Cuando nos enfrentamos a una colmena bajo ataque, el problema salta a la vista de inmediato. Las abejas disminuyen la velocidad, se quedan más cerca de la entrada y vuelan menos. El Avispón asiático patrulla la colmena como un depredador al acecho, toma posición y consume la energía de la colonia con sólo su presencia. El nido, sin embargo, está en otra parte. A menudo en lo alto, escondido entre las ramas. O en un seto, en una zona verde, en un lugar de difícil acceso. Para los apicultores el problema comienza ahí mismo: ver la amenaza es fácil, encontrar su origen lleva tiempo.
El nombre científico es Vespa velutina nigritóraxtambién conocido como avispón asiático de patas amarillas. Tiene librea oscura, patas con puntas amarillas, dimensiones ligeramente más pequeñas que el avispón europeo y una fuerte presión depredadora sobre las abejas. Llegó a Italia en 2012, con los primeros informes en Liguria, luego se trasladó a otras zonas de la península, desde Toscana hasta Piamonte, registrándose presencia también en Lombardía, Véneto, Emilia-Romaña y Cerdeña. El mapa queda en continua actualización, debido a que la especie avanza a través de focos y nidos identificados en la zona.
Él encaja en este partido Seguro para las abejasuna trampa conectada desarrollada en Francia y diseñada para hacer dos cosas muy concretas: capturar selectivamente Vespa velutina y ayudar a localizar nidos. El dispositivo utiliza un cebo, un sistema de captura dirigido y una cámara con inteligencia artificial seguir la trayectoria de los avispones que aún están vivos cuando son liberados. El objetivo es descubrir adónde regresan y luego limitar el área para buscar el nido.
La trampa que observa
La idea es sencilla de explicar, menos sencilla de realizar en el campo. La trampa intercepta al avispón asiático cerca de las colmenas, avisa cuando se llena y libera algunos ejemplares vivos. En ese momento la cámara los sigue mientras se van nuevamente. Múltiples observaciones, desde diferentes puntos, pueden ayudar a estimar la dirección del nido mediante un sistema de triangulación. En la práctica: en lugar de buscar al azar entre árboles, tejados y setos, intentamos seguir la ruta de regreso del insecto.
El proyecto también declara otra característica importante: la selectividad. Las trampas contra Vespa velutina son un tema delicado, porque un dispositivo impreciso corre el riesgo de atrapar también abejas, mariposas y otros insectos útiles. Aquí el intento es limitar el objetivo, reduciendo el impacto sobre otros polinizadores. Safe To Bee se presenta como un sistema autónomo, conectado, alimentado también por pequeños paneles solares y conectado a una aplicación para monitorizar el dispositivo y facilitar el contacto con los profesionales de retirada de nidos.
El proyecto es prometedor, pero todavía hay que medirlo fuera de la ficha técnica. Necesitamos entender cómo se comporta el sistema en condiciones reales: lluvia, viento, distancia, vegetación, posición de los colmenares, densidad de los nidos, comportamiento de los insectos. Una trampa realmente funciona cuando deja de ser una buena idea y empieza a funcionar junto a las colmenas.
El riesgo, cuando se habla de especies invasoras, es pasar de una simplificación a otra. Por un lado la alarma genérica, por otro la solución ahorradora. El avispón asiático requiere otra postura: seguimiento, información correcta, intervenciones específicas, dispositivos selectivos, coordinación entre los apicultores y las instituciones locales. Safe To Bee entra en este marco, con una idea útil precisamente porque intenta reducir la pérdida de tiempo y el impacto en los insectos equivocados.
Una trampa con inteligencia artificial por sí sola difícilmente cambiará el destino de las abejas. Sin embargo, puede convertirse en una pieza útil dentro de una estrategia más amplia, si logra demostrar precisión, resistencia y verdadera selectividad en el campo. Las abejas ya trabajan bastante. Al menos alguien tiene que ir a buscar mejor el nido.
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