El tesoro en los cajones: llegan los ecopuntos para decir adiós a los pequeños residuos electrónicos

Primero viene el cargador de teléfono que teníamos hace tres modelos, luego el mando a distancia de la televisión huérfano, los auriculares silenciosos, el ratón viejo, la afeitadora eléctrica que ha perdido las ganas de encender, el juguete a pilas que acabó en una caja junto con las instrucciones de una impresora hoy desaparecida. EL RAEE pequeños tienen esa vida un tanto clandestina: desaparecen del radar, ocupan un rincón, parecen demasiado insignificantes para merecer un viaje a la isla ecológica y demasiado «tecnológicos» para acabar en el bolso equivocado. Así pues, permanecen allí, en una especie de purgatorio doméstico formado por cajones llenos y buenas intenciones postergadas.

Sin embargo, dentro de esos diminutos desechos hay mucho más de lo que sugiere su tamaño. Los RAEE, es decir, residuos de aparatos eléctricos y electrónicos, son todos aquellos objetos alimentados por electricidad o pilas de los que se quiere deshacerse porque están rotos, viejos o anticuados. El símbolo del contenedor tachado dice una cosa sencilla: esos productos siguen una cadena de suministro específica, con recogida y tratamiento específicos, porque en su interior puede haber materiales y componentes recuperables que hay que gestionar con cuidado.

El cajón pesa más de lo que parece

La petición de facilitar la recogida proviene muy claramente de los ciudadanos. En la encuesta de Ipsos-Legacoop presentada en la reunión nacional del Observatorio sobre transición ecológica en las ciudades, Más de uno de cada dos entrevistados considera muy importante el aumento de la recogida de pequeños residuos electrónicos a través de puntos ecológicos específicos.. En la misma encuesta, la economía circular aparece entre las prioridades urbanas más importantes: el 89% de los entrevistados indica que es importante hacer que la producción y el consumo sean más circulares, reduciendo los residuos y fomentando la recuperación y la reutilización.

Aquí los ecopuntos se vuelven interesantes precisamente porque quitan al ciudadano la parte más agotadora del gesto correcto: la organización. Una cosa es saber que el cargador viejo debe desecharse como RAEE y otra es encontrar un punto cercano, accesible y visible, tal vez frente a una escuela, en un mercado local, en una biblioteca, cerca de una parada o en un espacio público ya atravesado todos los días. La diferencia entre los residuos recogidos y los olvidados suele reducirse a esos tres minutos extra que nadie quiere gastar.

El informe anual de 2025 del Centro de Coordinación de RAEE muestra que la recogida de residuos electrónicos domésticos ha vuelto a crecer en Italia: 366.891 toneladas recogido en 2025, con un incremento del 2,4% respecto a 2024 y una cifra media de 6,22 kg por habitante. El crecimiento habla de un sistema en movimiento, aunque la proporción de dispositivos pequeños sigue siendo la que más necesita proximidad, porque vive menos en los garajes y mucho más en las mesitas de noche.

Pequeños ecopuntos de RAEE, cuando la ciudad deja de pedir paciencia

En el sistema de RAEE ya existen centros de recogida municipales, lugares donde se agrupa la distribución y aportaciones vinculadas a los métodos “uno a uno” Y “uno contra cero”es decir, la retirada del dispositivo antiguo al adquirir uno nuevo o, en el caso de dispositivos más pequeños, incluso sin comprarlo bajo determinadas condiciones. De hecho, el informe RAEE nos recuerda que los residuos entregados por los consumidores también pueden pasar por centros de distribución, junto a centros municipales accesibles a los ciudadanos.

El ecopuntos urbanos pueden hacer un trabajo diferente y muy concreto: interceptar lo que se escapa de la cadena de suministro tradicional porque es demasiado pequeño, demasiado disperso y demasiado fácil de ignorar. Una bombilla, un cepillo de dientes eléctrico viejo, una memoria USB, unos auriculares, un cable, una batidora pequeña, un despertador digital. Objetos diminutos, claro. Multiplicados por millones de hogares, se convierten en una mina dispersa y silenciosa.

La encuesta de Ipsos-Legacoop también dice algo más: los ciudadanos piden normas claras, objetivos estables, financiación pública, capacidades técnicas adecuadas, información y participación de las empresas locales. Un punto ecológico abandonado allí sin mantenimiento corre el riesgo de convertirse en un triste mobiliario urbano. Sin embargo, un lugar ecológico bien diseñado puede cambiar un pequeño hábito y convertirlo en algo normal.

Menos residuos invisibles, ciudad más circular

La recogida de pequeños RAEE a través de ecopuntos también tiene un valor cultural. Cambia la idea de desperdicio electrónico del aparato grande y voluminoso al gesto ligero, casi automático. Deja claro que eleconomía circular también pasa por objetos que hemos dejado de ver. La revista en el cajón parece inofensiva precisamente porque está quieta. En cambio, contiene materiales recuperables y, si se abandona en el lugar de recogida equivocado, puede convertirse en un problema en la gestión de residuos.

El tema forma parte de una petición más amplia de ciudades capaces de adaptarse mejor a la crisis climática, consumiendo menos recursos y tratando los materiales como algo que debe volver a ponerse en circulación. En la misma encuesta, el 85% de los entrevistados considera importante promover la adaptación climática para reducir los riesgos e impactos de inundaciones y olas de calor, mientras que el 82% señala la mitigación del cambio climático mediante la reducción progresiva de las emisiones de gases de efecto invernadero. La circularidad, por tanto, se percibe junto al verdor urbano, la protección del calor, la gestión del agua y la calidad de los espacios públicos.

Los ecopuntos para RAEE pequeños encajan en este marco con una rara ventaja: son comprensibles. Piden a los ciudadanos que vacíen un cajón y entreguen en el lugar correcto lo que ha estado ahí durante meses, tal vez años, entre recibos descoloridos y pilas agotadas. Y ahí es donde la ciudad puede volverse más inteligente sin hacer mucho ruido. Una ranura claramente visible, un recipiente limpio, una indicación clara, una retirada que funciona. A veces la circularidad empieza así, con un viejo cargador de baterías que deja de ser un fósil doméstico.

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