Más que preparar el camino hacia la COP31, las negociaciones intermedias sobre el clima en Bonn han fotografiado el estado del multilateralismo climático en 2026: un sistema que continúa generando diálogo y compromisos, pero que lucha cada vez más por transformar los compromisos en decisiones operativas.
Las dos semanas de trabajo sobre el SB64, concluidas el 18 de junio en Alemania, deberían haber consolidado los acuerdos alcanzados en la COP30 en Belém. En cambio, la discusión se estancó en los temas más delicados: Financiamiento climático, adaptación e implementación de compromisos ya asumidos.. Lo que llama la atención no sólo es la ausencia de resultados decisivos, sino el clima político que acompañó las negociaciones.
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La política entra en las salas de negociación
Según la Red Italiana por el Clima, presente en Bonn con su propia delegación, las sesiones intermedias mostraron una fuerte politización del debate. “Las salas de negociación han estado muy politizadas”, observa la organización, destacando cómo las divisiones geopolíticas se encuentran en la mayoría de los expedientes en discusión. El resultado fue un estancamiento casi permanente entre los países desarrollados y los países en desarrollo. Los primeros acusados de querer diluir la discusión sobre compromisos financieros; estos últimos se concentraron en defender posiciones consideradas esenciales para garantizar la equidad y el apoyo económico a la transición. La cuestión central sigue siendo la de los recursos. En Bonn no fue posible salir del estancamiento en la financiación para la adaptación climática. Sin embargo, es precisamente aquí donde se mide la credibilidad de la negociación. Sin financiación, los objetivos climáticos siguen siendo declaraciones de principios.
El único signo positivo
La excepción proviene de la tabla de Transición justaconsiderado por la Red Italiana del Clima «el único capaz de lograr avances concretos» durante las dos semanas de trabajo. Se ha avanzado en el Mecanismo de Transición Justa, el instrumento que debe acompañar a trabajadores y territorios en la transformación energética. Un avance importante, pero aún preliminar y lejos de ser plenamente operativo. El Secretario Ejecutivo de la CMNUCC, Simón Stiellseñaló este expediente como uno de los pocos logros concretos de Bonn, afirmando que “se han dado pasos importantes para transformar la promesa del mecanismo de transición justa en realidad”.
La llamada de Stiell
Sin embargo, la declaración final de Stiell contiene sobre todo una advertencia política. El jefe climático de la ONU reconoció que “aún persisten divisiones importantes” y que “queda trabajo importante por hacer” antes de la COP31. Aún más significativas son las críticas dirigidas a las delegaciones que continúan subordinando sus compromisos a los de otros países. En las negociaciones, dijo, Ha habido una tendencia de “tú primero”, con grupos que se niegan a proceder “a menos que otros den el primer paso”.. Una actitud que, según Stiell, representa «la receta para un punto muerto». El secretario de la ONU también recordó que ya no es momento de cuestionar los acuerdos existentes: «No podemos darnos el lujo de reabrir decisiones anteriores, renegociar objetivos existentes o dar pasos hacia atrás».
La prueba de Antalya
Por tanto, de Bonn se desprende una clara contradicción. La comunidad internacional sigue reconociendo la centralidad del límite de 1,5 grados fijado por el Acuerdo de París, pero avanza a una velocidad que parece incompatible con la de la crisis climática. La COP31 en Antalya será convocada para cerrar esta brecha demostrando que los compromisos ya asumidos en materia de adaptación, financiación y reducción de emisiones pueden convertirse en herramientas concretas para su implementación.