“Cerrar la fábrica de veneno”: en India miles de personas marchan contra las PFAS (producidas por la antigua planta de Miteni)

Corría el año 2018 cuando la fábrica de Miteni en Trissino, en Véneto, cerró sus puertas, marcando el final de una de las páginas más oscuras de la historia industrial italiana. Su producción de PFASlos infames «químicos eternos», han contaminado (y continúan contaminando) las aguas, el aire y las vidas de cientos de miles de personas, dejando tras de sí un rastro de enfermedades, sufrimiento y paisajes envenenados.

Pero, como suele ocurrir con las sombras más largas, la historia de Miteni no se detuvo en la frontera de Italia. En 2019, tras la quiebra y la condena de sus antiguos directivos, la planta fue vendida, desmantelada y, increíblemente, reconstruida en India.

Hablamos de ello aquí: PFAS: la planta de Miteni que contaminó la región del Véneto fue vendida a la India para producir los mismos venenos

Allí, un Lote Parshuramdonde el campo verde se encuentra con la costa oeste, los equipos y procesos de producción de Miteni han vuelto a la vida bajo el control de la empresa india. Industrias Orgánicas Laxmi. ¿El objetivo? Seguir produciendo esas mismas sustancias perfluoroalquiladas, sin ninguna preocupación aparente por las terribles consecuencias que habían causado en Europa.

La marcha pacífica para exigir el cierre de la planta

En 2025, en Lote Parshuram, las máquinas comenzaron a rugir de nuevo, señal del regreso de una amenaza invisible, lista para extenderse como un veneno silencioso en las aguas, en el suelo y en la vida de los habitantes. La realidad india casi parecía asemejarse a la vivida por los ciudadanos venecianos: una población que, sin saberlo, corría el riesgo de ser víctima de otro desastre ecológico.

Así estallaron las protestas y en las últimas horas alrededor de 3.000 personas marcharon por las calles de Lote Parshuram, exigiendo a gritos el cierre de la planta. Las voces se alzaron juntas, unidas por el temor de que el veneno, ahora conocido, pudiera volver a ocurrir, esta vez lejos de los focos internacionales, pero no menos devastador.

Eso marcha pacífica, seguido de acciones concretas como tomar muestras de agua y sangre de los residentes, representa un símbolo de una batalla que trasciende fronteras. Es una lucha que une a las madres de todo el mundo, aquellas que no quieren renunciar a un futuro contaminado e incierto.

Pero a medida que crece la protesta, la planta de Lote Parshuram sigue funcionando. Lo ocurrido en el Véneto, con el legado tóxico dejado por Miteni, no debería repetirse. Pero mientras el mundo observa, la contaminación por PFAS corre el riesgo de extenderse y tocar otras tierras y otras vidas. La batalla que se libra hoy en Lote Parshuram no es sólo una lucha por un medio ambiente más saludable en la India: es una batalla global que nos involucra a todos. Porque los productos químicos no conocen fronteras para siempre y su sombra se extiende, inexorablemente, por todo nuestro planeta.

No podemos quedarnos de brazos cruzados y mirar.

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