Los bosques podrían resultar menos eficaces de lo que se pensaba para combatir la crisis climática. Así lo sugiere una nueva investigación publicada por la Universidad de Columbia, según la cual muchos árboles continúan absorbiendo dióxido de carbono a través de la fotosíntesis incluso cuando ya han dejado de crecer. Un detalle que podría parecer marginal, pero que en realidad cambia radicalmente la forma en que estimamos la capacidad de los bosques para almacenar carbono a largo plazo.
Durante años, los científicos han creído que el aumento de concentración de CO₂ en la atmósfera puede promover la fotosíntesis y, en consecuencia, acelerar el crecimiento de los árboles. Más crecimiento significa más madera y, por tanto, más carbono atrapado durante décadas o incluso siglos dentro de troncos, ramas y raíces. Sin embargo, el nuevo estudio muestra que el vínculo entre la fotosíntesis y el crecimiento es mucho menos directo de lo que se pensaba anteriormente.
El equipo liderado por el ecoclimatólogo Mukund Palat Rao de la Escuela Climática de Columbia analizada robles distribuidos en 137 sitios en el este de los Estados Unidos y California. Para ello, combinó imágenes de satélite capaces de detectar actividad fotosintética, mediciones continuas de CO₂ en la copa y sensores aplicados a los troncos para monitorear el crecimiento de los árboles en tiempo real.
Los resultados revelaron una sorprendente desconexión entre la absorción de carbono y el crecimiento de la madera. En los robles del este de Estados Unidos, por ejemplo, el crecimiento se concentra entre mayo y julio, mientras que la fotosíntesis continúa hasta octubre. En la práctica, aproximadamente El 36% del carbono asimilado anualmente se captura cuando el árbol ya ha dejado de crecer su propia biomasa leñosa. En California, el fenómeno es similar: alrededor del 26% de la absorción anual de carbono ocurre después de que se detiene el crecimiento.
¿A dónde va el carbono absorbido?
La cuestión crucial es precisamente ésta. Si no se transforma en madera nueva, el carbono captado mediante la fotosíntesis puede utilizarse para la producción de hojas, raíces y frutos, almacenarse temporalmente en forma de almidones o utilizarse en los procesos metabólicos necesarios para la supervivencia de la planta. Algunos incluso pueden liberarse en el suelo para alimentar a las comunidades microbianas que viven alrededor de las raíces.
El problema es que estas formas de almacenamiento son generalmente mucho más temporales que el carbono contenido en la madera. Mientras que un tronco puede retener carbono durante décadas o siglos, las hojas y otros tejidos vegetales se vuelven a descomponer rápidamente.Liberando parte del CO₂ acumulado a la atmósfera..
Según los autores, el fenómeno está estrechamente relacionado con las condiciones climáticas. A medida que aumentan las temperaturas y el agua escasea, los árboles pierden la presión interna necesaria para expandir sus tejidos y producir madera nueva. El crecimiento se detiene casi de inmediato, mientras que la fotosíntesis puede continuar durante semanas o meses, aunque a un ritmo reducido.
Un aspecto especialmente preocupante es el hecho de que esta separación entre fotosíntesis y crecimiento fue más marcada en años caracterizados por fuertes oscilaciones entre períodos muy húmedos y períodos muy secos. Precisamente esas condiciones extremas que, según las previsiones climáticas, serán cada vez más frecuentes en las próximas décadas.
¿Qué cambios para el clima?
Las implicaciones están lejos de ser insignificantes. Muchos modelos climáticos utilizados hoy suponen que un aumento en la fotosíntesis resulta automáticamente en un mayor crecimiento de los árboles y, por lo tanto, en una mayor capacidad de los bosques para secuestrar carbono.
Este estudio sugiere en cambio que Es posible que una parte importante del CO₂ absorbido no acabe en la madera y, por tanto, no contribuya al almacenamiento a largo plazo.. Si el fenómeno se confirma también en otras especies forestales y otros ecosistemas, será necesario revisar hacia abajo el papel de los bosques como aliados naturales en la mitigación del cambio climático.
Los bosques siguen siendo fundamentales para la salud del planeta, pero las investigaciones nos recuerdan que no pueden considerarse una solución infinita o suficiente por sí solos. Proteger los bosques es esencial, pero reducir drásticamente las emisiones de combustibles fósiles sigue siendo la estrategia más eficaz para limitar el calentamiento global.