Una pequeña ciudad de California acaba de enviar una señal que provocará un debate mucho más allá de sus fronteras. los residentes de Parque Monterreyen el área metropolitana de Los Ángeles, votó en masa por prohibir permanentemente la construcción de nuevos centros de datos en su territorioconvirtiéndose en el primero en Estados Unidos en introducir una prohibición mediante un referéndum popular.
Según resultados preliminares, más 86% de los votantes se pronunciaron a favor de la prohibición. Un margen abrumador que deja pocas dudas sobre la voluntad de la comunidad local.
La medida llega en un momento en que la rápida expansión de la inteligencia artificial está impulsando una carrera por construir infraestructuras digitales masivas. Sin embargo, los centros de datos, esenciales para procesar y almacenar las inmensas cantidades de datos que requiere la IA, están cada vez más en el centro de la controversia debido a su enorme consumo de energía y agua.
La movilización nació en respuesta a un proyecto impulsado por la empresa inversora HMC StratCap, que quería construir un gran centro de datos de casi 23 mil metros cuadrados en Monterey Park. Muchos residentes han expresado su preocupación por posibles impactos ambientales, el aumento de los costos de los servicios públicos y la proximidad de la planta a los hogares, y ya en abril el ayuntamiento aprobó una moratoria indefinida sobre los centros de datos. Con el referéndumSin embargo, la prohibición adquiere un peso mucho mayor: sólo puede revocarse mediante una nueva votación popular.
@Melissa Michelson
La pregunta formulada a los votantes fue explícita: prohibir los centros de datos para proteger la calidad del aire, los recursos hídricos y la salud pública, evitando al mismo tiempo posibles repercusiones en los precios del agua y la electricidad.
Este resultado demuestra sin lugar a dudas que los residentes de Monterey Park no quieren centros de datos en su comunidad, dice José Sánchez, concejal de la ciudad y uno de los iniciadores de la iniciativa.
El caso de Monterey Park no es un caso aislado. En Estados Unidos crece el descontento con estas estructuras, consideradas por muchos como el símbolo oculto de la revolución de la inteligencia artificial. Según una encuesta reciente de Gallup, siete de cada diez estadounidenses dicen que se oponen a la construcción de centros de datos de IA en sus comunidades.
En los últimos meses, varias ciudades han aprobado moratorias temporales o están considerando restricciones. En Wisconsin, por ejemplo, los votantes ganaron el derecho a expresarse antes de que se otorgaran incentivos fiscales a los constructores de centros de datos. Ya están previstas nuevas consultas populares en Michigan y otras zonas del país.
El coste oculto de la inteligencia artificial
Detrás de los chatbots, los generadores de imágenes y los servicios digitales cada vez más sofisticados se esconde una red de infraestructuras que consumen mucha energía y que requieren enormes cantidades de electricidad para alimentar servidores y sistemas de refrigeración. Según numerosos estudios, el crecimiento de la IA podría aumentar significativamente las necesidades energéticas globales en los próximos años, lo que plantea interrogantes sobre la sostenibilidad ambiental de este modelo de desarrollo.
Precisamente por esta razón, el debate sobre los centros de datos está pasando rápidamente de una cuestión técnica a una cuestión política y social.
Por un lado, empresas y asociaciones sectoriales afirman que estas estructuras aportan inversiones, empleo cualificado y nuevos ingresos fiscales. Por otro lado, ciudadanos y grupos ecologistas piden mayores garantías sobre el consumo de recursos, los impactos climáticos y la calidad de vida.
En Monterey Park, el mensaje de los votantes fue claro: el futuro digital no se puede construir sin el consentimiento de las comunidades que tendrán que vivir con su infraestructura.