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¿Qué comemos en realidad cuando comemos salmón?

Alimentados con un cocktail de aditivos y antibióticos, el salmón de criadero no es tan saludable como parece.

12 de junio de 20 . 08:00hs
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Victoria Mortimer

Una mezcla de soja, harina de pescado, levadura de cerveza, maíz y antibióticos. Esto es lo que contiene la mayoría del salmón que comemos en Argentina: desde el ahumado en ensaladas, hasta el del sushi.

Si bien muchos de nosotros creíamos que el salmón era un alimento natural y saludable, hay cada vez más evidencias de que no es así. Este tipo de pescado suele contener un cocktail de aditivos y, muchas veces, también una mezcla de otras especies.

Según un estudio realizado por biólogos del Conicet y de la Universidad de Mar del Plata, 1 de cada 5 pescados comercializados en la costa bonaerense no son lo que indica su etiqueta.

Y lo más grave: la mayoría de las especies que se usan para sustituir a otras son peces cartilaginosos -como tiburones, rayas y mero, entre otras-, especies que, en su gran mayoría, se encuentran en peligro de extinción.

La pregunta es: ¿cómo dejamos que la industria comercialice alimentos que no son lo que parecen? “En parte, es consecuencia de la falta de información sobre lo que consumimos, falta de regulación en cómo se comercializa la pesca y falta de control y fiscalización”, aseguran desde el programa Sin Azul No Hay Verde, de la Conservation Land Trust (CLT).

Por eso, es necesaria una revolución en la codificación de nuestros alimentos. En este marco, Sin Azul No Hay Verde lanzó la campaña #NoTeComasUnaMentira para generar conciencia acerca de la importancia de exigir información veraz sobre lo que comemos.

 

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Además, solicitaron un cambio en el Código Alimentario Argentino. Piden que se indique con la rotulación necesaria el país de origen y la procedencia de su producción, como ocurre en Europa o en Estados Unidos, donde se los rotula avisando al consumidor si es de criadero (también llamados “de granja”) o salvaje.

Se estima que solo el 35% de la población mundial de salmón es salvaje. | FOTO: CLT

“Esta solicitud se presenta ante la falta de transparencia que existe en la comercialización de dichos productos y por el derecho del consumidor a una alimentación saludable y a la soberanía alimentaria”, explica Martina Sasso, de Sin Azul No Hay Verde.

El impacto de la salmonicultura: el ambiente y nuestra salud en riesgo

“Así como nos dimos cuenta que comer pollos o vacas criados en feedlots no es bueno para el medio ambiente ni para la salud, lo mismo pasará con el salmón”, sostiene el reconocido chef argentino, Fernando Trocca, en un informe de CLT.

En nuestro país, el 100% de este pescado proviene de la salmonicultura en Chile, donde los salmones son criados en jaulas ubicadas a lo largo de las costas.

Ahí, viven en condiciones de hacinamiento que conducen a la propagación de infecciones y enfermedades, utilizando grandes cantidades de antibióticos.

Además, estos animales son alimentados a base de alimento balanceado y aditivos, que se les agregan para “mejorar” su crecimiento, la pigmentación de la carne, el sabor y la conservación.

Chile es segundo productor mundial de salmón, detrás de Noruega.

En su estado salvaje, el salmón obtiene el pigmento anaranjado del consumo de crustáceos. En cambio, en cautivero, se utilizan productos petroquímicos para imitar su color original.

El Instituto de Tecnología de la Fundación UADE realizó un estudio que abarcó a más de 100 piezas de salmón de 38 comercios de la Ciudad de Buenos Aires.

¿El resultado? El 66% de los filetes de salmón rosado -todos importados desde Chile- contenía restos de flumequina y clorhidrato de oxitetraciclina, dos medicamentos que podrían ser dañinos para nuestra salud.

Pero la salmonicultura no solo tiene efectos negativos en la salud. Además, es altamente nociva para el medio ambiente: no solo propaga nuevas enfermedades entre las especies marinas, sino que también aumenta la acumulación de residuos en el suelo marino, generando exceso de nutrientes y baja cantidad de oxígeno en el mar.

[Lee más: A contracorriente: la Argentina le abre la puerta a la producción de salmón]

¿Qué pasa en el mundo?

El estado de Washington, en Estados Unidos -el mayor productor de salmón del país- ha puesto fin a la salmonicultura y, en Suecia, se ha prohibido el consumo de salmón de cautiverio en algunas escuelas.

En el caso de nuestro país, los ciudadanos de Tierra del Fuego, le reclaman a sus autoridades prohibir la instalación de la salmonicultura en su provincia a través de una ley que ya ha ingresado a la Legislatura.

Una de las principales razones son los impactos irreversibles en el ambiente y ecosistemas que podría generar la industria al Canal Beagle, perjudicando a otras actividades como el turismo, de la que hoy depende el 50% de la población de Ushuaia.

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