Un matrimonio de Puebla vive sin auto desde hace cinco años y calcula que ya se ahorró más de 300 mil pesos

Una pareja en Puebla decidió hace tiempo apagar el motor y prender una nueva rutina. Lo que comenzó como un experimento se volvió un estilo de vida más ligero, más barato y más consciente. A fuerza de pedalear, planear y caminar, dicen haber reunido un ahorro que ya supera los 300 mil pesos, pero lo que realmente cuentan son las ganancias invisibles: calma, tiempo y salud.

Cómo empezó la decisión

La idea nació en un alto. “Nos dimos cuenta de que pasábamos más tiempo en el tráfico que en la mesa con nuestra hija”, recuerda Mariana. En 2019 vendieron su sedán y se propusieron cubrir cada trayecto con bicicleta, transporte público o viajes puntuales en aplicación.

Al principio hubo miedo. “Creímos que íbamos a depender de favores y que todo sería más lento”, agrega Luis. La sorpresa vino con la rutina: una red de ciclovías incipiente, el sistema RUTA y la posibilidad de combinar bici y autobús les abrió un mapa que no miraban desde el asiento del conductor.

El presupuesto que cambió

La hoja de cálculo fue el primer respiro. Entre seguro, gasolina, verificación, estacionamientos y mantenimiento, el auto devoraba una suma que nunca se veía de golpe. “Era un goteo constante”, dice Mariana. Sin mensualidad de crédito, el gasto mensual bajó cerca de 5,000 a 6,000 pesos.

En cinco años, la cifra se volvió contundente. Más de 300 mil pesos que no se fueron en llantas y combustible. De ese monto, una parte se redirigió a un fondo de emergencia, otra a arreglos del departamento y el resto a pequeñas vacaciones que antes parecían lujo.

“Hicimos un cálculo con lápiz frío”, explica Luis. “Sumamos estacionamientos del centro, multas aisladas, dos llantas nuevas, afinaciones y gasolina. Luego restamos lo que hoy pagamos en RUTA y dos o tres viajes por semana en aplicación. El diferencial era imposible de ignorar”.

Moverse en Puebla sin volante

Vivir en el corredor Angelópolis–Centro les dio cierta ventaja, pero el ajuste fue sobre todo de hábitos. Planifican salidas con 10 minutos extra, checan la app de RUTA y llevan impermeable compacto en la mochila para la lluvia.

Para trayectos medianos usan bici plegable y la combinan con estaciones de bici pública cuando hay disponibilidad. En noches o zonas menos iluminadas, recurren a Didi o Uber, especialmente si van con niños o cargan bolsas. “No es purismo, es criterio”, dice Mariana. “La seguridad es parte del costo del viaje”.

En Puebla se puede trazar una ruta que mezcle caminar, microbuses tradicionales y el metrobús. Cuando van a Cholula, prefieren tren suburbano cuando opera o un viaje compartido en aplicación. “No todo es perfecto, pero con plan funciona”, añade Luis.

Lo que ganaron más allá del dinero

El primer cambio llegó en el cuerpo. Luis perdió varios kilos y su espalda “de conductor” dejó de doler. Mariana duerme mejor y siente menos ansiedad. “Caminar 20 minutos antes de una junta baja la tensión”, asegura.

También cambió el tiempo. Sin vueltas para estacionarse ni embotellamientos, los trayectos se volvieron más predecibles. “Me sorprendió llegar menos tarde”, ríe Luis. Y la ciudad se volvió más cercana: panaderías pequeñas, tienditas y parques que nunca veían desde el parabrisas.

El clima puso sus pruebas, claro. Lluvias intensas, sol fuerte y alguna calle con baches. Lo resolvieron con ropa ligera, gorra, luces para la bici y la regla de no peleársela al coche: si la vía se siente hostil, mejor rodear y llegar sanos.

¿Sirve para todos?

No en todos los barrios es igual de fácil. Hay colonias con banquetas rotas o rutas incompletas. Pero incluso sin renunciar del todo, adoptar un esquema híbrido tiene valor. “Cada día sin manejar es menos gasto y menos estrés”, dice Mariana.

Familias con horarios intensos o trabajos lejos pueden empezar con días específicos sin auto. Empresas que ofrecen estacionamiento gratuito pueden incentivar vales de movilidad o duchas en oficina para quien llega pedaleando. Pequeños cambios generan inercia.

Consejos prácticos para empezar

  • Elige un “día sin auto” fijo y mide tiempos reales con cronómetro.
  • Remapea tu barrio: detecta rutas de RUTA, calles calmadas y atajos peatonales.
  • Invierte en básicos: casco cómodo, luces USB, impermeable y candado seguro.
  • Combina modos: bici + metrobús, caminar + app, según clima y hora.
  • Ten un plan B claro: si hay lluvia o imprevistos, usa aplicación sin culpa.

“Lo que parecía renuncia se volvió libertad”, resume Luis. Mariana asiente y suelta otra frase que les guía: “Donde no llega el auto, llega la vida”. Para ellos, vivir la ciudad a otra velocidad no es sacrificio, es un pacto con su propia agenda.

Cinco años después, el motor que más los mueve no lleva gasolina. Es la suma de pequeñas decisiones, un presupuesto que respira y una ciudad que, paso a paso, se deja caminar. “No ganamos tiempo, lo recuperamos”, dice Mariana, mirando una tarde que antes habrían visto desde el retrovisor.

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