras del mundo, y cree que proyectos como bitcoin puede terminar siendo un acelerador en la transición hacia fuentes de energía más limpias y sustentables.

Los especialistas en energía renovable sugieren mirar la película más que la foto.

“Hay que pensar hacia dónde va el mundo en los próximos años y pasar de un pensamiento estático a uno dinámico. Hoy las energías renovables ya son, en algunos países, más competitivas que las energías fósiles. Y además se viene demostrando, por una cuestión de aprendizaje y de economía de escala, que cada vez que se duplica la producción de paneles solares, baja entre un 20% y un 30% su costo”, explica Ocampo.

[Leé más: ¿Mis mails contaminan? El impacto ambiental de la nube]

Y concluye: “Esto va a hacer que en poco tiempo, en todo el mundo, la energía renovable sea la más barata. Y aquí es donde es interesante el bitcoin: si la energía más barata es la renovable, los mineros van a apuntar ahí. Esto a su vez va a disparar más demanda de paneles solares, lo cual generará que se acelere la baja del costo”.

Mientras continúa la fiebre por el oro digital y algunos advierten que el bitcoin contribuye a elevar la temperatura del planeta, el remedio podría surgir de la propia tecnología.

Esta columna fue publicada originalmente en el diario La Nación.

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