España acaba de cruzar una frontera simbólica en su transición energética. Por primera vez, la electricidad generada con energía solar ha superado a la producida con gas durante un mes completo, un cambio que hace apenas unos años parecía lejano. En mayo de 2024, la solar se convirtió por primera vez en la principal fuente eléctrica del país y produjo más electricidad que las centrales de gas, carbón y fuel juntas.
El sol ya no es una fuente secundaria
Durante mucho tiempo, la energía solar fue vista como un apoyo al sistema eléctrico, útil en días despejados, pero incapaz de competir con las grandes tecnologías tradicionales. Ese escenario ha cambiado con rapidez.
La instalación masiva de parques fotovoltaicos, el aumento del autoconsumo y la caída de costes han convertido la solar en una pieza central del sistema eléctrico español. Ya no se trata de una energía de futuro. Es una energía que está desplazando producción fósil en el presente.
El gas, que durante años funcionó como respaldo clave, especialmente en los momentos de alta demanda o baja producción renovable, empieza a perder protagonismo en los meses con fuerte radiación solar.
Un cambio con impacto económico
El avance de la solar no solo modifica el origen de la electricidad. También puede influir en el precio del mercado mayorista durante las horas centrales del día, cuando la producción fotovoltaica es más abundante.
Esto explica por qué cada vez se habla más del reto de almacenar energía. España ya puede producir enormes cantidades de electricidad solar cuando hay sol. El siguiente paso será aprovechar mejor ese excedente cuando la demanda cambia o cuando cae la noche.
Sin baterías, bombeo hidráulico y redes más flexibles, parte del potencial solar puede desperdiciarse o provocar tensiones en el sistema.
El gas no desaparece, pero cambia de papel
El dato no significa que España pueda prescindir completamente del gas. Las centrales de ciclo combinado siguen siendo importantes para garantizar suministro cuando no hay suficiente viento, sol o agua embalsada.
Pero su función se está transformando. De fuente habitual de generación, el gas pasa cada vez más a actuar como respaldo. Esa diferencia es clave: cuanto más tiempo funcione como apoyo y no como base del sistema, menor será la dependencia energética y menor el peso de los combustibles fósiles.
España entra en otra etapa
El hito confirma una tendencia más amplia: las renovables ya no son una promesa ambiental, sino una realidad industrial y económica. En 2024, las renovables alcanzaron un récord al generar alrededor del 56% de la electricidad española, con la eólica como primera fuente anual y la solar creciendo con fuerza.
España tiene ahora una ventaja evidente: mucho sol, suelo disponible, experiencia técnica y una posición estratégica en Europa.
La pregunta ya no es si la solar puede competir con el gas. La pregunta es cómo adaptar el sistema eléctrico a un país donde, cada vez más meses al año, el sol manda.