Días complicados también para el Danubio: en Budapest, el nivel del agua del segundo río más largo de Europa cayó a sólo 8 centímetros del mínimo histórico registrado en 2018, lo que obligó a detenerse a varios cruceros y puso de rodillas a una parte importante del turismo fluvial.
Las imágenes de grandes embarcaciones varadas a lo largo del río cuentan una realidad que ahora se repite cada vez más: veranos marcados por calor extremo, sequía y vías fluviales que luchan por mantener niveles suficientes para la navegación.
Según datos de la Autoridad Húngara del Agua, el nivel de El Danubio en la capital ha caído al límite de la navegabilidad. Si se confirman las previsiones, la situación debería mejorar ya la próxima semana, pero la emergencia de los últimos días sigue dejando huellas.
El turismo se ve especialmente afectado. La empresa húngara MAHART-PassShipque opera numerosas conexiones en el río, explicó que varios cruceros internacionales quedaron varados en los puertos al no poder continuar su viaje. Se han suspendido las excursiones a ciudades al norte de Budapest y, sólo en julio, las reservas han disminuido 18% por cancelaciones.
Cada año hay aprox. 600 mil pasajeros que eligen un crucero por el Danubio en Hungría, un sector que en los últimos años se ha convertido en uno de los pilares de la economía turística del país. Por este motivo, el bloqueo de la navegación no sólo representa un inconveniente para los viajeros, sino que repercute en hoteles, restaurantes, guías turísticas y comercios locales. Incluso la empresa Canales de Avalon anunció la cancelación de algunos viajes programados tanto en el Danubio como en el Rin, que también sufre niveles de agua inusualmente bajos.
Para los operadores del sector, estos ya no son incidentes aislados. El progresivo descenso del nivel de los grandes ríos europeos se considera hoy una tendencia a la que navieras y puertos se ven obligados a hacer frente, adaptando rutas y servicios a condiciones cada vez más impredecibles.
Y quizás este sea el punto: las noticias sobre el Danubio no son sólo noticias relacionadas con el turismo. Es otro recordatorio más de cuánto está cambiando la crisis climática el rostro de Europa, incluso lejos de los glaciares y las costas. Cuando un gran río como el Danubio toca sus mínimos históricos e interrumpe una de sus funciones más antiguas, la de conectar personas, ciudades y economías, significa que no nos enfrentamos a un simple inconveniente estacional, sino que los efectos del calentamiento global se están convirtiendo en parte de la vida cotidiana, impactando el trabajo, el transporte e incluso la forma en que viajamos.